Celular salva a argentino y chilena atrapados en el cráter del volcán Quetrupillán

Jéssica Sánchez y Ezequiel Tello pasaron tres noches en la cima del macizo. Y si bien nunca estuvieron perdidos, las condiciones climáticas hicieron imposible que bajaran. Teléfono móvil que la joven supo mantener con carga lograba captar señal y así se comunicaron, primero con familiares y luego con una amiga, quien finalmente entregó los datos para la ubicación.

Esta imagen fue sacada en la zona de la cumbre del Quetrupillán momentos después de ser encontrados por Bomberos y Carabineros. (Fotografía gentileza Carabineros).

La verdad es que nunca estuvieron extraviados. Aunque sí capturados en el cráter del volcán Quetrupillán por las condiciones climáticas extremas. Y estas fueron las que impidieron que el argentino Ezequiel Tello (30) y la villarricense Jéssica Sánchez (28) pudieran cumplir con el plan que ellos mismos trazaron de subir el sábado y bajar al día siguiente desde la montaña conocida, simplemente, como “Mocho” por la forma de su cono explotado en alguna poderosa erupción.

Pero, al contrario de lo que se dijo en un principio, la pareja de amigos estaba medianamente preparada para la aventura. Tenían ropa adecuada, comida y una carpa que pudo soportar las temperaturas bajo cero, la nieve y el viento blanco. Pero también tomaron otro recaudo: mantener con carga el teléfono celular de la joven. Y para eso lo tuvo apagado y lo encendió para hacer las llamadas clave. Y además, se preocupó de resguardarlo siempre entre sus ropas o el saco de dormir para evitar que el frío lo dañe . Y a la postre, eso pudo salvarles la vida. O al menos, dar las alertas necesarias para iniciar los operativos de búsqueda.

El punto es que Jéssica y Ezequiel salieron, luego de chequear el clima, a las 10 de la mañana del sábado. La idea era hacer cumbre ese mismo día, pasar la noche ahí y bajar la mañana del domingo. Pero ya el sábado por la noche comenzó a nevar y la mañana siguiente la nubosidad y el temible viento blanco hicieron que la posibilidad del descenso se transforme en una potencial arma mortal. “Chequeamos el clima. Por eso salimos ese día, pero se nos adelantó todo un día. De hecho empeoró. El pronóstico decía ‘algunas nubes’, pero el sábado en la noche comenzó a nevar y fueron mucho más que algunas nubes. La segunda noche el temporal fue mucho más fuerte”, recordó la joven luego del rescate.

 

Aviso a la familia

Espacio Disponible

El domingo por la mañana, al ver que bajar era imposible llamaron vía celular (“No era sabio bajar con esas condiciones, podía ocurrir un accidente”, diría más tarde la joven). Primero al padre de Jéssica y luego a la hermana. Y el mensaje fue uno: si no podían bajar el lunes por la mañana, había que dar aviso a los organismos encargados de los rescates. Además, según Jéssica, siempre entregaron la posición en la que estaban: “Nunca estuvimos perdidos. Siempre la idea fue hacer cumbre en el Quetrupillán, no en Chinay, ni ir a la Laguna Azul (otros lugares del sector)”. Y así fue como partió la búsqueda que la tarde del lunes hizo salir al personal de Bomberos, Carabineros y de la municipalidad. Todo coordinado, de alguna forma, por el profesor y experto montañista Víctor Vera, jefe de la división de Turismo Aventura de la administración pública local.

Pero la búsqueda del lunes fue infructuosa. Por alguna razón los datos de la ubicación no llegaron a quienes debían y los rescatistas se dividieron en grupos para abarcar más sectores, ya que, obviamente, no se manejaba la ubicación exacta, pese a que —según Jéssica— la entregó en las dos llamadas que había hecho hasta ese día. La desazón se hizo sentir en los rescatistas por la probabilidad que todo desembocara en una tragedia.

