La dramática historia que se escondía tras el incendio en el pasaje Manuel Araya

Alcohol, drogas, problemas mentales, abusos sexuales, prostitución forzada e insalubridad eran algunos de los elementos que terminaron en una tragedia de la que los vecinos alertaron, pero que pareciera que nadie escuchó.

Por Francisca Jarpa P.

CASAS.- En total fueron tres las casas que resultaron con daños en el incendio generado en el Pasaje Manuel Araya el pasado 20 de febrero. Hay una persona que resultó con heridas de gravedad.

El pasado 20 de febrero las alarmas de los bomberos locales saltaron por una emergencia. Las llamas nuevamente amenazaban las viviendas de puconinos. Pero esta vez, el incendio en el pasaje Manuel Araya a la altura de Variante Internacional con Ansorena dejó al descubierto una historia que, según los vecinos y testigos, incluía exceso de alcohol, violencia y abusos. Y que varios intentaron denunciar en reiteradas ocasiones, algunos a la municipalidad, otros al departamento social o fiscalía y hasta se habló directamente con el alcalde. Pero ninguno tuvo suerte. 

Algunos de los vecinos de la Población Francisco Valdés  cuentan que en los últimos cinco años, en la casa siniestrada se vivía una especie de “pequeño infierno”. Gritos, peleas, violencia intrafamiliar, alcohol, drogas y prostitución forzada eran algunos de los elementos que llamaban la atención. El incendio, para varios intencional, fue lo último. O la gota que rebasó un vaso que estaba demasiado lleno.

El día del incendio, todo comenzó a las 15:50 hrs. Las llamas rápidamente abrazaron la casa donde todo partió y se extendieron por otros tres domicilios aledaños que quedaron con daños de diferente consideración. El siniestro dejó a un hombre de 50 años a quien se identificará en esta historia como “T” con quemaduras graves y en riesgo vital (se recupera en Santiago). También había una mujer con rasgos esquizofrénicos, a quien se le identificará como “C”. Según los vecinos, ella sería la culpable de provocar el siniestro. 

Según relatan algunos conocedores de la historia, quienes prefieren contar los hechos desde el anonimato, la mujer varias veces gritaba para que alguien viniera a socorrerla. ¿El motivo? Al parecer “T” abusaba de ella, y fue algo que —según los testigos— no solo pasó una vez. “C” habría sido víctima en reiteradas ocasiones de abuso. Según los testigos, “T” invitaba amigos y cobraba para que mantuvieran relaciones sexuales con la mujer. Además los “invitados” traían a la casa alcohol y otro tipo de sustancias que terminaban por desencadenar aún más el caos.

El pasaje donde estaba ubicada la casa es pequeño. Quienes viven ahí, en su mayoría, se conocen desde hace mucho tiempo. Así lo comenta uno de ellos, Carlos Gallardo. “Lo peor era cuando hacían fiestas. El griterío y el ruido generado por las largas jornadas de parranda eran un verdadero dolor de cabeza. Aparte, como no tenían luz ni agua sus necesidades las hacían en el patio y esos días de calor extremo en el verano, el olor que se levantaba era insoportable”, recuerda y agrega: “Muchas veces la mujer gritaba que estaban abusando de ella, pero cuando llegaba Carabineros, ‘C’ desmentía todo, terminaba por defenderlo y todo quedaba en nada”. 

Ximena Colipe, quien trabaja en la panadería el Volcán, contaba que varias veces vio a “C” pedir plata afuera de su tienda. Según trabajadores de la amasandería, era el mismo “T” quien la obligaba a mendigar limosna. “Después de al frente le pegaba un chiflido para pedirle la plata y si no se la pasaba le tiraba el pelo o le pegaba, eso yo lo vi con mis propios ojos, le llamé la atención varias veces hasta hice una denuncia a Fiscalía para que pusieran cartas en el asunto, pero ninguna respuesta”, enfatiza Ximena Colipe. 

Según los testimonios y los registros, la casa fue construida por hermanas misioneras católicas en los años ‘80 para un grupo de hombres jóvenes que tenían hijos y esposas. Los padres, una vez muertos, les heredaron la vivienda a sus hijos. Eran cinco hermanos, quienes vivieron en el domicilio durante cinco años, pero finalmente, a lo largo del tiempo, solo uno permaneció ahí, “T”, un hombre alcohólico que le brindó varias molestias a quienes vivían en el pasaje. 

El mismo Carlos Gallardo dice que fue a fiscalía junto con otros vecinos a denunciar estos hechos. “En el año 2017 fue la primera denuncia que hicimos por desórdenes, luego, en el 2018, el caso llegó al concejo municipal, pero no solucionaron nada. Fuimos a fiscalía, Carabineros y hasta por redes sociales denunciamos lo intentamos difundir. Finalmente, no recibimos ninguna solución y se llegó al resultado que todos temíamos, la casa se incendió y afectó a dos domicilios más”. 

Actualmente Gallardo vive con familiares debido a que su casa se quemó y la molestia por parte de vecinos, quienes siempre temieron que pasara lo peor, sigue vigente. Pese a las denuncias, pasó lo que todos temían. Pero parece que le importó solo a los vecinos de la casa.