La vacuna y sus lecciones

La vacuna llegó a Chile y a Pucón y aunque los agoreros de la tragedia y aquellos que viven para twittear y criticar al Gobierno esperaban una tragedia y una tardanza en la entrega del inoculador del Covid-19 gracias a Dios, por el bien de la gente,  sus previsiones no se cumplieron y estamos recibiendo, primero que toda Latinoamérica las dosis de vacunas. 

Y aunque hay críticas a la forma de distribuirlas, por ignorancia o por criterios divergentes tenemos ya en nuestro país más de 4 millones de dosis disponibles (y más de 30 millones aseguradas si es que no ocurre nada extraño) y mientras  se escriben estas líneas más de 400 mil personas, principalmente adultos mayores y funcionarios de salud, la han recibido. Somos grandes y la envidia de muchos países del vecindario.  

La vacuna también está llegando a nuestra comuna y ya tenemos más de 1.200 dosis disponibles y seguramente llegarán más. Podría entenderse, aunque falta mucho aún, como el principio del fin de esta pesadilla y nos permite enfrentar con esperanza lo que se viene. También nos demuestra  la relevancia de la solvencia económica del Estado para mejorar la calidad de vida de sus habitantes (las vacunas no son gratis y ha habido que pagar mucho por ellas). Muchas lecciones útiles, pero quizás la más relevante es la fragilidad del hombre, que frente a lo invisible y microscópico se ve fácilmente abatido. Si no entendemos esto seguiremos atados a la arrogancia y vanidad de la vida. Debemos ser vacunados también contra ella por cuanto no produce nada más que destrucción, soledad y en su estado permanente muerte. 

La pandemia seguirá presente y no veremos resultados hasta un semestre más, aún seguirán muriendo nuestros amigos, conocidos o familiares y por eso debemos seguir cuidándonos como el principio, pero al menos, mientras nos resguardamos, podemos sacar algunas lecciones en limpio que nos permitan seguir adelante y ser mejores que lo que éramos en marzo de 2020.