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Solo, sin ruta y contra la montaña: la historia de supervivencia de Osvaldo Contreras

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  • La Voz de Pucón entrevistó al excursionista perdido en el sector del volcán Quetrupillán. Acá un extracto de los momentos más complejos y cómo, literalmente, logró hacerle un “amague a la muerte”.

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La vida de Osvaldo Contreras (66) estuvo a punto de llegar a su fin. Y claro, aunque quizás él no haya dimensionado aún lo que le tocó vivir cuando se extravió en el segundo fin de semana de abril de 2026, sus experiencias buscando una salida por los faldeos del volcán Quetrupillán, quedaron plasmadas en una entrevista realizada por La Voz de Pucón (se puede ver al final de este texto). Y esta nota es un resumen que trata de extirpar los momentos más relevantes y difíciles que lo hicieron pasar más de 50 horas en una montaña donde convivió con la naturaleza en su estado más virgen; pero donde también lo rondó el tufillo de la muerte. Por lo mismo, previo a reunirse en los estudios de LVP estuvo en un encuentro con el alcalde, Sebastián Álvarez, en el que agradeció los esfuerzos de los equipos de rescate.

La primera pregunta es por qué decidió hacer el trekking solo, algo totalmente poco recomendado. “Yo creo que tengo más pasión que otras personas para hacer trekking, y generalmente, cuando yo invito a hacer trekking, no me acompañan, porque están en su trabajo, con sus hijos, y es comprensible. Pero yo estoy jubilado, y tengo que aprovechar. Me queda ya menos tiempo, digo yo, así que creo que cometí una imprudencia y eso lo reconozco. Hay cosas malas que cometí. La idea es que hablemos de las cosas malas que cometí para que los jóvenes aprendan. Y las cosas buenas también. Hay que reforzar las cosas buenas. Estoy orgulloso de lo que me pasó a mí; cómo reaccioné. De lo que no estoy orgulloso es de los errores que cometí, y que yo se los voy a contar ahora, para que no se repitan”, dice.

El hombre agrega que si bien conocía el sector porque había subido el Quetrupillán varias veces, subestimó a la montaña: “Yo conocía el sector y siempre habíamos dicho con mis amigos que me acompañan ¿por qué no vamos a la Laguna Azul? Porque está en el sendero. Está muy cerca. Entonces ahora fue la oportunidad de hacerlo. De hecho mi hija que también le gusta el deporte, ella lo había hecho con su pololo (…) pero yo tuve otro error ahí de nuevo: no estudiar bien la ruta. Entonces otro error. Primero andar solo, no estudiar bien la ruta, y subestimar el cerro. Yo creo que eso y de nuevo, lo voy a decir porque es el término: subestimar el cerro”.

Al consultarle sobre por qué considera que subestimó el cerro, señala:  “En minimizarlo. En decir ‘yo soy el mejor’, ‘tengo buen estado físico’, ‘tengo experiencia’, ‘de los 40 años estoy subiendo cerros’. Y resulta que yo caigo en una arrogancia incomprensible, y voy solo a subir el cerro”. 

En la entrevista cuenta una serie de detalles de cómo iba preparado, la alimentación; también de la broma que le hizo a una de las personas que estaba en el acceso al predio donde parte el sendero (eso después se tomó como un elemento de búsqueda). Entrega detalles de cómo fueron las primeras horas de la caminata y también sobre en qué momento comenzó a complicarse el panorama.

“Entonces yo llegué a la planicie y la observo bien, lo que no observé bien fue cómo salí del bosque. Yo creo que ese fue otro error, los jóvenes, por favor, fijarse bien, mirar para atrás y ver por qué parte yo salgo del bosque, porque el bosque es inmenso, la montaña es inmensa. No sabemos por dónde vamos a entrar después, para saber dónde entramos, después tenemos que saber cómo salimos, y ese fue el problema”, recuerda.

