La historia de la Tía Eli: la pasión que rescata a niños en Los Arrayanes

Helga Soto es una reconocida dirigente y directora técnica en las diferentes series del club de fútbol de la popular población; pero tras ella hay un relato que estremece y estimula a salir adelante, pese a los problemas.

Por Francisca Jarpa P.

“Amor y pasión es todo lo que necesitaban los chicos del Club los Arrayanes”. Las palabras son de Helga Soto, más conocida como la Tía Eli, directora técnica (asistente, dirigente, aguatera, kinesióloga y prácticamente todo lo que un equipo de fútbol demanda) del Club Deportivo los Arrayanes de Pucón. La frase la usa para contar sobre uno de los principales motores que dieron inicio al arranque del club de fútbol, en el cual se benefician varios jóvenes y niños que al practicar este deporte quedan menos expuestos a la compleja y —a veces desconocida— vida que trae la pobreza en Pucón.

Pero la historia de Helga y el balón tiene un inicio. Y es claro. Ella cuenta que tras fallecer su primer esposo —con quien se casó a los doce años, quedó devastada y fue su padre quien tuvo que viajar a Argentina (donde ella residía) para ofrecerle una nueva vida en Chile. Eli con apenas 20, viajó con sus cinco hijos y su actual pareja —con la cual también formalizó el vínculo– y finalmente llegaron a vivir a Pucón con la incertidumbre de qué les depararía el futuro. 

En el equipaje de Helga venía, casi como única pertenencia, una máquina de coser y la fe de qué algo bueno los estaría esperando a ella y su familia en el sur de Chile. “Con esta máquina nos vamos a ganar el puchero”, le decía Helga a su marido. Ahora vive en una pequeña casa ubicada al final del pasaje los Tilos, en Los Arrayanes. Dice que cuando recién llegó era un espacio de adobe de apenas 30 mts2. Ahora construyó un living que se ha transformado en una tribuna de estadio para los chicos que entrena cada vez que hay un partido de fútbol importante en la TV. Dice que su casa es la sede del club.

NIÑAS.- La imagen muestra a parte del grupo de niñas que son entrenados por Helga en Los Arrayanes. Todas con la camiseta del popular club de barrio local.

Eli siempre fue apasionada del fútbol. Iba mucho a ver partidos a la cancha del club Cóndor de Pichares, y en ese mismo lugar fue que llegó cuando estaban en una reunión para convocar la nueva directiva del equipo. Según ella, la vieron tan motivada que la invitaron a formar parte del comité para ser la secretaria del club. Ese fue el primer hecho que marcó su carrera como directora técnica. 

Tras aceptar la oferta Eli hizo un llamado a los jóvenes que quisieran ser participar del equipo a motivarse con la limpieza de la cancha, ya que al principio solo contaban con un terreno vacío, lleno de escombros y sin los límites para ver la medición de la cancha. Comenzaron a limpiar los escombros y fue de esa manera que empezaron a establecerse como división deportiva de fútbol. 

Pero la historia futbolera de la Tía Eli siguió en su misma población. Con la ayuda de Claudio González, padre de la reconocida triatleta local, Génesis González, la mujer pudo comenzar a formar su propia escuela de balompié. La movía, según dice, la esperanza de que los jóvenes que ella veía desperdiciando su tiempo en la calle, formasen parte del equipo en vez de no hacer nada. 

El primer día que formaron el equipo se presentaron quince alumnos, quienes al cabo de tres días se convirtieron en un grupo de 60 jóvenes, tanto mujeres como hombres. Se veían apasionados por el juego, pero con una problemática no menor: la falta de recursos.

Sin balones, cancha, ni equipo deportivo, solo el entusiasmo de los niños, fue que comenzó a convertirse en el ahora destacado club de la población de Los Arrayanes con su nueva directora técnica, algo muy poco usual para ese tipo de deportes. 

Por iniciativa propia todos los miembros del equipo fueron a buscar una escoba y pala para limpiar un terreno baldío aledaño a la población y posteriormente convertirlo en una cancha de fútbol de tierra. Esto tras el rechazo por parte del director del colegio de la villa, quien dijo que no podían prestarles el patio del recinto educativo a los jóvenes por su mal comportamiento. Palabras que probablemente la motivaron más aún.

Al principio, cuando recién estaban formando el equipo Eli tuvo que pasar por varios obstáculos. El terreno aún no estaba apto para practicar, no había indumentaria deportiva, sin ayuda de particulares. Solo estaba la motivación y ganas de jugar por parte de jóvenes que no contaban con una buena situación económica y que veían este deporte como la única esperanza de poder ejercer y también que acudían a Helga como una segunda mamá y un ambiente seguro donde se pueden expresar sin miedo. 

El club como tal, dice Eli, tenía una deuda histórica con Asociación Nacional de Fútbol Amateur (ANFA) de Pucón de $500 mil, pero fue dejada en cero cuando la mujer aceptó la invitación a presentar series menores en el torneo local. De ahí las divisiones aumentaron y ahora juegan en casi todas las categorías. Siempre con ella como cabeza visible. En paralelo le tocó lidiar con un cáncer uterino que la tuvo complicada y del que ahora está recuperada totalmente. “Si Dios me dejó acá es porque alguien me necesita”, dice quien pone el cariño y el amor por los chicos como pilar en el desarrollo deportivo: “Los que conforman el equipo solo son jóvenes carentes de cariño, lo único que les di yo fue amor, que es lo único que necesita cualquier persona junto con el respeto”. Y así fue como pasaron de ser un grupo desordenado y con mala fama a un ejemplo de plantilla deportiva.  

Ahora con camisetas limpias, acatando las reglas del juego y respetando las órdenes de su directora técnica, fue que se convirtieron en jóvenes honorables que destacan en este deporte y es que gracias al apoyo de Helga es que ahora cuentan con un fonoaudiólogo, nutricionista y un equipo base de balones, canilleras, cancha propia y con camarines —sin luz ni agua—, pero propios. 

Actualmente se encuentra disputando con varias series el primer torneo post pandemia organizado por ANFA Pucón. Ha ganado y perdido pero siempre dejando todo. Tal como los que le pelean y le ganan a la vida. Y eso es lo que trata de transmitirle a sus jugadores: “Esto es una pasión que la compartimos todos y cuando hay ganas se ve reflejado en la cancha”. Y sin duda que es así.