Felipe Trecanao: el puconino que quiere conquistar Egipto

Por Rosa Bohórquez

Representar a Chile en el Mundial de kick boxing le resulta todavía difícil de creer a la joven promesa de este deporte, pero aun así entrena “para darlo todo”. 

Felipe junto a su madre y también su entrenador, se prepara para el Mundial de Egipto.

Es verano y Felipe Trecanao (15 años) sale temprano a vender artesanía. Hablar con los turistas le agrada. Les cuenta que las piezas de madera y lana son elaboradas por sus padres y les recomienda dónde pasear en Pucón. Pero hay algo que no les dice, y es que este año él también será un viajero. Irá a El Cairo, Egipto, a participar en el Mundial de Kick Boxing organizado por la World Kickboxing Federation (WKF).

Obtuvo su derecho a participar en octubre del año pasado cuando ganó el Campeonato Sudamericano de Kick Boxing de la WKF, cuya sede fue precisamente Pucón. “Tenía un año entrenando. De primera no sabía ni qué era el Kick Boxing” —dice con sinceridad— “Un día un amigo me invitó a un taller en el Senda (Servicio Nacional para la Prevención y Rehabilitación del Consumo de Drogas y Alcohol). Y como no tenía nada que hacer sino andar neceando en la calle, fui y me entusiasmé”.

De semblante dulce y en extremo discreta, su mamá, Marcela Sandoval Hueche espera a cierta distancia. Es consciente de su rol protector, pero no permanece inactiva. Promociona una rifa para recaudar fondos para el viaje. Pide a familiares, amigos y vecinos que donen premios. Se necesitan tres millones de pesos para los pasajes del atleta, su entrenador y su kinesiólogo. Además, cubrir gastos de alojamiento, alimentación y entrenamiento. 

De saltos en el aula a asaltos en el ring

Para Marcela, su esposo Víctor y las dos hermanas de Felipe (de 27 y 9 años), el logro del joven es una sorpresa. También para sus profesores. El atleta explica por qué: “Cuando todos dormían la siesta en la sala-cuna, yo saltaba de cuna en cuna. Más grande terminaba primero las cosas y molestaba a los demás. Los profesores me pasaban una pelota y me sacaban de la sala. Tenía que tomar remedios para quedarme quieto, pero ya no”.

Su entrenador Francisco Concha, cinturón negro en Kick Boxing, conoció a Felipe en los talleres del Senda. “Lo que resalta en él es su corazón”, señala. “Aunque en su disciplina es un arma de combate, es un niño con gran espíritu, garra, fuerza, ganas de ser el mejor. No cualquiera se sube a un ring. Aquí en el dojo es quizás la persona más querida, yo creo que por su constancia. Él tiene en nosotros a una segunda familia”.

Marcela asienta. “Él era el niño problema en todas partes. Siempre hiperactivo. Hasta que se encontró, o lo encontró este deporte a él. Era un momento difícil porque estaba adolescente. Cuando me habló del Kick Boxing no me gustó la idea, pero se quedó en el deporte. Apareció Francisco, su entrenador, en mi casa y nos dijo: ese muchacho tiene aptitudes. Adoptó a Felipe y nosotros adoptamos a Francisco”.

Concha explica la rápida carrera deportiva del joven puconino: “Felipe entendió rápidamente mis instrucciones cuando se le quitó lo arrogante, porque en el arte marcial lo que más ayuda es hacer las cosas en silencio. Ha competido siete veces, ganó la primera, la segunda la perdió (a mis ojos no), después vino una racha ganadora que incluyó el Sudamericano, le ganó a un tremendo exponente que tenía 45 peleas y era campeón internacional de la WKF”.

Cuando Felipe termina su rutinaria venta de artesanía, va Playa Grande a pasear y después a lo mejor del día: su entrenamiento. “Recuerdo que un día me trajeron aquí al dojo –cuenta el atleta– yo nunca había conocido un dojo, ni sabía qué era un dojo tampoco. Me trajeron aquí a entrenar y me trataron súper bien, es una familia más que tengo aquí. Empecé a entrenar, quería pelear, subir al ring y ser el mejor del mundo”.