Consumo de droga: no tapemos el sol con un dedo

La droga ha sido un flagelo que ha penetrado profundamente nuestra sociedad. No distingue raza, nivel económico, situación educacional. Es transversal su presencia, pero no su proporción. El consumo es mayor en ciertas áreas de la sociedad que en otras. Eso es innegable. Sin embargo, más allá de lo obvio y de los lugares  comunes hay algo que nos parece aún más preocupante que la droga misma: la normalización del consumo como algo aceptable, neutral o inclusive positivo para algunos y eso resulta una desagradable sorpresa que nos hemos llevado y que nos parece necesario denunciar y rechazar fuertemente.  

Cuando surge la triste noticia de la renuncia de voluntarios de bomberos de nuestra comuna por un eventual consumo de droga en los cuarteles, varios defendieron casi con un aire de normalidad esta realidad. Es efectivo que los mayores de edad son libres de ejercer, en su ámbito de libertad, las acciones y prácticas que mejor les parezca. Pero eso no significa que la sociedad deba considerar como correcto aquellos que no lo es, aquello que destruye a nuestros niños, desintegra familias y trunca para siempre la salud y la vida de miles de jóvenes. En La Voz… no nos enredamos con esto. 

El consumo de drogas ilícitas (e inclusive de algunas lícitas que serán materia de otro análisis) es malo. Cualquiera de estas. Y debe ser combatido con medidas eficientes y eficaces. Es evidente que las actuales no lo son e implica generar cambios. Nosotros creemos que la simple persecución como un delito sin educación e intervención social es derechamente insuficiente y estamos dispuesto a contribuir  desde nuestra trinchera.

Nuestros niños deben saber que consumir drogas hace mal, que implica una esclavitud poderosa de la cual es muy difícil salir. Eso hay que decirlo y no caer en las relativizaciones y neutralidades. Más allá de visiones binarias entre progresismos y  conservadurismo hay algo que para nosotros está claro. Hay cosas que están mal no sólo por principios, sino por las consecuencias visibles e irrefutables que generan y que vemos todos. No tapemos el sol con un dedo.

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