El problema real

La contingencia de estas últimas semanas en Chile ha estado tomada por dos grandes temas, por un lado la lucha feminista por la generación de un cambio cultural en torno al trato hacia la mujer y con ello erradicar los millones de abusos. Y la crisis en la iglesia católica con la renuncia, (con el eufemismo de “poner el cargo a disposición”), de todos los obispos chilenos frente al papa. ¿Qué tienen en común estos temas? Todos demuestran la imperiosa necesidad de que los principios, contenidos, y leyes del evangelio bíblico vuelvan a nuestra sociedad. El mensaje bíblico, entendido por toda la verdad de Dios para la humanidad se sustenta en la necesidad que tiene el hombre de ser rescatado del peor estado espiritual en un alma puede estar: muerto espiritualmente, enemigo de Dios, separado, en tinieblas; los conceptos son muchos, pero todos apuntan exactamente a lo mismo. El hombre está completamente separado de Dios desde su nacimiento.

Su moralidad torcida atenta contra la ley de Dios desde el principio y carece en sí mismo de la capacidad de poder ser librado de esa condición, si no es por una intervención sobrenatural del mismo Dios al que se ofende. El hombre en sí mismo no tiene esperanza. ¿Qué hace que un hombre de 50 años sienta placer obligando y manipulando a un niño de 12 a tener relaciones sexuales con él? O, ¿qué hace que un hombre sienta placer, obligando a una mujer a tener sexo con él, sabiendo que ella sólo sufrirá mientras él se satisface? En ambos existe un factor común. El hombre está separado de Dios y por consecuencia su moralidad está torcida, su corazón está podrido. No importa la educación, no importa la religión ni la condición económica.

Si el hombre se concentra en sí mismo, de él no sale nada bueno. Aunque desde la moral humana esto sea aceptable (como por siglos fue la pedofilia, ya que fue el mismo cristianismo antiguo que la condenó). Desde la vara de medida de Dios esto es deleznable y requiere ser sancionado.

La religión, esta idea forzosa de cambiar al hombre por medio de prácticas, rituales, oraciones, no tienen en sí mismo la capacidad de cambiar el interior del ser humano. Las muestras con la crisis católica lo evidencian de manera irrefutable. Sólo el evangelio bíblico puede cambiar el corazón interior del ser humano, sólo él evangelio bíblico puede hacer que un ser de una moral torcida pueda volverse a una condición alineada con la santidad de Dios, eso, ….. eso resolvería todos los problemas.

Por: Víctor Bascuñán,
Ministro del Evangelio
victor@graciaycruz.cl

Esta columna es presentada por FPPE (Fundación para la Predicación del Evangelio) con el objetivo de exponer el evangelio de Cristo a una sociedad en crisis.