Madre denuncia a colegio puconino por caso de bullying en contra de su hija

Causa que implica a Escuela Nuestra Señora de Fátima será revisada en la suprintendencia de Educación. El crudo testimonio de la progenitora indica que los supuestos abusos partieron en el pre-kinder.

Por Rodrigo Vergara

La palabra atemoriza en verdad: “bullying”. Sobre todo, en las últimas semanas con la tragedia que terminó con la menor fallecida Kathy Winter del colegio Nido de Águilas en Santiago. La joven se suicidó en una cafetería capitalina y días después, los propios padres confirmarían que la niña fue víctima de acoso escolar. Pero el tema pareciera ser más cercano que lo que muestran los noticiarios de la TV. Al menos así queda demostrado con un caso al que tuvo acceso La Voz…. Se trata de una pequeña de seis años que acusa agresiones ocurridas en el colegio donde estudia. Y es la mamá de la niña, quien se atreve a hacer público el caso. Se aclara que el nombre de la madre y de la niña fueron cambiados para proteger a la pequeña. La progenitora será identificada como Camila y la menor como Javiera. Ambas son puconinas de nacimiento y Javiera asiste a la Escuela Fátima.

“Esto es un tema que viene de antes. En pre-kinder (el año 2016) ella entró súper bien, pero de repente empezó con problemas. Con un comportamiento extraño de que no quería ir a la escuela. Nosotros pensamos que era normal y misteriosamente después llegó herida. Ella esperó que yo llegara. No dejó que nadie la tocara. Al revisarla descubro que ella tiene heridas en la espalda producto de que una compañera le tiró una silla. Fui a hablar con la tía y la educadora. Me dice que lo van a arreglar en la sala y que no me preocupe”, cuenta la madre.

La mujer sigue con su relato y explica que permanentemente la menor le señalaba que la molestaban o que le pegaban. “Como yo soy profesora, entiendo también que los niños se molestan. Es como normal. El año pasado entró súper bien de nuevo, pero al tiempo comenzaron los problemas nuevamente. Traté de cambiarla a mitad de semestre, pero no había cupo en ningún colegio”, recuerda y agrega que, incluso, ese año le cortaron un mechón de cabello: “Me dijeron que lo iban a arreglar en sala y lo dejé pasar, pero la niña terminó bien el año. Incluso le entregaron diplomas. Estuvo muy bien”.

Según la mamá, ella no quiso cambiar a la menor al final de 2017 porque tiene cercanos en el colegio, principalmente, familiares. Por lo mismo, la menor se mantuvo en el primer año básico, pero ya la segunda semana de marzo de este año los problemas comenzaron nuevamente: “Ella cae, supuestamente, y una compañera la golpea en la cara. ¿Qué produce esto? Se le reventó la nariz con sangre. Entonces en ese momento fui de nuevo al colegio y me dicen que tuvo un accidente”.

Pero lo más grave, según el relato, vendría a principios de abril. “Me llaman y me dicen ‘mamá de Javiera, tengo que informarle que su hija cayó, pero de la altura de la silla’. Supuestamente ella había caído del primer escalón de la galería (del gimnasio). Me dijeron que tenía un poco hinchado el labio. Yo estaba trabajando. A los cinco minutos me llaman nuevamente del colegio (un cercano que trabaja ahí) y me dice que la niña está mal”, cuenta.

Camila dice que dejó su trabajo de profesora en Villarrica, tomó su auto y se fue lo más rápido que pudo hasta el colegio: “Llegué y la veo totalmente desfigurada. No tenía cara prácticamente (por la hinchazón). El colegio, en ese momento, no hizo el protocolo de seguridad que es que la vea una enfermera del colegio y enviarla al hospital con un encargado y de ahí llamar al apoderado para que en el hospital se haga el cambio de persona a cargo. No la llevaron al hospital, la tuvo que ir a buscar el abuelo. Y fue él quien la llevó al hospital de donde la derivaron a Villarrica a donde hubo que llevarla urgente. El diagnóstico fue traumatismo y policontusa. Además, tuvo pérdida de piezas dentales”.

En rigor, el informe del hospital, al que tuvo acceso este medio señala textualmente en el área asignada a las observaciones médicas: “Paciente acude posterior a caída de escaleras en colegio. Se evidencia aumento de volumen en labio superior con hematoma y pérdida de incisivo superior derecho”. El documento (imagen secundaria de esta nota) lo firma la doctora Daniela Isabel Dintinosante.

“Lo que me dijeron que no tenía nada y que estaba bien. Era mentira”, comenta la progenitora.

Camila relata que, al ir a pedir explicaciones al día siguiente del supuesto accidente, le señalaron en el colegio que la menor cayó desde la galería mientras jugaba: “Hablé también con el director y él me dice que no tenía idea del accidente, que nadie le había informado, pero que derivaría el caso a la encargada de convivencia escolar”.

