El plebiscito de la generación Z

* Por Giancarlo Escanella

El plebiscito de 1988 sirvió como el comienzo del fin para la dictadura militar instaurada en Chile un 11 de septiembre de 1973 que se extendió hasta el año 1990. En un plebiscito se proponen solo dos alternativas a la población, en este caso la opción Síi y la opción No, donde el Sí significaba la continuidad de Augusto Pinochet en el poder hasta el 11 de marzo de 1997 y el No, que representaba establecer plazos concretos para el fin de la dictadura, esta fue la opción que triunfó. ¿Cómo y por qué un gobierno autoritario se ve obligado a ejecutar una herramienta democrática?

Es evidente que en esos años Chile enfrentaba una coyuntura política bastante crítica y compleja. El escenario nacional mostraba el desgaste y la deslegitimación del régimen cívico-militar, las movilizaciones inundaban el país demostrando el malestar social, además de la existencia de una fuerte presión internacional a objeto de la defensa de los derechos humanos y de promover el retorno a la democracia en nuestro país. Con todas estas presiones la dictadura de Pinochet se vio forzada a usar esta herramienta del plebiscito, aunque nunca imaginó que la opción del No resultaría victoriosa.

Para los niños y niñas que nos ha tocado crecer en los albores del siglo XXI los efectos de este plebiscito y el retorno de la democracia han sido muy importantes para nuestro desarrollo en cuanto a la libertad de expresión. Una de las características fundamentales de la generación “millennial” o la posterior “generación Z” es el uso cotidiano del internet y las redes sociales. Si esta posibilidad de elegir la vuelta a la democracia nunca hubiese existido y siguiéramos en un gobierno autoritario, los medios de comunicación y el internet serían controlados por el régimen, coartando la libertad individual y de expresión, viviendo en una especie de neoconservadurismo donde como país económicamente estaríamos insertos en el mundo de las importaciones y exportaciones pero valóricamente continuaríamos sustentados en los principios tradicionales. Internet funciona con base en decisiones tomadas en consenso y el mérito del mejor argumento en la discusión. Toda su organización descansa en tres valores: cooperación, transparencia y confianza. Esto hace al ciberespacio una forma de gestión humana sin intervención política de gobiernos, lo que produce una sociedad en la que los gobernados desempeñan un papel más directo en todo proceso político, convirtiéndolos en ciudadanos virtuales con la capacidad de decir las cosas tal y como son usando las RRSS (Redes sociales), lo que explica el afán de los Estados de más control sobre Internet. En un régimen dictatorial este afán, como se señaló anteriormente, se ve intensificado adquiriendo un control absoluto de la red.

En un contexto actual se puede ver el caso de Venezuela o Cuba, donde los regímenes han controlado el uso del internet, convirtiendo este en un servicio lento, caro y censurado. Mientras la velocidad promedio de navegación en América latina y el Caribe es de 5,6 megabits por segundo, en Venezuela a partir de enero de 2018 es de 1,3 Mbps, la lentitud del servicio, en su mayoría a cargo de la Compañía Anónima Nacional de Teléfonos de Venezuela (Cantv), fue una de las razones por las que la ONG Freedom House calificó la libertad de internet en este país por primera vez como “no libre”, el mismo estatus que tiene Cuba.  

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Como adolescente parte de la generación Z, me sería inimaginable vivir en un país en el que no me pudiese expresar libremente, donde el internet fuera calificado como un servicio no libre. Por lo tanto, aprecio el legado y posteriores efectos que tuvo la victoria del No, ya que gracias a este plebiscito se recuperó la libertad de expresión, la principal herramienta para que todos los grupos sociales integrantes de una sociedad puedan dar su opinión y debatir sobre temas de interés general con el fin de buscar el mejor futuro para su país.

 

* Giancarlo Escanella es alumno del cuarto medio del Colegio Pucón.