Carlos Caszely: crónica de una pena en Pucón

*Por Rodrigo Vergara.

Un poncho blanco y negro (como su amado Colo Colo) con un gorro que le cubre casi hasta los ojos; un jockey y una mascarilla. La imagen, más el caminar lento y pausado —lejos de los amagues, piques y enganches del otrora crack albo— hace muy difícil distinguir que tras esa vestimenta está uno de los más grandes jugadores de fútbol que ha dado Chile. Es Carlos Caszely (72), multicampeón con su club de siempre, mundialista de la selección chilena (y quinto goleador histórico con 29 tantos) y además un referente en el deporte y en la vida que, pese a estar en sus años altos, se ha dado maña para no caer en el olvido con el que acostumbra pagar Chile a todos quienes le aportaron algo en el ámbito que sea. Además de eso, mi primer ídolo futbolístico y causante de varias peleas personales, luego de ese nefasto penal que perdió en el mundial del 82. Tragedia deportiva que, por cierto, superó con la pachorra y personalidad que le sobraba. No por nada era el “Gerente” (así lo conocieron en España donde jugó en el Levante y el Español). Y el hombre mandaba. 

Pero el Gerente camina cabizbajo. Habla con un tono débil. Y la causa de eso es obvia. En febrero de este año falleció quien fuera su esposa por casi 50 años, María de Los Ángeles Guerra. Y, la verdad, es que no lo ha superado. Llora cada vez que la recuerda. Habla de ella a cada momento. Y el amor que transmite aún es infinito. Fue sin duda la verdadera gran pasión de su vida y lo hace notar en cada frase y palabra dedicada a ella. Relata con detalles la madrugada de febrero en que se fue. “Tomados de la mano”, dice. El cáncer, como casi siempre, ganó ese partido. Pero Carlos sigue jugando el de él y, por lo que se ve, es en cancha contraria y a estadio lleno. No lo pasa bien. El hombre que se destacó en cada lugar en el que estuvo y que se puso frente a una dictadura (cuando la vida estaba en juego por hacerlo) dice no saber cómo salir bien parado ahora. “No hay esperanza”, repite. Y la verdad es que ver al ídolo infantil así quiebra el alma. Tampoco  es creyente. No tiene fe en un ser superior y sin fe no hay esperanza. Caszely lucha sin esas armas. 

Pero mientras la conversación fluye y se meten por ahí algunas escenas de goles convertidos por Chile y el albo; también aparece el otro Caszely: “Carlos Humberto” como él mismo se autodenomina. Ese que reacciona con personalidad y no se niega cuando alguien le pide una foto o un saludo por video. “Hola, te habla Carlos Humberto Caszely, espero Juan (o cualquier otro nombre) estés bien. Te saludo desde Pucón”, dice con la personalidad y la voz que le conocimos todos en los ‘70 y ‘80 cuando era el rompe redes aquel. Termina de hablarle al celular (esta vez de un carabinero que lo reconoció) y vuelve Carlos. El que camina pausado y sufre por su esposa fallecida. Él dice saber que convive con esas dos personalidades. Y el psicólogo que lo atiende —según relata el deportista—  también lo sabe y le recomendó que mientras “Carlos Humberto”, el ídolo, el Gerente, el rey del metro cuadrado; sigue arriba. Carlos, el ser humano, el real, el de carne y hueso, está en el suelo y hay que levantarlo. El problema, es que aún no sabe cómo hacerlo.

Por ahora, decidió venir a Pucón con sus compañeros de la generación 68 del liceo Darío Salas donde estudió. Dice que es su primera gira de estudios; ya que en su adolescencia el fútbol que tanto le dio, también le quitó cosas como estas: un paseo de curso. Se iba del pueblo este miércoles. Pero dejó varias fotos, amigos nuevos (como la familia Quiñenao que le mostró sus reliquias y lugares sagrados para su cultura mapuche) y una conversación con este cronista que alguna vez lo idolatró y que ahora solo le queda pedir a Dios que pueda reemplazar su lamento por alegría. No es mucho pedir; pero quizás para Carlos lo sea todo.

Al final de la conversación, lo que se iba a transformar en una entrevista periodística con la visita del crack a Pucón; quedó en un café y en un “don Carlos, no le voy a hacer la nota, pero le agradezco la conversación”. El hombre esbozó una risa y respondió “escribe de lo que hablamos”. Y aquí está el texto. Las palabras, nunca podrán capturar la pena en su esencia misma y tampoco entregarán la salida. Querer hacerlo sería presuntuoso y no hay humano que tenga ese poder. Al final, una selfie con el ídolo, mi ídolo infantil. Carlos siguió con el café; y “Carlos Humberto” se tomó más fotos con quienes esperaban que yo terminara la charla. El “Gerente” estuvo en Pucón. Pero Carlos Caszely, de alguna forma, se quedó acá.

*Rodrigo Vergara es periodista y editor de La Voz de Pucón

La selfie con el ídolo

La imagen es el recuerdo que dejó la conversación entre el autor de esta crónica y el ex futbolista.