Editorial
Perros, Pucón y el peligro urbano
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Las vacaciones de invierno están a la vuelta de la esquina y ese tiempo no es menor para nuestra actividad económica dependiente en gran manera del turismo. Por lo mismo se ve con buenos ojos el anuncio realizado por el alcalde Sebastián Álvarez del enrolamiento y los trabajos en el último tramo del camino al volcán que partieron esta semana. Esto, porque más allá de quién hizo o no las gestiones, es positivo que este anhelado sueño de tener una vía expedita hacia el principal atractivo turístico de la comuna —principalmente en temporada invernal— se materialice. Sin duda es un aporte al desarrollo de nuestra comunidad.
Junto a ellos también se valoran las actividades y eventos planificados para esta fecha que apuntan a lo mismo: atraer visitantes que puedan ayudarnos a llegar con algo de aire a la temporada alta de verano la que, pese a todo, sigue siendo la fuerza impulsora de la actividad económica local. Y eso entendemos, al menos por un tiempo, seguirá siendo de la misma manera.
Ahora, tal como aplaudimos lo del camino al volcán y los eventos planificados, es menester también poner el foco en las cosas que no están tan bien y ponen, de alguna forma, en riesgo nuestra imagen de una comuna —tal como lo repetía el anterior alcalde— SOL de “Segura”, “Ordenada” y “Limpia”. Se trata de lo que sucede en la principal calle de Pucón, la Avenida O’Higgins. Ahí, pulula una jauría de perros sin dueño identificado que hacen de las suyas frente a transeúntes y automovilistas. Estos animales, sin duda, se han transformado en un real problema de salud pública y, en los hechos, un peligro para residentes y visitantes.
Las denuncias sobre este tema se han reproducido hasta el hartazgo en redes sociales y los únicos que están “ganando” algo son las vulcanizaciones que viven una especie de “Navidad” adelantada con la gran cantidad de clientes que llegan a sus dependencias con los neumáticos rotos por mordidas. Como medio hacemos un llamado a las autoridades locales a buscar soluciones más allá de evitar la reproducción de estos perros. Sabemos que la Ley no obliga a los municipios a hacerse cargo del problema, pero creemos que la búsqueda del bien común siempre va más allá de lo que señala la Ley. Porque la norma solo es el piso sobre el cual se permite caminar. Por lo mismo entendemos que este es un problema que no puede seguir y que requiere una pronta solución.
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