Turismo entre ordenanzas y bits

Ya pasamos la mitad del verano y Pucón está con un flujo alto, tal como los otros febreros. Son muchos los que han preferido nuestra hermosa zona para pasar sus vacaciones y las estadísticas nos dirán en un par de semanas si la temporada fue buena o mala. Eso, independiente de las percepciones que cada uno pueda tener respecto a la venida de visitantes en el contexto del estallido social que en marzo amenaza con aparecer con fuerza.

Pero el punto que ha marcado esta temporada, independiente de los contextos, ha sido la controvertida (en tribunales) ordenanza que pretende regular los alojamientos y el negocio de los arriendos “informales” en la zona. Y eso no ha dejado de llamar la atención, primero, por el cómo se informó (anunciando —malamente— multas a turistas incluso) y luego por el recurso de protección que puso el ex gobernador José Montalba en representación de inmobiliarios y corretajes.

Pero si bien no entraremos al tema de fondo en esta editorial —de eso se encargará la justicia— llama la atención la facilidad con los que los empresarios recurren a la regulación cuando los mercados cambian y los vientos no son favorables. Y llama la atención, porque siendo que el emprendimiento es una sumatoria de acciones que incluyen creación, esfuerzo, persistencia, resiliencia y adaptación; no es lógico perder la capacidad de adecuarse a los cambios y varias las acciones que le dan valor agregado a un negocio y lo transforman en exitoso.

Y lo anterior más aún en nuestros tiempos, cuando las herramientas están a la mano o a pocos clicks de distancia. Es necesario que nuestra industria turística juegue a la vanguardia, sepa adaptarse a las nuevas formas y tecnologías y, más aún, las usen a su favor. No basta con abrir un negocio y esperar a los clientes. Hay que buscarlos en un mundo gigante de bits, pero que paradójicamente cabe en un celular inteligente. Y en ese contexto, solo los que encuentren la llave podrán sobrevivir y prosperar; el resto deberá ir a la retaguardia y siempre con el peligro de perderse. Y una ordenanza municipal o una Ley de la República podrá darle aire un tiempo, pero nunca será suficiente para lograr un desarrollo con éxito y permitirle la sobrevivencia en un mundo complejo.