El engaño de ese país llamado Santiago

Cuando la crisis por la pandemia partió en Chile el mensaje de las autoridades nacionales, medios de comunicación, epidemiólogos, políticos y todos quienes tenían algo de tribuna a  nivel país era “quédate en casa”. Y todos (incluyéndonos) de alguna forma, hicimos eco del mensaje y acuñamos frases en redes sociales con hashtag (#) llamativos para llamar a no salir de las cuatro paredes del hogar. Y fue así como, sin siquiera existir el programa Paso a Paso, en Pucón se cerró el comercio, restaurantes, hoteles, escuelas y toda actividad que no se considerara esencial. Y fue, por cierto, un actuar entendido en la responsabilidad ciudadana para frenar la pandemia que nos acechaba y que luego fue sustentado en un decreto de gobierno.

Así como una gran mayoría de puconinos hicimos la pérdida de suspender nuestras actividades económicas y sociales por un bien mayor: la salud de la población. Y así también vimos a través de la televisión como la pandemia atacaba a este país imaginario llamado Santiago. Y vimos pasar un ministro, la llegada de otro, un gobierno tambaleante, políticos irresponsables (de lado y lado), dudamos de las cifras y cuando nos dijeron que había señales de mejoría, respiramos algo aliviados: el peligro estaba pasando, pensamos. 

Y luego de unos meses autoconfinados se nos mostró el Plan Paso a Paso y a los días Pucón comenzó a florecer nuevamente. Los restaurantes abrieron, el comercio en general vio como aumentaba el flujo. Todos los que estábamos en esta cuarentena preventiva comenzamos a hacer nuestra vida con algo de normalidad. Esa que habíamos perdido cuando este bicho invisible atacaba brutalmente a este país imaginario llamado Santiago. Es más, ya estábamos asumidos que algunos ciudadanos de ese país virtual llegaron al sur para (muy a la chilena) saltarse la norma de la segunda vivienda. Qué importaba, total, había una “leve mejoría” y el país imaginario (Santiago) salía de su confinamiento para retomar eso que ellos hacen.

Pero pasaron algunas semanas y la cosa se nos complicó acá. Primero Temuco, luego Villarrica y finalmente nosotros vimos como los casos aumentaban y la lejana cuarentena obligatoria se hacía cada vez más real. Y fue Villarrica la primera en caer en el confinamiento indefinido y ahora Pucón está en la “puerta del horno”. Los restaurantes deben cerrar nuevamente; los alojamientos turísticos que recién veían una luz de esperanza tienen que volver atrás. El colegio que se atrevió a abrir sus puertas duró menos de una semana. En fin, ahora nos cae el peso real de la pandemia y lo que antes partió en la voluntariedad, se vuelve una obligación.

Pero el punto es por qué nos confinamos voluntariamente en marzo. Porque pareciera ser que cerramos Pucón en el tiempo equivocado. Que nos adelantamos en marzo para una realidad que nos golpea en octubre. El problema es que ya no hay aguante para quedarse en la casa y tampoco para resistir mucho tiempo cerrado. Nuestro comercio está en un punto crítico y quienes tuvieron la suerte de acceder a créditos y beneficios bancarios gracias al covid ya deben comenzar a ponerse al día y pagar. Ni hablar de la industria turística. Este anuncio de cierre pareciera ser el golpe de gracia que obligará a muchos a no solo cerrar por la cuarentena o lo que dure el Paso 2; sino que probablemente será para siempre. 

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Por lo mismo, desde esta tribuna y como lo hemos hecho varias veces; queremos pedir e implorar a nuestras autoridades locales, regionales y nacionales que, de una vez por todas, asuman que el costo de la pandemia se lo está llevando la clase trabajadora y emprendedora. En definitiva, quienes mueven a este país. Y, particularmente, ciudades turísticas como la nuestra, necesitan una Ley de Defensa del Turismo Post Pandemia. Y si esto implica salvataje de pequeñas y medianas empresas del rubro, que así sea. Total, son los mismos que más dinero dejan en impuestos. Que alguna vez esta plata llegue a quienes lo producen y no a quienes miran relajados desde sus cargos públicos en el país imaginario (Santiago) o Valparaíso. Cualquier otra cosa profundizaría la sensación de engaño que probablemente muchos puconinos estemos viviendo. Ánimo y fuerza. Juntos saldremos de esta. La Voz… somos todos.