Nuestros concejales

De tiempo en tiempo nuestras editoriales se enfocan en un elemento clave para el desarrollo de nuestra comunidad: el concejo municipal. El órgano colegiado, elegido por voto popular, que tiene como principales atributos ser resolutivos, normativos y fiscalizar las acciones del alcalde y la municipalidad en general. Es decir, son una parte trascendental del tinglado administrativo público y tienen un mandato por ley para hacerlo. Apuntamos en ellos porque nuestro compromiso está con la comuna y su máxima institución de gobierno es, por cierto, la municipalidad. 

Y es en ese contexto que vemos con sincera preocupación la poca trascendencia que tienen sus acciones, dichos y posiciones en relación a la proyección de nuestra comuna. A veces pareciera no importarles aparecer casi como elementos decorativos que reales actores del acontecer local. A veces parecen amalgamados a un paradigma de funcionamiento municipal y abandonan con ello su rol fiscalizador. Un ejemplo reciente fue la interacción con la directora de Vivienda a raíz de la lista conocida por los departamentos de Manitoba. Las explicaciones de la funcionaria sólo pueden ser valoradas respecto a los hechos —y de eso no emitimos opinión— pero nunca en relación a intenciones. ¿Cómo una autoridad pública puede evaluar intenciones? ¿Cómo alguien puede meterse en la cabeza y sentimientos de otra persona para saber con qué motivación hizo las cosas? Dio la impresión, a ratos, que se trataba de la interacción entre amigos o aliados, con un trato inapropiadamente cercano en el que, incluso, se usaban diminutivos al nombrarla. Todo muy alejado de las formas del fiscalizador que la ley les exige y que la comunidad demanda. Un rol que no solo debe ser, sino que parecer.

También llama la atención la triste debilidad que pareciera sentir el cuerpo colegiado por las sesiones reservadas. Práctica muy alejada del momento actual en el que vive el país, en el que las decisiones de nuestras autoridades están siempre en la palestra y el escrutinio público. Pasó nuevamente en la última reunión y nada hace pensar que esto podría cambiar lo que, por cierto, no ayuda a generar niveles aceptables de transparencia que ayuden a la necesaria validación del actuar de nuestros políticos. 

Como medio creemos que es necesario profundizar de mejor manera el rol de nuestros concejales. Porque sus dichos no los definen, sino que las acciones que respalden esas palabras y discursos (la mayoría de ellos en redes sociales). No nos parece razonable aceptarles como figuras de acompañamiento. La democracia exige más que eso, exige cumplir un rol de escrutinio, de debate, de fiscalización razonable y constructiva por el bien de nuestra comuna. Los tiempos, la comunidad, y el mismo Pucón lo exigen así.