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Fotografías con Historia

El Pucón de los ‘80

Publicado

en

* Por Rodrigo Navarro / Imagen gentileza Sergio Catalán

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Hay fotografías que valen más que mil palabras. No solo congelan un instante, sino que también conservan la esencia de un pueblo y de una época. La imagen que acompaña estas líneas retrata el centro de Pucón en la década de 1980 y fue captada en la intersección de las calles Fresia y O’Higgins, cuando la comuna aún mantenía ese aire de pueblo donde casi todos se conocían por su nombre.

En la esquina destaca el antiguo supermercado El Sambo, cuyo recordado eslogan era “Amablemente para usted”. El local pertenecía a don Hid Eltit Zerené y fue uno de los establecimientos comerciales más tradicionales de aquellos años. A su costado funcionó La Casa Libanesa, propiedad de don Fausto Eltit, una conocida tienda de ropa y calzado. Hoy, ese lugar es ocupado por una sucursal de Farmacias Salcobrand.

Más adelante aparece el edificio donde continúa funcionando el Supermercado Eltit, fundado por don Luis Eltit. Sin embargo, los puconinos de mayor edad recuerdan que antes existía allí una construcción de madera de dos pisos. En cuya planta baja funcionaba La Copal, sigla de la Cooperativa Agrícola Lechera de Loncoche, dedicada a la venta de insumos agrícolas y atendida por Mario Mella y Edio Mardones, este último reconocido hasta hoy como el trabajador más antiguo de las Empresas Eltit. En el segundo piso existió un pool que durante años fue uno de los principales puntos de encuentro y entretención para la juventud local.

La construcción de tres pisos con techo rojo correspondía a la tradicional Hostería Rodríguez, establecimiento que durante un tiempo albergó también una farmacia en su primer nivel, atendida por René Reyes, Alicia Quiñenao y Jorge Arias.

La siguiente vivienda, de color celeste, pertenecía a la familia Sepúlveda. Allí funcionaban dos negocios muy conocidos: una peluquería y, junto a ella, una frutería popularmente conocida como “Las Pelucas”, nombre que aún despierta sonrisas entre quienes alcanzaron a conocerla.

Al llegar a la esquina de O’Higgins con Ansorena, propiedad que hasta hoy pertenece a la familia Zafira, donde actualmente funciona Farmacias Cruz Verde, se encontraba el supermercado La Media Luna, atendido por los hermanos Fuad y Gladys Zafira, otro comercio profundamente arraigado en la memoria colectiva de la ciudad.

La fotografía también permite reconocer algunos vehículos que hoy forman parte de la historia local. El automóvil café estacionado es un Chevy Nova perteneciente a don Hid Eltit. El furgón amarillo corresponde a uno de los primeros vehículos de transporte escolar de Pucón y era propiedad de Sergio Catalán. Más atrás se aprecia una camioneta Chevrolet blanca con carrocería de madera roja, perteneciente a la familia Sanzana Obreque, avanzando por calle O’Higgins.

Mucho más que una fotografía

Pero esta imagen no solo retrata edificios y vehículos. También abre la puerta a los recuerdos de un Pucón que muchos aún llevan intacto en el corazón.

Era el Pucón donde una bicicleta podía permanecer estacionada durante horas sin que nadie pensara en llevársela. Donde los supermercados repartían las compras en triciclos hasta las casas de sus clientes y los hermanos Delgadillo recorrían la Playa Grande vendiendo helados durante los veranos.

Era el tiempo en que los jóvenes llenaban la recordada discoteca La Caldera del Lago, al final de la bajada de Ansorena; cuando existía un muelle frente al Gran Hotel y cualquier persona podía ingresar libremente a la Península para recorrer sus senderos, columpiarse en las lianas de sus bosques o caminar por la larga pasarela de madera que bordeaba las rocas junto al lago.

Era también la época de Elías Tuma, el querido “Palomero”, que recorría la playa con una caja repleta de golosinas y palomitas de maíz, anunciando su llegada con un grito que todavía resuena en la memoria de muchos.

Desde la torre del Cuerpo de Bomberos, Roberto Alarcón (padre del conocido pescador MArio Alarcón) hacía sonar su potente voz por los parlantes para entregar avisos de utilidad pública que se escuchaban en toda la comuna. Aquella fue, sin duda, la verdadera y original Voz de Pucón.

Los inviernos eran distintos. Llovía durante semanas (caso como en este invierno) y el lago llegaba hasta las cercanías de la plaza por las calles Ansorena y Lincoyán. Las aguas arrastraban troncos que muchas familias recogían para calefaccionar sus hogares. Los estudiantes disfrutaban de tres semanas de vacaciones de invierno y el verano se vivía con campeonatos de baby fútbol que llenaban el gimnasio municipal y con una Fiesta de la Primavera que reunía a todas las escuelas de la comuna.

Muchos también recuerdan al voluntario de la Segunda Compañía de Bomberos Fidel Sanhueza, conocido cariñosamente como “Puntete”, quien desfilaba orgulloso luciendo las numerosas condecoraciones obtenidas durante su vida bomberil. O a don Tocho Figueroa, un visionario comerciante que arrendaba caballos frente a La Península para que los visitantes recorrieran Pucón montados y descubrieran sus paisajes.

Seguiré escribiendo…

Cada generación tiene su propio Pucón. El de hoy es una ciudad moderna, dinámica y llena de nuevos desafíos. Sin embargo, bajo ese crecimiento sigue latiendo el pueblo que aparece en esta fotografía.

Para muchos, estas imágenes no solo despiertan nostalgia. También recuerdan un tiempo de confianza, de cercanía y de vida comunitaria, donde los nombres de los comerciantes eran tan conocidos como las calles por las que caminaban sus clientes.

Quizás por eso una fotografía como esta emociona tanto. Porque nos recuerda que el verdadero patrimonio de Pucón no son solo sus edificios o sus paisajes, sino también las historias de quienes los habitaron.

Ese Pucón sigue existiendo. No en las calles, que inevitablemente cambian con el tiempo, sino en la memoria de quienes lo vivieron y en el relato de quienes continúan transmitiendo su historia para que nunca sea olvidada. Ese Pucón del que seguiré contando historias hasta que el Señor me lo permita.

*Rodrigo Navarro, popularmente conocido como “Palomo”, es un conocido comunicador audiovisual puconino, cuyo abuelo llegó a vivir a la zona a principios del siglo XX.

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