En el nombre del padre: la historia de superación que hizo renacer a Áridos Torres

Tras los complejos momentos que se vivieron tras el fallecimiento de Rudy hace un poco más de un año, las hijas Daniela y Camila, junto a la viuda María Angélica se hicieron cargo con singular éxito de la empresa familiar que parecía condenada a desaparecer. Definitivamente no fue así. 

Por Francisca Jarpa P.

LA FAMILIA.- Las hijas de Rudy, Camila (a la derecha) y Daniela (a la izquierda sin gafas, junto a la esposa de Rudy María Angélica, son las encargadas de sacar adelante el negocio familiar.

La historia de Áridos Torres comienza con un carretón y dos caballos percherones —una raza de equinos que se destaca por su robustez— ideales para el tiraje, el “Gringo“ y el “Encachao”. Rudy Torres, el desaparecido impulsor del emprendimiento, los adoraba con su vida, recuerda Camila su hija menor. Los dos animales eran idénticos y con ellos iba en la mañana y con su pala a sacar material del río, el cual después vendía por metro cúbico. 

Camila y Daniela (su hija mayor), dicen que su padre amaba a esas bestias. Los cepillaba, les inyectaba vitaminas y él mismo los herraba, pero para ellas lo mejor era cuando llegaba del trabajo y dejaba el carretón en el pasaje donde vivían. Salían todos los niños a jugar con la carroza e imaginaban que eran jinetes. Esos son uno de los recuerdos más lindos, según dicen.

Con el pasar de los años fueron surgiendo nuevas necesidades. Rudy tuvo que vender su apero, carretón y los caballos, porque Daniela, pasó a enseñanza media y el colegio al que se cambió era caro, lo que trajo como consecuencia la adquisición de un pequeño camión. Había que hacer crecer la empresa para atraer más dinero, lo que se materializó por el espíritu emprendedor de Rudy. Desde ahí en adelante, las ventas de materiales de construcción serían por tracción a motor y no a sangre. 

Así fue como pasó de carretón tirado por caballos a camión usado, luego la compra de uno cero kilómetros, sin tolva, pero nuevo. Estos pequeños cambios fueron el comienzo de la modernización de la empresa familiar que lograron facilitar un poco el trabajo. Para finalmente, con el pasar de los años, surgiera la compra de otro camión al cual le mandó a poner tolva, y así no volver a cargar con más con la pala. Ese último camión, es el mismo que manejan sus hijas hasta el día de hoy.

La última adquisición antes de que Torres dejara esta tierra (decidió poner fin a su vida a fines de 2020), fue la compra de un cargador frontal, mejor conocido como pala mecánica, Camila cuenta entre risas: “Con esa máquina cargábamos el camión, eso sí que fue un vuelco de modernidad”. 

Áridos Pucón es una empresa familiar que se dedica al repartimiento al por menor de arenas, gravillas, ripio, bolones y distintos materiales de construcción. Las hijas de Rudy Torres, Camila y Daniela, junto con su madre María Angélica Sepúlveda, han sido capaces de hacerse cargo y mantener la tradición familiar, a pesar de todo el dolor que sufrieron tras la pérdida de un padre y marido.

Camila, la hija menor de Rudy, reconoce que fue muy difícil seguir con un trabajo que realizaba su padre, además porque también quedó un dolor muy grande después de su muerte. Ahora Camila tiene 27 y Daniela 32, y son las que manejan la empresa junto a su madre. “Mi papá tenía un lado super machista, siempre quiso tener un hombre y no le resultó así. Es por esto, que nos decía ‘mis wachitos’, a mi y a mi hermana. A nosotras siempre nos dio lo mismo, pero era divertido ver al tipo de panorama que nos llevaba, uno de ellos era las carreras de caballo, porque mi papá siempre fue fanático de los equinos”, dice Camila. 

Otra de las características que tenía Rudy, cuentan sus hijas, era su generosidad. A él le gustaba ayudar a otros sin recibir nada a cambio. Camila relata que una vez a un conocido se le quemó una casa y él, a pesar de que no había vendido mucho cuando pasó ese accidente, fue a dejarles un sobre con plata. Sus hijas recuerdan con emoción que: “Por lo mismo es que a mi papá lo recuerdan con tanto cariño, era solidario, lleno de valores y las personas lo querían mucho por su generosidad”. 

Pero una de las preguntas que salta es cómo pudieron sacar adelante la empresa del papá sin el papá. El punto es que más allá de las consideraciones personales sobre la dura labor de la venta de áridos, la clave estuvo en el apoyo de los mismos clientes que pudieron confiar en las hijas de Torres. “Recuerdo las primeras semanas —dice Camila— al salir a la calle, las personas me tocaban la bocina, me enviaban mensajes de apoyo y amor, o simplemente me regalaban un abrazo honesto que me recomponía el alma”.

A pesar de todo el dolor por el cual tuvo que pasar la familia de Rudy, hubo otros factores importantes que les permitieron seguir adelante. Entre ellos estaba la disciplina, el orden financiero, apoyo de familiares y amigos; pero lo más importante fueron las ganas que siempre mostraron Rudy y su mujer, María Angélica, de ir mejorando las condiciones laborales. Y eso marcó a la generación que le precedió.

Explica Camila que cuando trabajaban solo con el carretón involucraba mucho sacrificio sobre todo en términos físicos. Hay que considerar que Pucón tiene muchas adversidades climáticas y en invierno se les hacía muy difícil cargar y descargar los materiales a pala, por lo que el esfuerzo de María Angélica y Rudy de cambiar el carretón a un camión dio sus frutos y facilitó con eficacia el modo de trabajar. 

¿Pero qué efectos puede provocar en la gente cuando ven a una mujer manejando un camión con áridos? Daniela, la hija mayor, lo explica sin complicarse en demasía. “En un principio la gente se sorprendía mucho al ver a una mujer trabajando en una empresa de áridos y es que este rubro siempre ha sido muy masculino, la mayoría de los clientes y proveedores son hombres”, dice y agrega: “Cuando los saludaba de mano, notaba un nerviosismo por parte de varios, pero de a poco se ha ido normalizando y ahora es más cómodo que al principio”. 

Por ahora la vida, luego del golpe de la muerte del papá, parecía que les tenía reservado un camino diferente al que ellas planificaron inicialmente. Por ejemplo, Camila estudió pedagogía y asumía que la enseñanza era lo que movería su vida. No fue así. La vida a veces nos tiene preparados otros caminos, nunca imaginé en mi vida trabajar en esto, pero me ha servido como crecimiento personal, la pedagogía, por su lado, ha sido un complemento que me enseñó a ser organizada y eso nos ha permitido un trabajo más eficiente en los áridos”, cuenta con tranquilidad Camila Torres. 

Al final las “empoderadas” hijas del extinto, recordado y querido Rudy Torres dejan un mensaje para todos los emprendedores locales: “La unión hace la fuerza, no importa tu género o el rubro, lo importante es que mientras haya profesionalismo, cariño y ganas siempre se podrá seguir adelante, a pesar de las dificultades que te presente la vida”. Si ellas lo dicen, por algo será.