Motos, bicicletas e incluso aeronaves son las principales amenazas al ecosistema del Parque Nacional Villarrica

Las alertas están encendidas por los usuarios que transitan los senderos habilitados sólo para trekking en vehículos sobre ruedas. Además de avionetas y helicópteros que promueven el turismo fotográfico y dejan a deportistas en los picos más altos para descensos. Familia de cóndores ya no enseña a volar a sus crías en la cima del volcán.

El guardaparques Felipe Ortega observa las huellas de motos y bicicletas en uno de los senderos del Villarrica.

La mañana es fría y nubosa. Y en las 53 mil hectáreas del Parque Nacional Villarrica quizás la sensación térmica sea aún más baja que en el valle. Pero en la reserva natural la vida sigue su curso. Y los guardaparques profesionales hacen sus evaluaciones luego de la reciente temporada de verano. Y, tal como viene ocurriendo desde hace varios años, los problemas son evidentes. En rigor, los funcionarios han identificado una serie de al menos 40 amenazasque tienen con todas las alertas levantadas a las autoridades de la Corporación Nacional Forestal (Conaf). “Y es necesario hacer conciencia”, dicen.

Pero son, quizás, los ingresos en motos y bicicletas lo que, se considera, la amenaza número uno de los frágiles ecosistemas naturales que se encuentran en el parque. Así lo señala Felipe Ortega, biólogo en gestión de Recursos Humanos y encargado de conservación del Villarrica. “Dentro de las categorías de amenazas que tiene el parque nacional, las antrópicas, o generadas por el hombre, ocupan gran parte de esta lista. Este es un parque nacional que está dada por su configuración geológica, dados los diversos impactos que han generado la formación geológica que tiene, la vegetación que tiene es relativamente frágil y actividades como el ciclismo de bajada, el motociclismo, cuatrimotos y buggies generan un impacto directo a la vegetación y a especies de fauna que les cuesta mucho establecerse dentro del parque”, cuenta Ortega, quien también es guardaparques dentro del complejo.

Y al hacer un recorrido breve por algunos de los senderos que están cercanos a la caseta de Conaf en el principal acceso al Volcán Villarrica, macizo que está al interior del parque, es fácil darse cuenta de las huellas que dejan las motos y las bicicletas. Todo esto, pese a los esfuerzos de guardaparques para poner trabas (como escalones o reforzamiento de cercos) para evitar los accesos. El mayor problema, en principio, estaría por la gran cantidad de entradas que Conaf no tiene cómo controlar. Algunas huellas naturales y otras en predios particulares colindantes con el parque:“El parque nacional tiene caminos que sí son de uso público, los cuales estos vehículos sí pueden utilizar, pero los senderos no están habilitados para recibir motocicletas o bicicletas. Hay una situación de descontrol. Las personas quieren llegar cada vez más lejos en estos medios. Hacen caso omiso de las señaléticas. Nosotros hemos hecho un esfuerzo en instalar señalética indicando que no es posible ingresar, pero no se condice cómo se comportan las personas dentro del parque nacional”.

 

Avionetas y helicópteros

Por los vehículos motorizados sobre ruedas no son el único problema. Últimamente avionetas y helicópteros también se han transformado en una complicación. Eso, por volar demasiado bajo. Es más, Ortega, señala que una familia de cóndores que por varias temporadas usó la cima del volcán para enseñar a volar a sus polluelos, dejó de estar debido —según él— a la molestia generada por las aeronaves. Las avionetas, por cierto, apuntan a fotografiar el cráter y los helicópteros generalmente son utilizados por turistas de gran poder adquisitivo para bajar por la ladera del volcán en tablas de snowboard o más abajo y también en otros cerros aledaños, en bicicleta.

Las bicicletas son uno de los principales problemas de la reserva.

