Opinión
Todos vivimos en el país de Messi
*Por Rodrigo Vergara
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La pasión por el mundial sin duda que se vive diferente en la Argentina. Y no solo porque son los actuales campeones, sino que porque sienten el fútbol de otra manera. Es como una especie de religión pagana que tiene un dios (Maradona) y ahora una especie de mesías, el actual 10 de su selección, Lionel Messi.
Y este último, a sus casi 40 años, sigue rompiendo redes y récords en la actual cita mundialista que se juega en Estados Unidos, México y Canadá. De hecho, es el goleador del certamen con cinco tantos y esas mismas anotaciones lo tienen como el romperedes histórico de las copas del mundo con 18 anotaciones (una locura la verdad). De paso, también tiene el récord, junto al portugués Cristiano Ronaldo, de ser el futbolista con más copas del mundo jugadas, seis en total.
Dicho todo lo anterior, me tocó estar este fin de semana en el país vecino por un asunto familiar. Y, por lo mismo, tuve la oportunidad de ver el final del partido que la albiceleste jugó frente a Austria el domingo que recién pasó en la cafetería de un servicentro en la vecina Junín de Los Andes. Y ahí estaba yo admirando al que considero es el mejor jugador de todos los tiempos (por calidad y estadística) frente a un televisor y junto a un grupo de hinchas argentinos, quienes entre mate y facturas apoyaban a su selección y a Messi que, de alguna forma, acapara todas las miradas y elogios.
Al final del partido me di maña para hacerles la gran pregunta que todo argentino futbolero debe responder en su mente alguna vez en la vida. “¿Con todos los números, supongo que queda zanjada la disputa sobre quién es mejor: Messi o Maradona?” Este último campeón del mundo en el 86 y dueño de una historia que partió en una villa miseria en Buenos Aires, siguió en las canchas de los “Cebollitas” de Argentinos Juniors, se paseó por La Bombonera con Boca, siguió en Europa y se consagró en México con la Copa Mundial ganada de manera magistral.
Y la respuesta de los hinchas me llamó la atención: “Noooo, no se comparan”; “son diferentes”; “Diego es único” y al final la guinda de la torta: “Messi fue a ver a Trump y esa no se la perdonamos”. Y esto último me llamó la atención. La comparación era eminentemente futbolística. Pero para ellos no importaba que por números y resultados la carrera de Messi fuera, en los hechos, infinitamente superior a la de Maradona. A saber, Messi goleador histórico en Copas del Mundo, el que más partidos mundialeros ha disputado, el que más copas jugó, estuvo en dos finales, una ganada.
Además de todo lo anterior tiene una carrera intachable (adentro y fuer de la cancha) que alarga hasta ahora en un nivel superlativo. Cosa que, para ser honestos, los maradonianos no pueden argumentar por los excesos y extremos de la vida del fallecido “10”. Según los expertos, en este Mundial 2026 estamos viendo al que probablemente será considerado como el mejor jugador de todos los tiempos. Y eso en una disputa con el brasileño Pelé que, a la luz de los resultados, es el único que puede decir otra cosa con tres copas del mundo obtenidas (1958, 1962 y 1970), con él en dos de ellas a plenitud. El 62, en Chile, “O’Rey” solo jugó un partido y no pudo salir de una rebelde desgarro que lo marginó en el segundo encuentro de la fase de grupos del histórico mundial chileno.
Pero más allá de los números, me llamó la atención que “el pecado” de Messi para los argentinos con los que hablé sea haberse reunido con el mandatario estadounidense. Y esto en el contexto donde el republicano recibió al plantel del Inter de Miami luego de que salieran campeones. Es decir, el argentino fue uno más en una delegación de 20 ó 30 personas. Raro para un pueblo dados a las pasiones idolátricas (sino cree vaya a ver una estatua gigante del astro en Cutral Co, provincia de Neuquén a unos 300 kilómetros de Pucón) en las que a sus “ungidos” se les perdona todo o casi todo. Maradona fue un ejemplo de eso. Y claro, tampoco les hace ruido que el nacido en Villa Fiorito (Maradona) haya sido un devoto de Fidel Castro, líder de la revolución cubana comunista que, para ser honestos, no era un modelo de demócrata para seguir y honrar.
Como sea, eso de que “el dato mata al relato” pareciera que no funciona en Argentina, al menos no con la comparación de Messi y Maradona. Y para ser honestos, tampoco funciona mucho en Chile y casi todos los países de nuestra América. Nos gustan las historias románticas o el realismo mágico. No importa si apoyamos dictadores que hacen una revolución que tarde o temprano termina en miseria con tal que su vida quepa en una canción o de para un buen guión de Netflix. Hay historias que simplemente se cuentan mejor que otras, y eso sin importar el resultado.
Y seamos honestos. En nuestro continente tenemos a los mejores contadores de historias del mundo. Lo malo de eso, es que no están solo en la literatura o en la música. También están en la política y en varios otros quehaceres de la vida. El problema de eso es que muchas veces no sabemos diferenciar la realidad de la ficción o más terrible todavía, nos quieren pasar por realidad la ficción. En fin, después de mi pasada por esa cafetería de servicentro en Junín entendí que, de alguna manera, todos vivimos en el país de Messi.

*Rodrigo Vergara es periodista y editor de La Voz de Pucón.
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