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Opinión

App de estacionamientos: más recaudación no significa un mejor sistema

Publicado

en

*Por Cristian Hernández

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En los últimos días la administración municipal ha comunicado con entusiasmo la interpretación de “éxito” el nuevo sistema de estacionamientos de Pucón, implementado a través de la aplicación Simple Park. El principal argumento utilizado es el aumento en la recaudación municipal, presentado eso como una prueba de que el nuevo sistema estaría funcionando mejor que el anterior.

Pero ese razonamiento, planteado con tanta seguridad, merece al menos una revisión básica de sentido común. Porque existe una explicación mucho más simple y bastante menos épica para entender que la recaudación aumentara. Primero: el precio del estacionamiento subió de $25 a $40 por minuto. Segundo: se ampliaron considerablemente las calles donde ahora se cobra.

Cuando se combinan ambas variables, mayor tarifa y mayor superficie de cobro, el resultado lógico es que la recaudación aumente. No se necesita ninguna innovación tecnológica extraordinaria ni una gestión transformadora para que eso ocurra; es simplemente una consecuencia matemática básica.

Por lo mismo, presentar el aumento de ingresos como si fuera una ratificación automática de la aplicación y poco menos que una validación ciudadana por parte de los habitantes de Pucón resulta, como mínimo, una conclusión apresurada. Y en el peor de los casos, una forma bastante conveniente de construir un relato político inexistente y para la galería.

Más aún, cuando la experiencia cotidiana de quienes usan el sistema —residentes y visitantes— cuenta una historia bastante distinta. Reitero un dato básico de la causa, tal cual lo comenté en este mismo medio de comunicación el año pasado, en Pucón se cobra parquímetro hace 27 años de forma interrumpida, lógicamente con sus correcciones, mejoras, aciertos y también sus inevitables fracasos. 

Otro antecedente que no está en discusión es la forma de distribución de los recursos por concepto de parquímetros en sus distintos porcentajes. Con toda humildad, es algo que me encargué personalmente de defender en mis años como concejal y me alegró que se siga extendiendo a nuevas áreas y beneficiarios. 

Es necesario hacer esta aclaración para no confundir a la ciudadanía y seguir poniendo en medio del debate a las instituciones, programas y favorecidos. En algo que pareciera ser una defensa corporativa de la institucionalidad con la empresa de parquímetros. Insisto, ese no es el punto.

Ahora, los problemas radican en visitantes que llegan a Pucón y se encuentran por primera vez con una aplicación obligatoria para estacionar. Personas mayores que simplemente no logran entender cómo usarla. Problemas de conexión, validaciones poco claras, cobros confusos, tratos inapropiados y una sensación permanente de fricción en algo que antes era simple: estacionar el auto.

Algo tan cotidiano como estacionar terminó transformándose en una pequeña carrera de obstáculos digitales. Y en una ciudad turística, ese tipo de detalles no es menor. Pucón vive del turismo, pero también de la calidad de su experiencia urbana. Cada interacción con la ciudad forma parte de esa experiencia. Cuando una ciudad empieza a introducir barreras innecesarias en acciones tan básicas como estacionar, el problema ya no es tecnológico. Es un problema de imposición y de criterio.

La tecnología puede ser una gran herramienta cuando simplifica la vida de las personas. Pero cuando la complica, cuando genera frustración y obliga a todos a adaptarse a un sistema poco intuitivo e indolente, deja de ser una solución y pasa a transformarse en parte del problema. Por eso resulta irresponsable atribuir el aumento de la recaudación a la aplicación.

No solo porque es un análisis incompleto, sino porque además ignora algo que debería ser central en cualquier política pública local: la experiencia real de quienes viven aquí y quienes visitan la ciudad. El éxito de un sistema de estacionamientos no se mide únicamente por cuánto dinero entra a las arcas municipales. También se mide por su facilidad de uso, su claridad y por el impacto que tiene en la vida cotidiana de la ciudad. Y en ese aspecto, el nuevo sistema implementado en Pucón falla estrepitosamente.

Porque cuando estacionar se vuelve caro, confuso o incómodo, deja de ser un servicio urbano y comienza a sentirse como una penalización para quien quiere hacer su vida cotidiana en la comuna o simplemente para quienes esperamos todo el año que la visiten. Y cuando eso ocurre, los parquímetros dejan de ser una herramienta de gestión y se transforman, en la práctica, en un impuesto al residente y al turismo.

*Cristián Hernández es relacionador público y productor de eventos; técnico superior en turismo y también fue exconcejal RN en Pucón. 

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