Mercado del agua en Pucón: sed de codicia

* Por Federico Medina, miembro de la mesa “No a Hidroeléctrica Llancalil”

Chile causa risa y admiración a nivel mundial con su nefasto código de aguas, código que separa el suelo de las aguas, hecho que supieron muy bien aprovechar los especuladores de turno quienes esperaban agazapados la luz verde para hacerse de unos buenos litros.

La historia del código de aguas chileno está muy entrelazada con la historia reciente del país, promulgado por el decreto de Ley N° 1.122 del 29 de octubre de 1981, basándose en la constitución del 80. El código mantiene la idea de que las aguas son bienes nacionales de uso público, pero otorga derechos de aprovechamiento sobre ellas y este derecho ya no es considerado una merced o concesión, sino el de otorgamiento de propiedad (sobre ese derecho) por acto de administración, con todos los elementos que el dominio otorga: uso, goce y disposición. Entonces, aparece una nueva relación que es ‘agua – persona’, separada de la tierra. La introducción de esta nueva idea de propiedad permite al titular de un derecho de aprovechamiento comercializar ese derecho (enajenar, hipotecar, arrendar, etc.). Ya no es el Estado quien determina las necesidades de agua, ni cuál es su uso racional, sino los particulares. Así, comienza a crearse un “mercado del agua”, donde el titular de un derecho de aprovechamiento debe inscribirlo en un registro, al igual como se inscriben las propiedades raíces y otros bienes, con objeto de poder garantizarlo en el mercado, como un bien económico más.

En el mercado del agua existen principalmente 3 actores: las empresas (hidroeléctricas, forestales, inmobiliarias y pisciculturas), los pequeños emprendedores y una especie muy especial de actor económico: el especulador. Por supuesto que este es un mercado en el cual no hay regulaciones de ningún tipo, donde el solo hecho de tener la cantidad de dinero indicada en el momento indicado le garantiza a algunos elegidos el acceso a asegurar su futuro y el de sus familias a costa de la salud y el bienestar de todos sus vecinos. Los especuladores son personajes sórdidos que tuvieron esa fortuna de estar en ese lugar indicado, con la información necesaria, con el dinero en la mano y sin ningún tipo de escrúpulos para ingresar sus solicitudes de derechos de agua por el solo costo del trámite. Derechos que años más tarde valdrían millones de dólares y sobre los cuales inapelablemente ellos podrían disponer de su destino. El rol de las empresas a pesar del claro daño que causan a los ecosistemas y las industrias locales es al menos el de ocupar un lugar en el circuito económico, pero el rol de los especuladores del mercado del agua es solo el de haber aprovechado el momento y ahora vender algo que por derecho no es suyo al mejor postor y al mayor perjuicio.

A los especuladores del mercado del agua no les interesa en lo más mínimo su comunidad, ellos hace años tomaron la decisión de no considerar a nadie. En el momento que firmaban todas esas solicitudes de derechos sabían muy bien que estaban condenando a sus propios vecinos a un futuro miserable.

Lo más curioso es que el agua se agota, cada año llueve menos, cada año hay menos. Pero sin embargo al mercado y a los gobernantes poco les interesa, mucho menos claro, a los especuladores. Pensarán que no hay más realidad que las cuentas de sus bancos, pensaran que todos los países del mundo que cuidan sus aguas más que al oro son unos idiotas. Lo cierto es que el agua en una comuna de vocación netamente turística es el recurso más importante, el primero que debe ser preservado; principalmente por las autoridades, pero igualmente por toda la ciudadanía. Por eso decimos ¡basta! Basta de abusos, basta de “avispados”. Los puconinos necesitamos el agua hoy y siempre.

Federico Medina es guía de Kayak en los ríos de la zona.

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