Boteros complicados con permisos de arriendo en la Playa Grande: La Armada los limitó a diez embarcaciones deportivas

El sindicato sostiene que se encontró con una inédita prohibición esta temporada de verano en la que si bien tienen libertad para alquilar botes a remo, no pueden hacer lo mismo con kayaks y bicicletas acuáticas. Autoridad naval dice que todos postulan a las concesiones en igualdad de condiciones y que no podían entregar más beneficios a la histórica agrupación.

CRISIS.- Los boteros dicen estar viviendo una crisis agravada por las limitaciones a los arriendos y que puede ser profundizado por un retroceso en el Paso a Paso del gobierno.

Un complejo momento dicen estar viviendo los tradicionales boteros de Pucón. Esto por las restricciones que, acusan, les ha impuesto la autoridad marítima para poder trabajar la concesión que tienen en la Playa Grande. El punto es que, según el presidente del sindicato, Juan Gatico, La Armada solo le permite mantener diez elementos de entretención o embarcaciones menores (kayaks o bicicletas de agua) para el arriendo a turistas; y la agrupación la comprenden cerca de 30 familias y la mayoría de ellas cuenta con el ingreso generado por este negocio de alquiler. Por lo mismo, según Gatica, que les permitan solo diez elementos, restringe la posibilidad de todos los boteros de trabajar en los meses estivales. Y la situación económica es complicada; sobre todo con la baja evidente de turistas por la pandemia del coronavirus.

“En la temporada de invierno nosotros postulamos como todos los años al arriendo de nuestras embarcaciones menores y la verdad es que se nos rechazó. Acá hay mucha gente que depende de esto y muchos no saben hacer otra cosa más que trabajar en el verano y vivir de los arriendos de sus embarcaciones, kayaks y bicicletas y la verdad es que La Armada no está limitando”, explica Gatica a La Voz….

El punto es que Juan Gatica apela a la historia de más de cien años de los boteros de Pucón y señala que más allá de las disposiciones a las que ellos se tienen y a la mesa público-privada que revisa las concesiones en la playa local, la agrupación tiene un derecho adquirido ganado en la historia del desarrollo turístico local: “Nosotros necesitamos que la autoridad nos autorice como todos los años. Nosotros nunca hemos tenido este problema y siempre hemos trabajado con todas nuestras cosas. Ahora hay una mesa de concesiones temporales y ellos están tomando las decisiones de quién queda o no queda y quién trabaja. Nosotros no somos temporales, somos un sindicato permanente y estamos durante todo el año acá. No nos pueden poner un límite de cosas”.

El concejal RN Cristian Hernández, quien apoya a los boteros en la solicitud de libertad de trabajo, sostuvo que los boteros tienen una especie de “derecho adquirido” para trabajar en el sector. “El sindicato de Boteros vive uno de los reveses más complejos en sus más de 115 años de vida. Son más de 30 familias que han traspasado el oficio de la pesca deportiva y arriendo de embarcaciones por distintas generaciones, en su histórica concesión en la Playa Grande de Pucón. Es en este último punto, arriendo de embarcaciones en el emblemático y conocido por todo sector los boteros donde se ha visto inmensamente perjudicado el gremio”, sostiene el edil, quien agrega: “A pesar del decreto supremo que tienen por derecho adquirido, el sindicato postula cada año a la Mesa de Concesiones Temporales. Entregando toda la documentación en la fecha que corresponde según bases y reglamento. Proponiendo proyectos que son atractivos, innovadores y necesarios para el espacio de concesión y toda la Playa Grande. Pero por extrañas razones, siempre se encuentran con respuestas desfavorables”.

Sobre el tema, el capitán de puerto, Héctor Rojas, jefe máximo de La Armada en la zona, niega que haya una arbitrariedad o encono en contra de los boteros. Apunta a que el permiso y concesión incluye dos elementos a comercializar y que el sindicato ya tiene la cuota con la posibilidad de arriendo libre de las embarcaciones de madera y la publicidad que tienen en su sede. Por lo mismo, se les negó en principio el arriendo de embarcaciones menores o de entretenimiento y los quitasoles. Eso sí, aclaran, después de una reunión de la mesa de concesiones sostenida la primera semana de enero se les amplió el permiso a las diez embarcaciones de entretenimiento (kayaks y bicicletas).

“Ellos como sindicato de boteros no tienen límite para arrendar sus embarcaciones a remo y que son de madera. Para eso no tienen límite a pesar de que no tienen una concesión marítima aprobada, ya que está en trámite para este efecto que es par amparar el uso de ese sector de playa para su actividad histórica que es el uso de botes de madera y también para tener en el lugar una caseta para guardar los útiles que usan”, explica el capitán Rojas que agrega que los boteros postularon a un permiso para poder tener publicidad, embarcaciones deportivas (kayaks y bicicletas acuáticas) y también reposeras y quitasoles. Según el oficial a todos los concesionarios se les autoriza solo dos rubros; por lo que al sindicato les permitieron la publicidad y la actividad tradicional que son los botes de madera.

“Ellos pedían también arrendar quitasoles, sin embargo se les negó este rubro porque el año pasado se sorprendió a miembros del sindicato arrendando sin autorización”, explica Rojas, quien agrega que la mesa decide beneficiarlos con el permiso de las embarcaciones deportivas, pero solo diez. El punto es que en el contexto de la pandemia y la necesidad de trabajar de los boteros, Rojas señala que todos postulan de la misma manera y en igualdad de condiciones “Ellos postulan de la misma forma que postulan las otras personas y los aportes que presentaron para este año, fueron inferiores en relación a los otros proyectos”. 

Pese a todo, los boteros no pierden la esperanza de poder liberar su posibilidad de arrendar libremente las embarcaciones deportivas. Sobre todo en el contexto de la pandemia, la baja de turistas y la siempre presente posibilidad de retroceder a cuarentenas de fin de semana o totales, lo que para ellos (y el resto de la comunidad local que vive del turismo) sería catastrófico.