Consultas ciudadanas, devolvamos el poder a la gente

* Por Nivia Lagos Arriagada

 

Cuando me declaro abiertamente defensora e impulsora de que en nuestra comuna se implemente, utilice y se echen andar las consultas ciudadanas, estoy plenamente consciente que hago el papel de “Juan el Bautista” en el desierto. Es decir, una voz que clamaba en un desierto en el que nadie o muy pocos parecían escuchar o tomar en cuenta. Hasta que llegó uno al que sí escucharon. El que anunciaba Juan. O sea, si bien las palabras fueron dichas en un desierto, de alguna forma germinaron.

Juan el Bautista abrió para muchos una puerta difícil de franquear en ese desierto en donde proclamaba estas verdades, porque sus predicamentos hicieron pensar a quienes escucharon con atención. Entonces ¿por qué las consultas ciudadanas son vistas con cierto rechazo en nuestra comuna? Por qué pareciera que los que lo promueven son como voces en el desierto que nadie quiere escuchar. O, simplemente, molestan a las autoridades fariseicas de esta época. Igual que en los tiempos de Juan. Por qué es difícil llegar a pensar en darle algo de poder de decisión a la gente. Tal y como su palabra lo indica DEMOCRACIA = poder del pueblo

La gente que lo tiene se acostumbra a ejercerlo contra natura. A decidir sin consultar amplia y abiertamente. Y sólo lo hacen, a veces, en materias que no les significan alguna mella. Pero clarifiquemos y volvamos a un presente nacional mucho más alentador.

¿Porqué el alcalde Joaquín Lavín si se atreve y lo hace en Chile?

¿Será para que conservemos de él la buena imagen con la que muchos, sin ser de su partido, seguimos percibiéndolo? Un tipo bonachón, educado, evolucionado, cristiano. Sencillo, pero con poder, que pareciera que no quiere hacer más que lo que su gente (entiéndase su electorado) desea.

Sospecho que ahí reside el encanto del poder de Lavín sobre su gente. Que las personas siguen creyendo que si él dice “esto lo vamos a solucionar”, se soluciona. Pareciera tener credibilidad y por eso su agente lo respalda en las urnas.

¿Vamos entendiendo? Lavín descubrió que, siendo una autoridad actúa, al mismo tiempo, de emisario de un poder que él legítimamente tiene, pero que generosa y lealmente entrega sin temores a su gente. Y pareciera que eso hace felíz a sus vecinos, electores y detractores. Y les da el poder de decisión, distribuido, entregado y concretado en los demás para que estos, en su libre albedrío, puedan participar decidiendo sobre los proyectos comunales e, indirectamente, sobre el mismo futuro de sus hijos.

Hoy en Pucón, hay muchos temas que la ciudadanía quiere que se resuelvan armónicamente. Carreteras, conectividad vial, cuidado del medio ambiente, el lago. Por ejemplo, por qué no podemos decidir nosotros si queremos o no más embarcaciones en La Poza; o si nos gusta que llenen el pueblo con construcciones en altura. Esas que algunos llaman progreso, pero que para otros no son más que una molesta fuente de contaminación en todo sentido.

Quizás el ardor social de los últimos tiempos tenga una salida en las consultas ciudadanas. Y tal vez, sólo tal vez, sería bueno devolver un poco el poder de decisión a la gente.  Pero ya sabemos lo que pasó con Juan el Bautista, perdió la cabeza porque sus predicamentos afectaron el status quo y la seguridad del sistema de antaño.

 

* Nivia Lagos Lagos Arriagada es dirigente social y comunicadora ciudadana