Cartas al Director
Caburgua y la polémica por una patente comercial
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Sr. Director:
Mi nombre es Jovita Maldonado Vega y resido en el sector Misional, localidad rural de Caburgua. Me dirijo a este medio para expresar mi opinión respecto de la controversia generada por la aprobación de una patente comercial de un restaurante en Playa Negra, con ampliación de giro a “Turismo”, y la posterior reacción de la Junta de Vecinos N° 6 de Caburgua Bajo.
La directiva vecinal acudió a la Municipalidad de Pucón solicitando dejar sin efecto la patente aprobada por el concejo municipal el pasado 18 de mayo de 2026, situación que derivó incluso en una manifestación frente al edificio consistorial. Si bien reconozco plenamente la legitimidad del derecho a manifestarse, no puedo evitar preguntarme si hemos visto el mismo nivel de movilización frente a problemas que afectan a Caburgua desde hace años: los reiterados cortes de energía eléctrica, los interminables tacos durante la temporada estival, la ausencia de un delegado municipal permanente, el deterioro de los caminos rurales o las consecuencias que tuvo la construcción del pretil que alteró el flujo de agua hacia el lago Caburgua. Lamentablemente, la respuesta parece ser negativa.
Como vecina interesada en los asuntos públicos, suelo seguir las sesiones del Concejo Municipal desde el inicio de la administración del alcalde Sebastián Álvarez. En la sesión del 18 de mayo, el tema fue ampliamente debatido con las exposiciones del jefe de Rentas y Patentes, Jarol Fuchslocher, y de la abogada Romy Gudenschwager. Según se explicó, la aprobación se sustentó en el cumplimiento íntegro de los requisitos legales exigidos para este tipo de solicitudes. Además, es importante recordar que la propia Junta de Vecinos había emitido inicialmente un pronunciamiento favorable al proyecto.
Por ello resulta llamativo que, posteriormente, algunos dirigentes sostuvieran públicamente que esta patente provocaría delincuencia, drogadicción, robos o prostitución. Tales afirmaciones parecen desproporcionadas si se considera que la autorización contempla música en vivo, venta de bebidas alcohólicas —actividad que ya existe en el sector— y un aforo máximo de 47 personas, incluyendo al personal. En ningún momento se ha planteado la realización de eventos masivos ni actividades de gran escala.
Más tarde, el 22 de mayo, la Junta de Vecinos envió una carta al alcalde cuestionando la decisión adoptada. Sin embargo, el tono utilizado, marcado por referencias a una supuesta situación de vulnerabilidad y abandono, así como por críticas directas a los concejales que aprobaron la patente, parece exceder el marco de una legítima diferencia de opinión.
Desde el punto de vista normativo, tanto la Ley Orgánica Constitucional de Municipalidades (Ley N.° 18.695) como la Ordenanza Municipal vigente establecen que la opinión de la junta de vecinos debe ser solicitada, pero no tiene carácter vinculante. En consecuencia, corresponde al Concejo Municipal adoptar la decisión final conforme a los antecedentes disponibles. En este caso, el proyecto ingresó con el respaldo inicial de la propia organización vecinal y cumplió los procedimientos establecidos por la ley.
Intentar revertir posteriormente una decisión adoptada dentro de la institucionalidad genera un precedente complejo, especialmente para quienes buscan emprender e invertir en nuestra localidad. Hoy puede tratarse de este proyecto; mañana podría afectar a cualquier vecino que quiera desarrollar una actividad económica cumpliendo todas las exigencias legales.
Nací en Caburgua y tengo 70 años. Mi abuelo materno fue uno de los primeros colonos del sector. No escribo estas líneas para defender intereses particulares —no tengo ninguna relación con el solicitante de la patente—, sino porque creo en el desarrollo equilibrado de nuestra comunidad. Con frecuencia reclamamos que Caburgua es tratado como el “patio trasero” de la comuna, pero al mismo tiempo solemos resistirnos a cualquier iniciativa que implique cambios o nuevas oportunidades.
El verdadero desafío es encontrar un equilibrio entre la calidad de vida de los residentes y el derecho legítimo de las personas a trabajar y emprender. Las juntas de vecinos cumplen una labor fundamental en la representación de sus comunidades, pero esa función debe ejercerse con responsabilidad, respeto y apego a los hechos, evitando que el temor o las suposiciones sustituyan al debate informado.
Caburgua necesita diálogo, tolerancia y visión de futuro. Pero también necesita que respetemos las reglas e instituciones que nos hemos dado como sociedad.
Atentamente:
Jovita Maldonado Vega
Sector Misional, Caburgua
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