Editorial
El todo o nada en educación comunal
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Desde su ingreso a la alcaldía, Sebastián Álvarez anunció una fuerte inversión en educación municipal. No era una decisión cómoda ni evidente. Al contrario, muchos la consideraron temeraria: el calendario nacional establecía que hacia 2028 la administración de los establecimientos educacionales pasaría al control del gobierno central mediante los Servicios Locales de Educación Pública (SLEP). En ese escenario, destinar recursos municipales —siempre escasos— a infraestructura, y gestión educativa podía interpretarse como invertir en “tierra ajena”.
Pucón, además, arrastra múltiples necesidades urgentes: conectividad, seguridad, infraestructura urbana y social. Priorizar la educación en ese contexto parecía una mala lectura de las prioridades locales. Para Álvarez su diagnóstico era claro: los colegios municipales estaban en una crisis profunda, tanto en lo financiero como en la infraestructura y no intervenir significaba perjudicar la educación de los estudiantes de Pucón.
Ese camino se enfrentó con el director del DAEM de la época y optó por una estrategia de choque: invertir cientos de millones de pesos, ordenar las cuentas y avanzar hacia una estabilización financiera que —según lo anunciado— podría permitir llegar a 2026 con déficit cero, algo inédito para las gestiones municipales. Es, hasta ahora, una promesa que deberá sostenerse con hechos y solo lo sabremos al terminar este año.
Pero hoy el escenario cambia. Con un nuevo gobierno y señales claras de una posible postergación del sistema SLEP, se abre una ventana que antes no existía. Si las escuelas de Pucón continúan bajo administración municipal, la inversión realizada deja de verse como un acto imprudente y pasa a ser una apuesta estratégica de largo plazo.
Aún es temprano para dictar sentencia. Pero lo cierto es que, si el traspaso se posterga y los establecimientos de educación comunal logran consolidarse, la decisión del alcalde podría terminar siendo recordada no como una temeridad, sino como una jugada arriesgada que resultó acertada. En política pública, como en la vida, hay apuestas que solo el tiempo puede juzgar. Esta es una de ellas.
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