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Opinión

Pucón: entre “nacidos y criados” y “avecindados”

Publicado

en

*Por Miguel Lepe Mella

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Cuestionarse qué implica ser puconino en la actualidad podría llevar, a primera vista, a una respuesta aparente: quienes nacieron en Pucón, crecieron en sus barrios, poblaciones, en el campo y han construido allí sus lazos familiares y afectivos, difícilmente pondrían en duda su pertenencia. No obstante, el panorama se complica cuando esa identidad trasciende el simple dato de origen para convertirse en una frontera simbólica —entre “los de aquí” y “los que llegaron”—, revelando tensiones mucho más profundas.

Esta diferenciación no surge en el vacío. Responde a una transformación acelerada, donde el antiguo pueblo se convirtió en ciudad sin una planificación que estuviera a la altura de esa nueva escala. El aumento poblacional, la presión del mercado inmobiliario y la consolidación del turismo como motor económico han sometido a una infraestructura que, en muchos aspectos, aún responde a una lógica de menor densidad.

Calles diseñadas para otro flujo, servicios públicos que colapsan en temporada alta y una expansión urbana con regulación débil generan una sensación compartida: el ritmo del crecimiento supera la capacidad institucional para gestionarlo. En este contexto, la identidad puconina tiende a funcionar como un mecanismo de resguardo ante la incertidumbre. No se trata únicamente de un lugar de nacimiento, sino de quién asume —o percibe que asume— los costos del desarrollo. 

El encarecimiento del suelo, la fragmentación social y la pérdida de ciertas prácticas comunitarias son vividos por muchos residentes históricos como consecuencias de un modelo de crecimiento desequilibrado. A este análisis hay que sumar la experiencia de aquellos que, siendo puconinos de origen, debieron marcharse para estudiar o trabajar. Son trayectorias definidas por una movilidad casi obligatoria: migrar para acceder a educación superior o insertarse en mercados laborales más amplios, construyendo a menudo su carrera lejos del territorio natal. Sin embargo, el vínculo no se quiebra. Las redes familiares siguen activas, las visitas son frecuentes y la memoria territorial opera como un anclaje. 

Desde esa doble pertenencia —interna y externa— se logra una perspectiva comparada que permite dimensionar con mayor claridad las brechas en planificación y gestión urbana. Bajo esta perspectiva, el problema no radica en la llegada de nuevos habitantes ni en el dinamismo económico en sí mismo; toda ciudad viva experimenta cambios. El punto crítico reside en la ausencia, o insuficiencia, de una estrategia a mediano y largo plazo que articule crecimiento con sostenibilidad social, regule el suelo y promueva la cohesión.

comunitaria. Cuando el desarrollo se percibe como desordenado o excluyente, la identidad se tensiona y la distinción entre “puconino” y “avecindado” se transforma en un síntoma del conflicto, más que en su causa. En definitiva, ser puconino hoy no puede reducirse a un certificado de nacimiento o a un dato de residencia. Es una relación viva con la zona que involucra memoria, arraigo, red social y participación, pero también una postura crítica frente al rumbo que toma la comuna.

Es pertenecer, pero también interrogarse sobre el tipo de ciudad que se está construyendo. Finalmente, la interrogante de fondo permanece abierta: ¿qué proyecto está dispuesto a impulsar el gobierno local para encauzar estas transformaciones? El desafío es garantizar que el crecimiento de Pucón no continúe profundizando brechas, sino que fortalezca una identidad común capaz de integrar tanto a quienes siempre estuvieron como a quienes han decidido llegar.

  • *Miguel Lepe Mella es Trabajador Social, Diplomado en desarrollo regional y local, Magister en Ciencias Sociales en Estudios Territoriales.

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