Opinión
El naufragio de los fondos más conservadores
*Por Enrique Atudillo Gaete
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Muchos cotizantes eligieron el fondo E porque lo consideraban una alternativa más segura para proteger sus ahorros previsionales. Por eso preocupa su caída real de 10,39% entre enero y septiembre de 2026. En términos simples, esto significa que los ahorros perdieron poder adquisitivo, incluso después de descontar la inflación.
Pero ¿cómo puede perder dinero el fondo más conservador?
La respuesta es que menos riesgo no significa ausencia de riesgo. El fondo E invierte principalmente en instrumentos de deuda, como los bonos. Cuando aparecen nuevas emisiones que ofrecen mejores intereses, los bonos antiguos pueden perder valor. Es decir, aunque una inversión parezca segura, su precio puede bajar.
A esto se suma el uso de instrumentos financieros llamados derivados, cuyo resultado depende, entre otros factores, de los movimientos de las tasas de interés. En 2025, el Banco Central advirtió que los fondos previsionales habían aumentado su sensibilidad a estas tasas mediante dichos instrumentos. En otras palabras, un movimiento desfavorable del mercado podía provocar pérdidas mayores.
¿Por qué antes parecía diferente?
Para entenderlo, hay que mirar la historia del sistema previsional. Inicialmente, cada AFP administraba una cartera común de inversiones. Las ganancias de algunas podían compensar las pérdidas de otras, aunque si el resultado final era negativo, los afiliados también se veían afectados.
En 2002, durante el gobierno de Ricardo Lagos, se crearon los cinco multifondos: A, B, C, D y E. Cada uno tiene una estrategia de inversión y un nivel de riesgo diferente. Desde entonces, las ganancias de un fondo no compensan las pérdidas de otro.
Esto ayuda a entender por qué hoy los resultados pueden ser tan distintos entre quienes están en diferentes fondos. Sin embargo, no podemos asegurar que el sistema anterior habría evitado la caída actual: todo depende de las inversiones que se hubieran realizado.
Una rentabilidad positiva no garantiza una recuperación a tiempo
Pese a las pérdidas recientes, el fondo E registra una rentabilidad real promedio anual de entre 2,5% y 3% desde septiembre de 2002 hasta septiembre de 2026. Pero hay un punto fundamental: un buen promedio histórico no garantiza que los ahorros se recuperen cuando una persona necesita jubilarse.
Para quien está cerca de pensionarse, una caída importante puede tener consecuencias especialmente difíciles, porque queda menos tiempo para recuperar lo perdido.
A esto se suma la apertura de procesos sancionatorios por posibles incumplimientos en las inversiones de los fondos D y E, según informó la prensa. Las responsabilidades deberán determinarse mediante las investigaciones correspondientes.
Mientras tanto, los afiliados merecen respuestas claras a preguntas básicas: ¿por qué se asumieron esos riesgos? ¿Eran adecuados para fondos considerados conservadores? ¿Se actuó oportunamente para proteger los ahorros?
¿Qué cambios se han impulsado?
Con el paso del tiempo se han introducido medidas para regular el sistema y reducir algunas distorsiones. Entre ellas se encuentran el aumento de los plazos para cambiarse de fondo, mayores exigencias para los asesores previsionales y mecanismos de asignación automática según la edad.
Estas medidas buscan, entre otros objetivos, evitar decisiones apresuradas ante las variaciones del mercado y proteger los ahorros de quienes están más cerca de jubilarse.
Otro cambio importante será la llegada de los fondos generacionales, prevista para el 1 de abril de 2027, que reemplazarán el actual esquema de cinco multifondos. La idea es que la estrategia de inversión se ajuste a la generación de cada afiliado y a su horizonte previsional, sin que tenga que elegir activamente entre distintos fondos.
El problema de fondo: la confianza
El fondo E no era simplemente una alternativa de inversión. Para muchos cotizantes representaba una forma de resguardar el dinero acumulado durante décadas de trabajo, especialmente cuando ya no queda tiempo suficiente para esperar una recuperación del mercado.
Por eso, lo ocurrido va más allá de las cifras negativas. También pone a prueba la confianza en el sistema previsional y en la capacidad de proteger los ahorros de quienes dependen de ellos para vivir durante su jubilación.
Cuando las pérdidas recaen directamente sobre los trabajadores, es legítimo exigir explicaciones, transparencia y responsabilidades, si corresponde. El dinero que los chilenos acumulan con años de esfuerzo debe administrarse con el máximo rigor y responsabilidad.
La ciudadanía necesita información clara, respuestas oportunas y autoridades que cumplan su deber de fiscalización. Porque detrás de cada cifra hay personas, familias y una vida entera de trabajo.

*Enrique Astudillo Gaete contador auditor y gestor y elaborador de programas de participación y desarrollo comunitario.
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