Cuarentena en Pucón: llueve sobre mojado

Esta editorial se escribe cuando solo han pasado algunas horas desde el inicio de la cuarentena total decretada por el ministerio de Salud para tratar de bajar los contagios (que se dispararon) de Covid-19 en la ciudad. Y el efecto fue claro desde los primeros minutos de la drástica medida. Cambiamos las calles llenas de finales de enero por arterias vacías; la gente pululando por el centro ya no estaba y los negocios que días antes bullían de actividad, debieron cerrar sus puertas. Todo esto en plena temporada alta de verano. Un mazazo para los intereses económicos y comerciales del pueblo; pero también para la idiosincrasia y forma de vida de nuestra comunidad. Y esto en medio de un temporal inusual para esta época del año. La verdad es que llueve sobre mojado.

Pero más allá de repartir culpas y entender que, tal vez, la medida era necesaria para resguardar la salud de la población; la desolación en las calles marca el peak de una crisis que en Pucón va más allá del confinamiento. Esto, porque si bien se entiende que nuestra principal industria es el turismo y, prácticamente, vivimos de eso; también entendemos que el recurso se debe cuidar y evitar una sobreexplotación que nos puede llevar a una crisis más que permanente. Una crisis terminal.

Y lo anterior se marcó en los últimos días con el informe liberado por Contraloría que revela una serie de irregularidades y desorden en el control del desarrollo inmobiliario en el borde del lago. Y de ahí surgen una serie de interrogantes en torno a la labor de nuestras autoridades políticas y técnicas. ¿Fue inoperancia, negligencia o falta de recursos lo que hizo que no se fiscalizara o hubo algo más? Es necesario responder este tipo de interrogantes con investigaciones administrativas o penales claras y prístinas para acallar rápidamente todo tipo de dudas y poder restablecer las confianzas tan necesarias a la hora de reactivarnos.

Pero más que eso necesitamos, además, voces claras y dispuestas para visualizar el problema (que ya se conoce), hacer un diagnóstico certero; pero también dar una visión clara de lo que Pucón necesita para los próximos 30 ó 40 años. Porque claro está, hay mucho daño ya hecho por el crecimiento y desarrollo desordenado; pero si queremos sobrevivir, es necesario proyectarnos en el tiempo, establecer nortes y definir el camino. Y en tiempo de elecciones se requieren este tipo de voces más allá de hacer promesas sin sentido y sin fondo para acarrear agua (y votos) para el molino propio. Es de esperar que en este tiempo de cuarentena y encierro se den los momentos para analizar el presente y proyectar el futuro. Pucón necesita liderazgos renovados que tengan esta capacidad. La pregunta, ahora, no es menor ni fácil de contestar: ¿dónde están?