El escándalo de abusos sexuales de un sacerdote que golpeó a Pucón y que nadie investigó

El padre Damián Heredia fue acusado en la primera mitad de los ’80 por un grupo de adolescentes, pero el caso se diluyó y el religioso terminó siendo trasladado a Ovalle, donde Murió. El ahora senador Francisco Huenchumilla lo defendió como abogado en alguna instancia.

Por Rodrigo Vergara

Es probablemente una de las historias más obscuras de los últimos 40 años en Pucón. Y pese a que ocurrió en la primera mitad de los años 80, es altamente posible que los efectos todavía marquen a algunos puconinos. Se trata de la denuncia por abusos sexuales a menores realizada en contra del sacerdote católico Damián Heredia Carrasco. El hecho, por cierto, impactó a la pequeña comunidad local que se dividió, como casi siempre se acostumbra, entre quienes apoyaban al religioso y quienes pedían justicia. Pero la justicia nunca llegó. Por el contrario, la solución pasó por sacar al sacerdote de la ciudad y enviarlo hacia el norte. ¿Y de los denunciantes? No mucho. De hecho, no hubo mayor preocupación, según relatan los que vivieron más de cerca la historia.

Pero para entender el contexto del tema, es necesario hacer un ejercicio mental y describir, en parte, la idiosincrasia de un pueblo pequeño y demasiado alejado del bullicio capitalino y los problemas que, por esos años, golpeaban cruelmente al país. Pucón estaba lejos de ser la ciudad cosmopolita que es hoy. Era un pueblo donde la mayor parte de la vida social y comunitaria se daba por los bailes y fiestas que se hacían, de tarde en tarde, en el cuartel de Bomberos y las actividades de la parroquia Santa Cruz. Es ahí donde el trabajo se acrecentó con la llegada del sacerdote diocesano, Damián Heredia Carrasco. Quienes recuerdan al religioso lo describen como un hombre muy carismático y con mucha llegada con la gente, principalmente, con los más jóvenes.

Y fue en éstos en los que Heredia apuntó, principalmente, su labor. Las agrupaciones juveniles de la parroquia crecieron en número y las misas de los jueves, especialmente dedicada a los jóvenes, se hicieron cada vez más populares y masivas. Y algunos fueron un poco más allá, ya que se trasladaron a vivir a la casa parroquial junto a Heredia. De acuerdo con algunos testimonios, el sacerdote mostraba mayor interés en aquellos que tenían más problemas en sus casas y se mostraban rebeldes. Pero la primera llamada de alerta fue a principios de 1984. Al menos así quedó establecido en una nota publicada por el diario El Mercurio el 11 de febrero de 1984. En ella se lee, textual: “La Corte de Apelaciones de esta ciudad (Temuco) acogió un recurso de amparo en favor del religioso Damián Heredia y dejó sin efecto la encargatoria de reo dictada por el magistrado del Juzgado del Crimen de Villarrica (del cual dependía Pucón)”.

Sobre la causa de la acción penal, el periódico fue escueto. Demasiado. Sólo se lee que había sido acusado por “apoderados del liceo donde se desempeñaba como rector”. En ese tiempo el cura párroco estaba a cargo de la dirección espiritual de los dos colegios católicos de Pucón: la Escuela Fátima y el Liceo Pablo Sexto. La pequeña nota de El Mercurio termina con que el abogado que defendió al religioso era Francisco

Huenchumilla.

Consultado el actual senador Huenchumilla sobre este tema, respondió que, si bien se acordaba del sacerdote, no se recordaba del fondo del tema. Asegura que Heredia llegó como un cliente más a su oficina y que a él sólo le correspondió alegar el recurso de amparo en la Corte y que, finalmente, logró el crédito de los ministros.

Quien sí tiene más claro el tema es el abogado puconino Adolfo Armanet. “En rigor eso fue la denuncia de un solo niño y quedó en nada en tribunales”, recuerda el abogado Armanet, quien agrega: “El problema fue que dos años después explotaron los otros casos”.
Armanet es parte relevante de la historia porque, aparte de ser el único que accedió a hablar públicamente del tema, le tocó representar a algunas de las víctimas. Y aún mantiene los recuerdos vivos de lo que sucedió hace casi 32 años.

“Yo fui el que tomó el toro por las astas, porque había que tomar una determinación en aquel entonces respecto de esta situación atroz que estábamos viviendo todos los puconinos que éramos un grupo pequeño de aquel entonces. Sobre todo, viéndolo desde el punto de vista de los bomberos donde yo era superintendente y en esa perspectiva yo tenía una visión bastante pareja de todo lo que era el pueblo y todos éramos conocidos. No había nadie que no se conociera. Era un pueblito muy pequeño”, recuerda el profesional.