Pero hubo una tercera llamada. A eso de las 8 de la mañana de este martes, Ezequiel tomó el celular de la compañía Wom que Jéssica supo mantener con carga y subió desde el interior del cráter a una de las cornisas del macizo y realizó la comunicación, que a la postre, permitió que la historia terminara con un final feliz. El argentino, nacido en Córdoba, marcó el número de María Alicia Barahona, dueña de la agencia Sur Extremo y amiga de él. Le explicó el lugar donde estaban guarecidos (en una roca que da casi en una línea al volcán Lanín). La mujer, de inmediato, dio aviso a Bomberos. Estos ubican a través de imágenes satelitales la roca mencionada por Ezequiel, sacan las coordenadas y entregan los datos a la base de búsqueda que estaba ubicada a los pies del volcán en una zona conocida como “Paraíso Escondido” (por cierto que la belleza del lugar rinde honores al nombre).

Luego de la llegada a la base de búsqueda carabineros del Gope hablan con los rescatados para tomarles sus datos.

Luego de recibida la información, las unidades de Bomberos y Carabineros que estaban divididas en dos: una por el sector de la Laguna Azul y otro que enfilaban hacia la cumbre; se reordenaron y los primeros tuvieron que desandar lo avanzado desde que comenzaron a rastrear en terreno a eso de las 9 de la mañana y seguir a los que iban hacia el cráter. Y a las 12:51 la buena noticia irrumpió por el sistema radial trazado por la Onemi en la base de búsqueda. La información, tal como se entregó, fue la siguiente: “12:48 se hizo el primer contacto a través de silbato; 12:50 grupo uno de avanzada ya está en contacto directo y desarmando el campamento para bajar”. Y en los hechos, fue el segundo comandante de los bomberos puconinos Eduardo Rivera, junto al voluntario Patricio Manqui, quienes llegaron primero hasta el lugar donde esperaban Ezequiel y Jéssica. Estaban salvados.

“La verdad es que siempre estuvimos tranquilos los dos, pero en la montaña nunca se sabe. El tiempo puede empeorar de un momento a otro. Los pronósticos, ahora me doy cuenta que no valen mucho. Nunca estuvimos así como inquietos o con miedo. Estuvimos tranquilos siempre”, recordó Jéssica Sánchez a los pocos minutos de bajarse de una de las cuatrimotos con que funcionarios del Gope de Carabineros acercaron a los excursionistas a la base. Y en efecto, no estaban con lesiones visibles o con hipotermia. Sólo se veían algo mojados y nerviosos. Y lo último estaba más que justificado por la fuerte experiencia que vivieron en la montaña.

El abrazo final de Jéssica Sánchez y su padre en el reencuentro. La historia tuvo un final feliz.

Ezequiel Tello, en tanto, agradeció a quienes lo rescataron. Se reía de algunas bromas que los voluntarios y rescatistas le hacían por un curso de guía de city tour que había realizado hacía pocas semanas (“Ya se cree experto montañista”, lo molestaban), pero pudo declarar tranquilo a los medios de prensa que al final de la jornada llegaron a la base de búsqueda. “Anoche fue muy, muy , muy duro. Mucho viento. Había como 80 o 90 kilómetros por hora en donde estábamos, pero por suerte andábamos bien equipados y pudimos pasar la noche bien”, dijo y reveló que estaban racionando la comida, la que podría haberles durado dos días más. También que la decisión era bajar este martes sí o sí. Ante la consulta si esta experiencia lo haría ser más temeroso a la aventura, la respuesta fue: “No. Sólo hay que tomar más recaudos”.

 

Condiciones desfavorables

Eduardo Rivera, voluntario bomberil y quien, en los hechos, comandaba la búsqueda en terreno explicó que las condiciones eran muy desfavorables para el rescate. “Había bastante viento, poca visibilidad y nevazón. Y ese fue el principal impedimento como para poder llegar en helicóptero”, explicó el segundo comandante Rivera, quien agregó: “Tuvimos que recorrer gran parte de la cumbre para poder encontrar a las personas que estaban dentro del cráter. De acuerdo a las condiciones que había arriba fue la mejor decisión quedarse en el cráter. Ellos contaban con equipo para estar allá refugiados”.

Sobre las recomendaciones para este tipo de actividades, Rivera fue claro: “Chequear bien el clima, tener los implementos adecuados y conocer la ruta es lo más básico”.