Crónica de un secuestro en Pucón: víctima relata las complejas horas que vivió en manos de sus captores

Abogado local contó en exclusiva la dura situación que vivió la tarde del martes cuando fue plagiado. Hay un detenido y la policía busca al sospechoso principal. Delincuentes arriesgan hasta 15 años de cárcel.

AMARRAS.- Según el testimonio del profesional, fue maniatado con unas esposas de plásticos similares a las de la foto de referencia.

“Él me dijo ‘yo tengo que conversar con usted, porque usted me tiene que ayudar’ y me deja el cuchillo en cuello”. 

Esta fue la frase que, en los hechos, marcó formalmente el inicio del secuestro que vivió un abogado puconino la tarde del pasado martes. El profesional, accedió a hablar con La Voz…, y puso como condición que su identidad no fuera revelada (solo se le identificará como Javier, pero es un nombre ficticio). Dice que tiene miedo, y la verdad es que se entiende. La experiencia, tal como la relató es dura y brutalmente golpeadora. Sobre todo cuando el sospechoso principal aún está prófugo y solo está detenido uno de los cómplices. 

La historia parte a las 14:50 horas del pasado martes 16 de junio cuando javier fue abordado por su secuestrador en el estacionamiento de su trabajo. El hombre, un conocido de la víctima por ser pareja de una ex secretaria que Javier, le hace unas consultas que tenían que ver con el ámbito laboral. Pero las intenciones eran otras.

“Yo iba a ingresar a mi auto y él me dice que si le podía hacer un favor. Me dice si lo podía llevar a un taller mecánico porque tenía su camioneta mala”, recuerda Javier, quien accedió a realizar el traslado por el Camino Internacional hacia el oriente. Pasada la rotonda, el hombre le dice que doble hacia la derecha y se meta por un callejón que está antes del servicentro Terpel.

Para entender la historia hay que volver sobre la ex secretaria de Javier. Ella, previo a la emergencia del Covid, acusó estar recibiendo malos tratos de su pareja (el hombre que abordó al abogado), por lo que decidía dejar su trabajo e irse de Pucón para iniciar una nueva vida en Concepción. Ese es el contexto que se marca como el gatillante del posible delito.

El punto es que ya en el callejón, y ante la inexistencia de un taller mecánico en el sector, es que Javier decide dejar a su acompañante ahí y devolverse. Según su testimonio, algo le indicaba que las cosas no estaban en orden: “Yo le digo, ‘acá no hay ningún taller mecánico’, y él me señala que avance porque es un amigo el que le iba a arreglar la camioneta. Yo noté todo muy raro, por lo que le digo que lo dejaría hasta ahí no más”. Pero es en ese momento que el acompañante saca un cuchillo grande y amenaza a Javier.

Luego de lanzarle frase con la que parte esta nota, el hombre le deja el cuchillo en el cuello. “Yo le digo que se tranquilice, que lo iba a ayudar, aunque yo no sabía qué era lo que él necesitaba, pero le dije que se calmara”, cuenta.

Ya bajo amenaza, Javier sigue conduciendo por el camino hasta llegar a una parcela con una casa en la que habían otras personas: “Ahí habían dos personas más las cuales estaban bebiendo alcohol. Yo los vi a la distancia y estaban tomando cerveza”.

Ya en el lugar, quien hace el papel de secuestrador le consulta a Javier si sabía el paradero de la ex secretaria del profesional. La pareja del hombre. La respuesta era que sabía que la mujer estaba en Concepción, aunque desconocía el domicilio. De ahí bajan del auto y el secuestrador, según el testimonio del abogado, amarra a Javier con unas esposas plásticas. “Me ponen las manos atrás. Ahí aparece una persona, se acerca a mí y me dice si los conocía. Me dice después ‘si tú no nos ayudas, yo mismo te voy a matar conchetumadre’”, relata el abogado. 

La historia de Javier apunta a que los hombres lo llevaron hasta el sector de Quelhue, lugar donde vivió otras experiencias violentas que prefiere reservar. El punto es que en algún momento deciden ir a Concepción en la búsqueda de la mujer. Así las cosas, el secuestrador y la víctima abordan el vehículo de este último y salen de Pucón.

“Él quería que lo lleve a Concepción con el fin de que yo hablara con la mujer en algún lugar y, posteriormente, él iba a aparecer y yo los iba a tener que traer a Pucón a la mujer y a la hija de ambos y ahí él me iba a dejar libre”, cuenta Javier, para luego agregar: “Usando un poco de estrategia y psicología empiezo a tomar algo de confianza y ahí lo logro convencer; le dije que lo entendía porque igual soy papá, que lo podía ayudar, pero que no me podía hacer nada porque herido o muerto no le serviría. 

Pero el viaje no duró mucho. Luego de convencerlo que solo hicieran el trayecto los dos, Javier también comenzó a argumentar en torno a que era mejor que solo fuera él solo (Javier) hasta la Octava Región. Por lo mismo se devuelven desde el sector Saint John: “Lo logro persuadir de que la mejor opción era que yo fuera solo. Lo persuadí hasta que lo convencí. Y en el sector de Saint John lo persuadí de que yo fuera solo. Ahí él accede”.

Ya de vuelta, el hombre le corta las amarras y lo deja frente a la Segunda Compañía de Bomberos. Pero antes, le puso una condición: si no cumplía mataría a Javier y la hija del profesional. “Ahí empiezo a pedir auxilio”, recuerda.

Según el testimonio de Javier, fueron cerca de tres horas de secuestro. Luego de obtener su libertad, el abogado llamó a sus seres queridos y posteriormente se dirigió a Carabineros a hacer la denuncia. Desde ahí la historia es ya conocida. La fiscalía dio una orden de investigar, por lo cual ya hay un detenido formalizado por secuestro. Pero falta el autor principal que se encuentra prófugo. Según Alejandro Cox, abogado de la víctima, los sospechosos arriesgan hasta 15 años de cárcel. 

“El detenido fue formalizado por secuestro consumado y dado que el secuestro fue sujeto a condición las penas aumentan de presidio menor en su grado máximo hasta presidio mayor en su grado mínimo a medio; por lo que las penas van de 5 años y un día hasta los 15 años”, dice Cox, quien agrega que la víctima está con protección policial y un entendible shock emocional por el violento delito que sufrió.