Una consulta ciudadana para La Poza

* Por Nivia Lagos Arriagada

Hace cientos de años el lago Villarrica era habitado en su ribera —siempre entre el generoso bosque “valdiviano o siempre verde” como se tipifica la estepa del abundante recurso arbóreo— por el pueblo mapuche, quienes soberanos y territoriales sobrevivían del consumo de frutos silvestres y de lo que la misma naturaleza les entregaba generosamente. Su pilar fundamental era el Pehuén de ahí pehuenche gente del “pehuén” o Pehuén – Che.

 

A sus integrantes le interesó aprovechar el recurso hídrico del lago Mallolafquén como ellos les llamaron que en su lengua significa “Lago Gredoso”. Su intelecto de sobreviviente les llevó a dar forma desde un tronco viejo, ya sin vida, y transformarla en una rústica canoa. Una embarcación ahuecada en su interior, proceso que requería uso del fuego para crear el espacio necesario. Así, según antiguas leyendas, estos lograron poblar por un tiempo breve, inclusive, la misma Isla Aillaquillen.

El mapuche cuidaba el bosque siempre verde, considerando a los árboles parte de su raza. Hermanos a los cuales veneraban y honraban, siendo el más sagrado para ellos el canelo (árbol ceremonial). Su cosmovisión les obligaba a resguardar el recurso natural hídrico y el entorno. Todos sus componentes les eran aliados. Matices de sabia madre naturaleza acogedora, ya que ellos mismos afirmaban alguna vez fueron peces cuando la tierra estaba inundada de agua. Tomaban de ella lo necesario para sobrevivir sin llegar a abusar ni a dañar el bioma que conformaban.

Pero los nuevos tiempos llegaron a toda máquina. La colonización española entró con fuerza a esclavizarlos, cambiarles e imponerles su cultura foránea y religión. E hizo desaparecer su riqueza idiomática, sepultando, de paso, sus sueños de libertad y conservacionismo.  

Pero ha sido el crecimiento desmedido de este monstruo llamado “modernidad” que ha venido vestido de progreso a destruir  los más bellos y prístinos lugares de nuestra araucanía tan emblemática. El pueblo mapuche sigue peleando por sus bosques y ríos en esta su región, mermados esos si en fuerza y lucha. Estigmatizados por el fuego arrasante de los incendios. La antigua frontera invencible e impenetrable ahora está poblada y repoblada. Herida a muerte porque ya no están los guardianes del Mallolafquén.

En un duro despertar  legalista burocrático, estandarizado, militarizado y extremadamente jerarquizado, pero menos, mucho menos certero, estos guardianes son representados ahora por un organismo estatal que es parte de las Fuerzas Armadas de Chile: La Gobernación Marítima. Este organismo tiene a su cargo las riberas de ríos y las costas nacionales.

 

 

La ley dice :

“Corresponde a la autoridad marítima, dentro de su respectiva jurisdicción aplicar y fiscalizar el cumplimiento de las disposiciones legales y reglamentarias en las actividades deportivas y recreativas náuticas en todo lo relacionado con la navegación, el orden, la seguridad y la disciplina”.

Así también en otro artículo dice:

“Corresponde al Director General resolver toda controversia o reclamación de índole técnica referente a la aplicación de las materias del reglamento. Siendo la Dirección General del Territorio Marítimo y de Marina Mercante el organismo a través del cual el Estado regula y ‘controla’ las actividades deportivas recreativas náuticas del país”.

 

 

Esto es el reglamento general de deportes náuticos del año 1984. Mismo documento que no contempla, como es de imaginar, ni una sola norma o línea que vaya en relación a la protección del medioambiente que es donde se desarrollan estas actividades, ni el impacto de estas en el hábitat acuático.

Un documento que, a la luz de la mente más frágil, ya resulta obsoleto, poco útil y poco atingente al entorno de hoy y a las tendencias medioambientalistas que pretenden volver a la raíz conservacionista que se apodera de las nuevas conciencias lacustres.

La política de la autoridad marítima lacustre es reactiva —post hechos— nunca pre-ventiva. Y el proceso de mitigación es también lento, burocrático y poco efectivo. Falta un ente fiscalizador, investigador y que purgue “ipso facto” cualquier aberración que atente contra la cuenca del lago y aún más allá, del Trancura también.

Ninguna sanción pecuniaria, por más alta que sea, podrá salvaguardar a la Poza del daño colateral de un derrame como el del pasado sábado uno de septiembre. Ni el frágil mecanismo usado tras la mancha contaminante en La Poza aquel día que los marinos llaman “sistema dispersión mecánica” puede remediar el daño ocasionado al medioambiente de Pucón, alertado por el dirigente de sector Aduana, Santiago Aguila, quien prendió la alarma comunal y llamara a las autoridades sobre una gran mancha de combustible se reflejaba en las aguas de La Poza.

Hay una herramienta sumamente eficaz que la municipalidad nunca ha usado para guiarse sobre hacia dónde  van los intereses y las preocupaciones del pueblo y esto es la consulta ciudadana. Tal vez es tiempo de darle uso.

Haciendo un intento de saber si luego del horrible suceso del uno de septiembre, los vecinos seguían apoyando que La Poza se use como lugar de aparcamiento de veleros que funcionan con un sin fin de mecanismos contaminantes para la cuenca; y cuando los cuestionamientos al hecho se hicieron públicos las opiniones en redes sociales fueron unánimes: NO MÁS EMBARCACIONES EN LA POZA.

Bien pudiera el  alcalde Carlos Barra llamar a una consulta ciudadana para  que se escuche el clamor de los miles de puconinos que quieren salvar La Poza.

Los señores residentes dueños y usuarios de uno de los lugares más bellos de Pucón parecen no tener conciencia ecológica. Porque si en verdad amaran ese rincón donde cada tarde muere enrojecido el sol tras lo poco verde que allí queda… silenciosamente y uno a uno, irían guardando sus embarcaciones para dejarnos seguir viviendo la vida en este paraíso que los pehuenche y gente mapuche resguardaron y pelearon por ella casi 500 años sin darse por vencidos.

Tal vez sean las actuales generaciones las que deban tomar la posta de esa lucha ancestral, al escuchar el grito ahogado en combustible de la bella dama lacustre que ha sido descaradamente mancillada a vista y paciencia de todos.

 

* Nivia Lagos Arriagada es comunicadora y dirigente social de Pucón.