Opinión
No se puede crecer cerrando una universidad
*Por Luis Burgos
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Pucón ha cambiado profundamente durante las últimas décadas. Ha crecido en población, en demanda, en movimiento económico y en complejidad social. Pero ese crecimiento no siempre ha venido acompañado de una expansión real de sus capacidades. Seguimos siendo una comuna que depende excesivamente del turismo, de la estacionalidad y de una economía que, aunque activa, no siempre logra sostener el futuro.
Nuestra vida económica se mueve entre visitantes, segunda residencia, inversión inmobiliaria, pequeños servicios y actividades rurales. Sin embargo, esa diversidad aparente muchas veces no alcanza para romper la fragilidad de fondo, meses buenos y meses malos, oportunidades que aparecen y desaparecen, empleo que se concentra y luego se debilita. Pucón crece, sí, pero no siempre crece hacia adentro.
Durante años, muchos jóvenes debieron migrar para estudiar. Y cuando se fueron, no todos volvieron. No porque no quisieran regresar, sino porque aquí no siempre encontraron condiciones para quedarse. Por eso, la presencia de la Universidad de La Frontera en Pucón no era solo una oferta académica, era una señal de arraigo, una apuesta por formar personas en la zona y una posibilidad concreta de construir capacidades propias.
Por eso preocupa el cierre de carreras técnicas en la sede Pucón de la UFRO. No se trata solo de perder programas de estudio. Se trata de reducir oportunidades en una comuna que precisamente necesita más formación, más especialización y más herramientas para diversificar su desarrollo. Cuando se cierran espacios de educación en un territorio que necesita ampliar su base productiva, lo que se debilita no es solo la institución: se debilita el porvenir.
No puede hablarse seriamente de diversificación económica mientras se achican las posibilidades de formar a quienes podrían hacerla posible. Pucón necesita técnicos, profesionales, oficios especializados, capacidades para el turismo avanzado, la construcción en sus distintas áreas, las energías, el medioambiente, la agricultura, la administración y la tecnología. Necesita personas preparadas aquí, no solo visitantes que vienen a consumir un paisaje que otros han sostenido con esfuerzo.
La contradicción es evidente. Se habla de desarrollo, pero se recortan herramientas. Se habla de futuro, pero se cierran puertas. Se celebra el crecimiento visible, mientras se empobrece la base humana que podría sostenerlo. Y en esa tensión, Pucón corre el riesgo de transformarse en un lugar donde otros invierten, otros trabajan y otros disfrutan, mientras sus propios habitantes deben marcharse para poder avanzar.
Una comuna no se mide solo por lo que construye en metros cuadrados o en cifras de ocupación. También se mide por la cantidad de oportunidades que es capaz de ofrecer a su propia gente. Y en ese plano, la educación no es un lujo ni un adorno, es infraestructura estratégica, es raíz, es continuidad.
Cerrar carreras en una comuna que necesita diversificarse es exactamente lo contrario de construir futuro. Pucón no puede seguir creciendo hacia afuera mientras pierde oportunidades hacia adentro.

*Luis Burgos es presidente de la Unión Comunal de Juntas de Vecinos Urbanas y también fue candidato a la alcaldía en la última elección municipal.
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