Opinión
El boldo de Brasil con Ansorena: salvemos nuestro patrimonio
*Por Iberia Torres Abelaira /Fotografía Rodrigo Navarro
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El temporal de puelche que azotó Pucón está semana partió por la mitad uno de los testigos más antiguos del pueblo, el añoso boldo que se alzaba firme en la esquina de calle Ansorena con Brasil. Una parte yace en el suelo, con su tronco abierto como una herida. La otra parte quedó en pie, desnuda y expuesta al viento.
Este árbol nativo, Peumus boldus, lleva probablemente más de un siglo vigilando el crecimiento del pueblo. Ese sector fue parte de un espeso bosque nativo que rodeó Pucón por décadas hasta principios de los años 40. Fue entonces, cuando el primer trazado del pueblo se hizo insuficiente, que las autoridades decidieron que Pucón debía crecer hacia el sur y para lograr ese objetivo remataron 50 sitios entre la Av. Argentina (Av. O’Higgins) y el Resguardo (La Variante Internacional).
Mis padres compraron en 1944 la esquina de Palguin con Brasil y terminaron de construir su casa en 1946, a 100 metros del boldo que hoy todos queremos salvar. Nosotros también teníamos un gran boldo en el patio de nuestra casa, seguramente de la misma época del boldo en cuestión, pero el “nuestro” ya no existe.
El recuerdo que tengo es que en ese sector había muy pocas casas y muchos potreros. Todos los niños jugábamos en la calle: pichanga, gallina ciega, los “pillitos”. Con mis hermanos caminamos muchas veces desde Brasil con Palguin, a Ansorena con Brasil, donde está el boldo y seguíamos de ahí una cuadra al sur al flamante hospital para visitar a la madre Teola que era quien nos ponía las inyecciones.
Poco a poco se fue deforestando el bosque para llegar a los que hoy conocemos. Se construyeron calles, veredas, casas, negocios, escuelas, patios, jardines, pero este testarudo boldo de calle Ansorena resistió al “progreso”. Habrá cientos de puconinos y turistas de todas las edades y décadas que crecieron bajo su sombra.
Hay que tratar de evitar que se caiga por completo. El Puelche se llevó una parte de nuestro árbol. A Pucón le toca decidir qué se puede hacer con lo que queda. Ojalá que el municipio lo pueda proteger. Porque cuando cae un boldo así, se lleva años de historia con él.

*Iberia Torres Abelaira es socióloga y autora del libro“Pucón, Así era mi pueblo: 1983- 1969“.
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