Pero, según Camila, la niña no comenzó a dar luces de lo sucedido hasta una semana después del hecho. “Lloraba, pero no nos decía nada. Pasaron los días y nosotros seguíamos con la sensación de que algo más había pasado porque Javiera se estaba recuperando, pero a la vez nos decía que no quería ir al colegio. Me decía ‘mamá me molestan’, ‘mamá, me pegan’; ‘mamá, no quiero ir más a la escuela’”, recuerda.

El tema fue más claro para la madre cuando en una actividad en la que los alumnos compartieron con los apoderados, fue ella misma, según relata, que encontró a otra menor agrediendo a Javiera: “Pillo a la niña que la tenía arrinconada en la galería donde ella cayó. Eran insultos de grueso calibre. Eso yo lo vi y lo escuché. Nadie me puede decir a mí que no lo vi. Lo único que hice fue sacar a Javiera de ahí. Me contuve”. Eso fue un viernes.

El lunes siguiente Camila cuenta que fue al colegio a pedir explicaciones, ya que, en el intertanto, la menor contó que en realidad, el día de la caída desde la galería, fue empujada por la misma niña que la insultaba: “Ella llorando contó que la misma niña la golpeaba, la empujó de las galerías y que le había cortado el pelo el año anterior”.

La madre explica que le solicitaron hacer una carta, la que entregó el mismo día. A las pocas horas recibió un llamado de la asistente social del establecimiento para que fuera. Le explicaron que el caso sería ingresado al protocolo de convivencia escolar y que le comunicarían lo más pronto posible los resultados. “Pasando la semana, el 23 de mayo voy a la reunión con la asistente nuevamente y ella me dice que tiene la versión de mi hija en un lado y la de la otra niña en el otro. Me dice que Javiera le reiteró que fue golpeada y que la otra niña lo negó”. En definitiva, fue palabra contra palabra. Y según, Camila, el caso quedó ahí. No se hizo nada más.

“Me dice que no se puede hacer nada. Y que lo único que se hizo fue que les recomendaron a los padres de la otra niña que lo comentaran en la casa y que se haría una actividad con el curso”, explica la mujer.

Independiente de la situación escolar de la supuesta menor agresora, el problema de Camila pasa porque no hubo ningún tipo de reparación o tratamiento psicológico más profundo para su hija y para la otra menor también: “Por lo menos debió haber una derivación a un psicólogo o a un terapeuta donde la niña (supuesta agresora) vea los niveles de agresividad. Y con mi hija tampoco hicieron nada. También debieron derivarla al psicólogo para ver qué fue lo que le pasó y sus efectos”.

La posibilidad de cambiar de curso a Javiera es una solución que Camila también explora, pero debe iniciar una gestión formal administrativa: “A ellos no les nace hacer una gestión para protegerla”.

 

Denuncia en la superintendencia
Camila cuenta que el pasado 25 de mayo ingresó una denuncia a la Superintendencia de Educación por, lo que considera, el tratamiento inadecuado que el colegio le dio al caso. En el documento de respaldo de esa acción, al que tuvo acceso este medio, se lee, entre otras acusaciones de parte de la mamá: “El colegio activa el protocolo, dando como respuesta que solamente se realizará lo mínimo a pesar de la gravedad de la situación”.

El comprobante de la denuncia también trae un apartado marcado como “declaración de veracidad”. Es éste se señala que la denunciante asume todas las responsabilidades ante eventuales falsedades en las que pudiese incurrir.

Si bien en la superintendencia no hablan de casos específicos, sí el jefe de dicha división, Sebastián Izquierdo, hizo llegar a este medio sus opiniones sobre el fenómeno y también entregó recomendaciones en caso de ser víctima.

“Observamos que el aumento de las denuncias se debe a que el tema del maltrato entre estudiantes se está visibilizando cada día más en el sistema educativo. Además, los padres y apoderados están conscientes de que la convivencia escolar y el buen trato son necesarios para lograr un buen proceso de enseñanza-aprendizaje en los niños y niñas”, señaló el superintendente, quien añadió que la mayor parte de los casos se da en la sala de clases: “Este es un dato relevante a la hora de implementar políticas de prevención, las que debieran incorporar el desarrollo de herramientas de resolución pacíficas de conflictos, donde el rol del espectador es clave”.

Izquierdo, también, hizo recomendaciones para los colegios: “La recomendación que hacemos como superintendencia de Educación es a estar atentos a los primeros reclamos, solicitudes de ayuda o manifestaciones de acoso escolar, para intervenir oportunamente. Además, es fundamental para abordar de la mejor manera estos temas, mantener actualizados y vigentes los protocolos de actuación, los que deben ser conocidos por toda la comunidad educativa”.

Las cifras de acoso escolar indican que en el país las denuncias han aumentado desde un 18% en 2014 a un 23% en 2017. En la región, en tanto, el año 2017 se registraron 92 casos de denuncias de maltrato físico y psicológico. Y en lo que va del año, se marcan en 13 las denuncias.

La Voz… contactó a la dirección del colegio cuestionado, pero señalaron que no se referirían públicamente al caso y que sólo se remitirían al protocolo establecido.