Pero la caminata siguió hasta que pudo vislumbrar la Laguna Azul, lugar hasta donde iba (foto de más abajo). Con todo, las condiciones comenzaron a empeorar y, por lo mismo, decidió volver. Pero la situación ya estaba complicada: “El cerro se tapa en 10 minutos. Se tapa, no completamente, pero en forma importante, y ahí se tapa y empiezo a perder la visibilidad. Veía, ya estoy bajando y un cuarto para las tres de la tarde estoy bajando. Empieza a hacer frío, se aumenta la neblina, empiezo a bajar. Ya las balizas se ven menos, porque mi idea era seguir las balizas. Yo dije ‘el sendero está fácil porque están las balizas’, pero no era tan fácil, porque ya las balizas se veían menos, y en un momento dado siento que hay una equivocación con la ruta”.

Pasaron las horas y el excursionista, en algún momento, se da cuenta que ya ese día sábado no podrá salir de la montaña y decide pasar la noche en un bosque. Fue, en los hechos, la primera “prueba de fuego”. Cuenta que decidió guarecerse bajo unas lengas y ahí fue clave su experiencia como reanimador del Samu y sus conocimientos sobre cómo enfrentar emergencias: “Bajar era imprudente, peligroso. No conozco bien la ruta, no encuentro la entrada al bosque. Seguir buscando es gastar energía que puedo necesitar mañana. Y lo malo es que tengo que manejar la hipotermia. Ahora, felizmente, soy enfermero. Sé lo que es la hipotermia. Sé la sintomatología por lo menos. Yo había sentido frío anteriormente y esto es muy importante: el montañista tiene que aprender sobre la sensación de frío porque tiene que manejarla y manejarla con tranquilidad”.

La primera noche dice que la pasó realizando algunos ejercicios. Ya en la madrugada inició la caminata para salir del cerro. Pero con el correr de las horas nunca dio con la salida. Por el contrario, aún creyendo que iba por un camino correcto, tomó senderos equivocados. Con todo, fue precavido y se aprovisionó de piñones por si la comida faltaba. Le ayudaba en todo esto su buen estado físico y la temperatura que estaba agradable y sin lluvia. No como la primera noche que vivió la lluvia mezclada con nieve. 

Cuenta que a eso de las siete de la tarde del sábado llegó a un lugar: un portón con una botella plástica. Una señal de civilización. Aprovechó de dormir unas horas y luego de eso pasó la noche, nuevamente, realizando actividad física. Espero el amanecer y ya era lunes. Mientras, los grupos de búsqueda de todas las instituciones estaban totalmente desplegados para dar con su paradero. 

Las cosas comenzaron a mejorar con las horas. Escuchó el ruido de una motosierra y aunque no dio con ese trabajador, sí con el paso de los minutos se encontró con una persona que, a la postre, sería su rescatador y quien le brindó las primeras atenciones: “Y así que a las dos y cuarto me encuentro con una persona, con un trabajador, un baqueano, no sé. Patricio Aedo, al cual le mando muchos saludos. Somos amigos ahora. Patricio le dije, bueno, qué bueno que me encontraste. Y él queda como paralizado. Y yo le dije, qué bueno que nos encontramos. Hace dos días que estoy en el cerro y no puedo bajar. Mi nombre es Osvaldo Contreras. Le dije ‘soy enfermero del Samu’. Toma, ahí está mi carnet. Y él un poco como que dudó no lo esperaba (…) me dice, sí don Osvaldo. No hay problema, tranquilo. Mire, me dice, ‘yo ando buscando un buey’. Y por eso nos encontramos. ‘Ando buscando un buey en un barranco. Iba a buscar el buey, pero ¿sabes qué? El buey espera y yo voy a estar con usted. Y en este momento siéntase muy seguro’”. Luego de eso la historia es conocida. Las llamadas al hospital, el audio a los rescatadores y la alegría de su familia por tenerlo de vuelta. Sobrevivió, pero como dicen “quizás no la cuenta dos veces”. El testimonio completo en la entrevista de más abajo. 

La entrevista completa

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