Invasión Extraterrestre

Por Charlie Donoso Astete, presidente de AstroLab*

La Primera Dama, Cecilia Morel de Piñera, muy preocupada por la situación político/social que atraviesa Chile, vía una llamada telefónica comparó lo que pasaba en las calles del país la semana pasada con una “invasión alienígena”. Como cualquier hija de vecino, ella ha consumido la cultura de entretenimiento y espectáculos que proviene mayoritariamente de Estados Unidos (Hollywood) y Europa.

Por eso es seguro que ella también se espantó con el recorrido mortal de un insaciable parásito xenomorfo por los pasillos de la carreteada nave de carga Nostromo tripulada por siete infortunados (Alien el octavo pasajero, Ridley Scott, 1979) y se entusiasmó con el contraataque de las fuerzas aéreas contra los veloces platillos voladores emergentes de las gigantescas naves madre invasoras del Día de la Independencia (Roland Emmerich, 1996), luego que los héroes de turno desactivaran sus escudos de blindaje. Probablemente también se extrañó -como mi amigo Guillermo Hidalgo y yo cuando vimos el filme en el cine Oriente de Santiago- por la ausencia de nuestra flota de Hawker Hunters y F5s bajo el mando del general Rojas Vender, entonces comandante en jefe de la FACh.

Presumimos que entre moros y cristianos son emociones de pánico, caos y terror las que generaría una invasión extraterrestre. La industria cultural también ha propuesto experiencias buena onda —como ET, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo o La Llegada—, pero no permean y por eso mi vecino en Nahuelbuta Checho Garcés, huaso de tomo y lomo, dice que defenderá su ganado con la motosierra y la garrocha contra los extraños venidos desde el cielo; el gran científico británico Stephen Hawking (QEPD) advertía que la visita sería un desastre para la humanidad tal como fue para los nativos la llegada de los españoles a América; y ahora la Primera Dama describe esa imagen ante las expresiones de profundo malestar ciudadano en las calles.

Recientes investigaciones fijan una masa visible de nuestro entorno en el universo —que cumplió 13.700 millones de años— de dos billones de galaxias en total. Sólo en una de ellas, la nuestra, la Vía Láctea, existen entre 200 y 400 mil millones de estrellas alrededor de las cuales orbitan unos 100 mil millones de planetas. En uno de ellos, la Tierra —que tiene unos 4.500 millones de años— apareció el hombre hace unos 200 mil años. O sea, tan solo en nuestro barrio estelar hay muchos lugares y harto tiempo para que otras especies aparezcan, evolucionen, tomen el control de sus mundos y exploren su entorno. Sin embargo, no nos han contactado. El escritor Arthur C. Clarke, autor de 2001, una odisea del espacio, lo resume así: “Existen dos posibilidades: que estemos solos en el universo o que no lo estemos. Ambas son igual de terroríficas”.

Desde hace 50 años funciona la organización Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI). No son hombres de negro ni reptilianos: la crearon el célebre divulgador científico Carl Sagan y el astrofísico Frank Drake –quien calcula que en la Vía Láctea hay 3.500 civilizaciones avanzadas tecnológicamente con las cuales podríamos comunicarnos- y la integran destacados científicos y académicos. En 1989 definieron un protocolo para confirmar la veracidad de una señal ET y proceder, lo que pasa por notificar a las “autoridades relevantes”, a la comunidad científica y luego al perraje de que hay seres inteligentes allá afuera que nos están llamando.

Esta delicadísima acción estaría a cargo del Grupo de Tareas de Post-Detección. Hoy el vocero de la humanidad, el encargado de decir “Bienvenidos extraterrestres, ¿cómo estuvo el viaje?” es Paul Davies, un destacado cosmólogo, astrobiólogo y divulgador científico británico, quien ha visitado Chile en el marco del Congreso del Futuro (un encuentro sobre la ciencia que organiza el Senado). Una vez que retorne el consenso básico a nuestro país de que de esta crisis sólo salimos con diálogo y con gestión política –después de que los alienígenas hayan emprendido el retorno a sus planetas, en la visión de la Primera Dama- sería muy interesante abordar y conocer la opinión ciudadana sobre este tema. Antes de su reelección, una encuesta del canal de TV de la National Geographic arrojó que una mayoría de estadounidenses, 65%, creía que Barack Obama manejaría mejor una invasión alienígena que su por entonces rival republicano Mitt Romney. Yo creo que ni Donald Trump ni Sebastián Piñera ni el Papa serían voceros aptos ante la estremecedora visión de cientos de naves de extraño brillo flotando en el cielo. Yo propongo que en ese momento estremecedor, Paul Davies también consulte con gente seria y con grandes habilidades comunicacionales como el profesor José Maza y el físico Massimo Tarenghi, asesores de los proyectos de planetario y observatorio astronómico para Pucón. Si la Humanidad se juega su destino que sea con los mejores entre nosotros.

*AstroLab es una fundación para la divulgación de la astronomía y la ciencia.