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Felipe Trecanao: la caída que lo hizo levantarse para volver a ser campeón
- Tras una derrota por nocaut que lo llevó a cuestionar su futuro deportivo, el pugilista puconino relata el duro proceso que enfrentó en Santiago y cómo recuperó la confianza para conquistar nuevamente el podio nacional e internacional.
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Cuando se fue de su casa, a los 19 años, Felipe Trecanao (22) solo dejó un papel escrito en la puerta: “volvería como campeón o no volvería”. Y cumplió. Ya ha ganado dos veces el Campeonato Panamericano de Kickboxing en su categoría y también ha obtenido el título nacional. Pero sigue.
Y su historia en Santiago no solo tiene triunfos. El “Mapuche de Oro”, como lo apodan en el ambiente del boxeo profesional, deporte que practica en paralelo, también tiene historias de derrota. Pero las mismas demuestran su temple y su capacidad de levantarse para volver aún mejor. Tal como en el ring, Trecanao sabe dar pelea. Y cuando recibe, también sabe cómo levantarse. Y esa es la historia que cuenta en esta entrevista.
—¿En qué momento te encuentras? Fuiste nuevamente campeón Panamericano en Olmué, también campeón de Chile. ¿En qué punto de tu vida estás ya, con 22 años?
“Hubo un momento difícil cuando perdí una pelea por knockout. Y después de eso se me nubló todo el camino, como que sentí que ya no quería seguir. La verdad, pensé muchas veces en devolverme a Pucón. Esto fue el año pasado, en Concepción, en una pelea de boxeo. Fue la primera vez que me noqueaban y, bueno, venía de ganar todas las peleas. Era la primera vez que perdía de esa forma y, bueno, para mí fue humillante. El proceso fue complicado, lo fui pasando yo solo. Mi pareja me veía. Yo no hablaba mucho con mis papás por lo mismo, porque era un tema delicado para mí”.
—¿Y qué pasó?
“Seguí entrenando nomás, me seguía aferrando a eso. Y de un día para otro mis profesores dijeron: ‘Ya, vamos al Nacional y a pelear un Panamericano’. Y bueno, yo no quería pelear el Panamericano porque igual es harto dinero el que se gasta para competir. Pero es un reconocimiento a nivel internacional muy fuerte, ya que WAKO (World Association of Kickboxing Organizations) es la federación más grande a nivel mundial. La única que está para habilitada en el Comité Olímpico”.
—Profundicemos un poco en la derrota, porque en la vida tendemos a mostrar solo las instancias donde ganamos y tenemos éxito, pero nos guardamos los fracasos. ¿Cómo te marcó perder una pelea por nocaut?
“Me dolió, sufrí, lloraba solo, me frustré conmigo mismo. Dejé de entrenar, en verdad. Hubo un tiempo en que no estuve tan constante en los entrenamientos. Se notaba mi falta de motivación, mis ganas de hablar. Cuando estaba con mi pareja, la que más lo notaba era ella”.
“Pensaba que era mejor ponerse a trabajar y dejar todo esto. Vivir una vida normal y no hacer nada más. Pero detrás de mí hay harta gente que cree en mí también, que me respalda, que está siempre apoyándome. Y no podía darle la espalda a mis padres y a mis profesores”.
—¿Y qué te hizo reaccionar?
“Cuando hice sparring y me dejaron con un ojo hinchado. Eso y hartos amigos de Santiago que vi cómo cayeron presos. Ahí puse los pies en la tierra y dije: ‘Tengo que seguir’. O, si no, yo podría ir a parar allá mismo. Seguí entrenando y, de repente, apareció un Nacional. Peleé dos veces y gané las dos por nocaut. Y después el profe me dijo que iría al Panamericano que se hizo en Chile”.
—¿Cuánto tiempo duró este período?
“Más o menos nueve meses. Fue un período bien largo, con harto sufrimiento, pero seguimos con disciplina constante y con mis profes, que siempre me apoyan”.
Felipe cuenta que antes del Panamericano tuvo una pelea de boxeo con un rival importante, Felipe Artillero. Cuenta que tenía algo de miedo de volver a sufrir un nocaut antes de subir al ring, pero que, a la hora de comenzar, todo se olvidó. Ganó y ganó bien. Y eso, según él, marcó el fin de su momento oscuro.
—Felipe, ¿qué aprendiste de todo esto?
“Que, a pesar de todo, hay que seguir igual. Si uno se aferra al sueño, es posible salir de cualquier lado, en verdad. Estuve solo. Fue un proceso que pasé solo. Pero me hizo crecer como persona y mentalmente como deportista”.
—En una entrevista anterior contabas del apoyo de tu familia. ¿Saber de ese apoyo te ayudó en este mal momento?
“Yo, por mi parte, decidí pasarla solo. Eso, aunque estaban mis profesores (Claudio y Dalton Pardo) y mi pareja siempre al lado. Ahora con mi familia, me complicaba conversar con ellos y que ellos me escucharan achacado o enojado… Pero de repente me llamaba mi papá o mi mamá y escucharlos ya era un apoyo grande para mí. Y decía: ‘No, no puedo quedarme en esto. Los dejé a ellos y tengo que cumplir la promesa que un día les escribí en la puerta cuando me fui de la casa’. Me acuerdo de eso. Ahí escribí que iba a volver hasta que fuera campeón. Si no, no iba a volver”.
—Viendo el panorama completo, ¿te sirvió perder?
“Sí. A todos, en algún punto, nos sirve perder. Este es un deporte bien solitario. Uno arriba del ring está solo y, cuando hay que pelear, también a veces peleamos con nuestros propios demonios. Es un proceso bonito. A mí no me gusta perder. Cuando era chico bailé cueca y perdí, me enojé y reté hasta a la bailarina. Siento que se me había crecido un poco el ego. Viajé harto. Sentí que iba todo muy bien y ese nocaut me dijo que no iba todo tan bien”.
Sobre lo que viene para él, dice que primero tiene que llegar a Santiago y reunirse con sus entrenadores, preparador físico, psicólogo y nutricionista. Ahí deberá definir los pasos que vienen en su carrera deportiva. Por ahora, tiene una espina que no sabe cuándo se la va a poder sacar: una pelea profesional en su Pucón. Casi se materializó el verano que pasó, pero no se pudo. Ahora, quizás. Al menos, tanto él como su familia buscan apoyo para materializarla. Por lo pronto, hay Felipe Trecanao para rato. En buena hora.
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