Trabajar en mejores condiciones

*Por Omar Cortez

Nos acercamos a la reactivación de la comuna. No me detendré a analizar el desastre y perjuicio a la industria del turismo provocado por las medidas sanitarias, las cuales se tomaron bajo parámetros poco claros y que sin duda están llenos de contradicciones. Como, por ejemplo, el cierre de los parques nacionales y la apertura de centros comerciales. 

El escenario actual contempla la premura y urgencia de poder ejercer nuestro derecho a trabajar. Estoy convencido de que esto se concretará ya (de hecho, ya está pasando luego de que nos abrieran), pero me surge la siguiente pregunta. ¿Volveremos simplemente a lo mismo de antes? Esto puede ser válido, pero estaríamos dejando de lado tremendas oportunidades. A saber:

Ante la crisis que provocó la erupción volcánica del 2015, donde vivimos una situación similar, más acotada en tiempo e impacto para los rubros involucrados, pero con el mismo resultado. Esto, entregó un momento de reflexión que fue vital, ya que permitió el ordenamiento y planificación del destino. Como resultado, se trabajó en mejorar la calidad del servicio, aumentar la seguridad a los pasajeros y terminar con la guerra de precios que sólo traía perjuicios y bajas constantes en costos y calidad para poder alcanzar el precio bajo de venta. Hoy el rubro turístico del volcán cuenta con una serie de políticas públicas y privadas que lo posicionan como uno de los más sostenibles, tanto para el ecosistema, como para las personas. En este sentido, no puedo dejar de mencionar que hoy el valor del ascenso al Villarrica creció en un 40% en promedio a aquellos difíciles años. En resumen, convertirse en líder de calidad de servicios, es mejor que ser “líder en precios bajos”.

Segundo, el impacto negativo sobre las economías familiares de los trabajadores del turismo se ha afrontado con la utilización de sus fondos previsionales, ahorros, bonos del Gobierno (que en algunos casos jamás llegaron) y algunos gestos municipales. Pero abrió una caja de pandora relacionada con la formalidad del trabajo, sobre todo, de los guías de río. La informalidad y precarización de sus relaciones laborales, que muchas veces hacen vista gorda al Código del Trabajo. Encontrando a esos trabajadores sin protección en materia laboral, desatando una crisis sin precedentes para esas familias. 

Es tiempo que nos hagamos cargo como comuna, desde lo privado y lo público, de esta situación. Tenemos que incorporar la carga de los derechos laborales a los costos de bajar el Río Trancura, o ¿somos menos capaces que Puerto Varas? Donde el precio de una bajada está en un promedio de los 30 mil pesos mientras en Pucón lo hemos visto hasta en 8 mil pesos. ¡No damas y caballeros! ¡Yo no lo creo! Valoremos a nuestros trabajadores, que por lo demás desde el dato duro de la formación y certificación, son los mejores de Chile. No tengo duda alguna de aquello.  

Tercero, desde los años ‘90 en Pucón se trabaja intensamente para quebrar la estacionalidad. Se los digo con conocimiento de causa, ya que provengo de una familia que se partió el lomo en el rubro de la gastronomía. Pero a 30 años de esa convicción transversal. Es importante reflexionar, si lo que realmente queremos son oleadas de personas visitando nuestra comuna, saturando las vías y modificando nuestro estilo de vida, todo por el módico precio de 8 mil la cama y 3 mil el almuerzo o queremos apuntar a mejorar la “calidad” de nuestros visitantes.

Para finalizar, quiero dejar la idea general de que revaloricemos nuestra comuna, nuestros patrimonios humanos, paisajísticos y el tesoro territorial que se nos dio.

* Omar Cortez es administrador de empresas y ex concejal DC.