“El ascenso al cráter del Volcán Villarrica es, prácticamente, una de las actividades imperdibles en la ciudad de Pucón. Es gente que viene de distintas partes del mundo a subir al cráter. Y una de las cosas maravillosas que tiene esta actividad es el poder ver a familias de cóndores en la parte alta. Eso hasta hace poco, porque el tema de los helicópteros y avionetas terminaron, prácticamente, porque la fauna optara por otros cerros u otras alturas para enseñar a volar a sus crías. Y ese espectáculo ya se perdió”, argumenta Felipe Ortega, quien agrega: “Diversos guardaparques han registrado, no tan solo en el Volcán Villarrica, sino que también en el Quetrupillán, helicópteros que bajan a personas en bicicletas para que hagan sus bajada”.

Uno de los grandes problemas, según el profesional, es que las agencias locales siguen vendiendo este tipo de tours. “Desde hace años se sabe que el desarrollo y la ecología son factibles. No son excluyentes, pero entendiendo que hay un límite que tiene que ver con la capacidad de uso de los lugares. ¿Cuál es el reclamo de los empresarios turísticos? Es que nosotros decimos que no se puede hacer nada dentro del parque nacional; pero efectivamente hay sectores del parque donde no se puede hacer nada y aquí es donde está esa falta de conciencia o donde no han sido capaces de darse cuenta los impactos”, asegura el profesional.

Consultado por este tema, eso sí, el jefe de Turismo Aventura municipal, Víctor Vera; éste opinó que no existen agencias formales que vendan este tipo de tours en Pucón. Aunque sí pueden haber informales que lo hagan. “El Parque Nacional Villarrica es administrado por una escasa cantidad de guardaparques. La operatividad de las agencias y empresas lo hacen en las ascensiones al volcán de forma formal. También de forma formal bajan los ríos. Pero la cantidad de gente que va en moto y en bicicleta lo hace forma particular. ¿Por qué ocurre esto? Debido a que el parque tiene mil entradas que no están controlados y es muy difícil que se haga con la pesca sa cantidad de guardaparques. A veces, hay accidentes que nadie sabe. Y uno se entera por el rumor”, asegura Vera, quien agrega: “No existen agencias formales que puedan vender este servicio sin informarlo. Puede que existan informales”.

Una imagen muy reveladora: un árbol de la reserva macado por turistas.

Pero independiente del cómo se generan los ingresos en este tipo de vehículos, en los hechos están provocando un daño considerable en la flora y la fauna. Y eso, sumado, al permanente problema de la basura dejada por el turismo regular (ese que hace el trekking o la ascensión en el contexto de lo legal); la situación se torna cada vez más compleja.

“Cuando nosotros planificamos las áreas silvestres protegidas. Cuando diseñamos un sendero, cuando diseñamos una ruta o una excursión guiada, queremos que la persona se vaya con una experiencia que sea enriquecedora para su vida. Venir a un parque nacional tiene que permitirte una conexión con la naturaleza y hoy día lamentablemente no me atrevería a decir que estamos brindando ese servicio. Al ir caminando por un sendero con una muy bonita vegetación y ver basura, pañales, huellas de bicicleta o árboles rotos, esta experiencia se acaba”, retoma Felipe Ortega.

Por lo mismo, es que Ortega junto al administrador del parque, Jorge Paredes, estuvieron en el último concejo municipal para promover una ordenanza que trate de poner cortapisas más altas y sanciones a quienes infrinjan la normativa. La idea, es poder darle una protección mayor a las casi 60 mil hectáreas ubicadas a minutos de Pucón: “Acudimos al concejo municipal de Pucón por las buenas relaciones que llevamospara impulsar un cambio de conciencia dentro del empresario turístico, dentro del visitante, dentro de los municipios que forman parte de la reserva de la biósfera (Panguipulli, Curarrehue y Villarrica, además de Pucón) para empezar a que nuestros vecinos también se hagan cargo de los parques nacionales”.

El concejo municipal, en tanto, se comprometió a apoyar una ordenanza que pueda restringir y sancionarlos ingresos no autorizados que dañan al ecosistema.