Y Armanet explica que fue en el contexto de los bomberos que supo de la situación cuando uno de los voluntarios (se omitirán los nombres) le cuenta en medio de lágrimas la situación que vivía con uno de sus hijos: “Ahí comencé a investigar y me encontré que había un ‘pastel’ bastante jugoso respecto de la conducta de este cura”. El abogado señala que eran, según recuerda, cinco o seis víctimas directas.

De acuerdo con testimonio que relata Armanet, la intención de denunciar nuevamente al sacerdote estuvo. Y de hecho se reunió con el juez del crimen de Villarrica, Ignacio Rau Alliende y, según él, invitaron al ex obispo a cargo, en aquellos años, de la diócesis de Villarrica, Sixto Parzinger. “Todo esto derivó en una reunión tripartita entre el juez, yo y el obispo de La Araucanía, el señor Parzinger. Y don Sixto tomó la determinación, a petición mía, en el sentido de que nosotros actuaríamos legalmente contra el cura o en 24 horas sino estaba fuera, lo cual fue lo que se hizo”, sostiene Armenet.

Y efectivamente, quienes vivieron esa época en la parroquia recuerdan que el sacerdote Heredia se fue de Pucón de un día para otro. No hubo las acostumbradas despedidas ni nada de ceremonias. Simplemente desapareció.

Pero las víctimas quedaron y, por cierto, ni la iglesia o algún otro órgano, se preocupó de ellas. “Las víctimas no recibieron absolutamente nada. Las víctimas, hasta el día de hoy que yo los veo a algunos de ellos caminar hasta el día de hoy por la calle. Yo no sé cómo, ni de qué forma habrán superado todo este trauma que significan estas agresiones sexuales”, comenta Armanet.

Sobre el por qué esta salida rápida y no caminar por el lado legal, el abogado responde: “En ese tiempo no existía esta situación en la que los curas fueran causantes de abusos. No se sabían esas cosas. Eran cosas como de ‘ultra tumba’ que se escuchaban sobre que ‘alguna vez…’ o ‘algún curita…’; pero resulta que aquí lo teníamos en vivo y en directo y el juez del crimen no quiso tomar la determinación porque consideró que era más efectivo que se expulsara de aquí. Solucionamos el problema, sacamos al cura y nos quedamos con los chicos acá”.

Armanet reconoce que el punto débil de esta “solución rápida” fueron las víctimas: “Es gente que quedó marcada para toda la vida”.

Obispo y posibilidad de reparación

El obispo de Villarrica, Francisco Javier Stegmeier, quien viene llegando de Roma, luego de sostener un encuentro con el Papa Francisco junto al resto de los obispos chilenos por los escándalos de abusos en la Iglesia Católica nacional, señala que el único antecedente que posee sobre el tema es el recorte de prensa que se aguarda en los archivos del obispado. En todo caso y luego de los encuentros con el Papa, explica que la posibilidad de una reparación a las víctimas está, aunque los mecanismos no estén aún el todo claro por parte de la jerarquía de la iglesia.

“Es un caso, más que oculto, olvidado. Se ve que fue una situación pública, que está en los diarios y como han pasado tantos años hay cosas que se olvidan. Nunca ha habido pretensión de nadie de ocultar, pero como está esta situación viviéndose en Chile, a veces emergen los recuerdos, y la gente cuenta sin más pretensión que contar”, explica el obispo Stegmeier.

El religioso abrió a este medio el archivo de la hoja de vida de Damián Heredia mientras estuvo en la diócesis de Villarrica y se lee claramente que fue trasladado a La Serena el 1 de julio de 1986.

Sobre una posibilidad de reparación, Francisco Javier Stegmeier sostiene: “Lo que hoy tenemos muy claro es el protocolo que hay que llevar adelante cuando se recibe una denuncia; pero no está claro hoy el modo cómo se repara. Se nos dice que a la víctima hay que ofrecerle ayuda psicológica, espiritual y acompañamiento, pero no está establecido algún tipo de reparación económica. Eso es lo que hay que ver ahora. El Papa ha iniciado un proceso con etapas e hitos y posteriormente vayan sucediéndose medidas y algunas de ellas pueden ir en esta línea sobre cómo se puede generar una reparación”.

Según la hoja de vida del sacerdote Heredia, se tiene que éste falleció el dos de enero de 1992 en Ovalle donde fue sepultado. En esa misma ciudad existe, actualmente, una escuela con el mismo nombre del cuestionado religioso. Consultado el director del establecimiento, Carlos Plaza, sobre si eran la misma persona, y si lo era, si tenían antecedentes de los abusos, éste no pudo dar una respuesta categórica sobre el nombre y aseguró desconocer el caso que conmovió a Pucón y en el que las víctimas fueron olvidadas.