Opinión
Parquímetros digitales: modernos, pero sin empatía
*Por Verónica Castillo
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Pucón es una comuna turística, pero antes que destino es hogar. Hogar de adultos mayores, trabajadores, comerciantes y familias. Por eso, toda política pública debe pensarse desde la realidad de las personas. La implementación de parquímetros digitales fue presentada como un avance en modernización, y la idea en sí no es negativa; sin embargo, el problema ha sido la forma en que se llevó adelante: sin preparación, sin inducción previa y sin canales de apoyo claros, generando confusión, exclusión y una evidente falta de empatía con vecinos y turistas.
Uno de los principales efectos ha sido la exclusión digital. Muchos adultos mayores y visitantes no saben o no pueden utilizar aplicaciones móviles o tarjetas bancarias, y quienes solo manejan efectivo simplemente no tienen cómo pagar. A esto se suma una accesibilidad limitada, con plataformas poco amigables e instrucciones poco claras. Esta situación se ha visto agravada por la ampliación del perímetro histórico de exclusión de pago, incorporando calles en las que antes no se cobraba por aparcar. Y esto ha dificultado aún más la vida diaria de los vecinos y ha incrementado la sensación de desorden e injusticia.
El impacto no ha sido solo social, sino también económico. Los comerciantes del centro han visto disminuir la afluencia de público por el temor a sanciones, generando tensiones innecesarias entre residentes y turistas. Y un costo mayor (el doble) para nuestros visitantes de lo que se cobra en la vecina Villarrica. Desde la perspectiva de la equidad, además, los beneficios anunciados para adultos mayores, personas con discapacidad y trabajadores locales no se han aplicado como se comprometió. Y esto profundiza el malestar ciudadano.
Si bien el sistema ha significado ingresos importantes para la municipalidad —superando los 77 millones de pesos a la fecha—, es legítimo preguntarse cuál será el costo de la mala experiencia del visitante. ¿Elegirá nuevamente Pucón quien se sintió desorientado, mal tratado, poco acogido o pagando más que en la ciudad vecina? El daño a la imagen turística puede ser mayor que cualquier beneficio económico inmediato. No podemos priorizar la recaudación por sobre el bien común: la municipalidad no es una empresa y quienes ejercemos cargos públicos somos servidores de la comunidad.
Por eso, es urgente implementar correcciones: mantener alternativas de pago en efectivo, volver al antiguo perímetro de exclusión, habilitar puntos de apoyo presencial, establecer canales claros de atención y reclamo, mejorar la señalética, considerar un período de adaptación sin sanciones y asegurar beneficios reales para residentes y personas con movilidad reducida, junto con mayor difusión y transparencia. Modernizar es necesario, pero cuando se ama una comuna se gobierna desde la empatía. Pucón merece proyectos pensados para las personas y para el bien común.

*Verónica Castillo es concejal independiente de Pucón.
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