Secreto en la frontera: las últimas horas de Néstor Fernández, el argentino de Quelhue que falleció mutilado

La Voz… pudo reconstruir los días finales del hombre que terminó con sus genitales cercenados. Hablan sus amigos y quienes lo conocieron. Estaba montando un taller para trabajar en fierros, se interesaba en la cultura mapuche. La semana previa al fatal hecho estuvo marcada por una profunda crisis de carácter psiquiátrico.

Néstor Fernández en una imagen que lo muestra mientras trabajaba en su taller.

“Estoy solo. No quiero que se culpe a nadie”. Solo eso escucharon quienes le preguntaron a Néstor Ariel Fernández (52) sobre qué le había sucedido la mañana de ese martes 4 de junio. El hombre estaba grave, aunque consciente, en una camilla del hospital de Pucón. Y los doctores estaban tratando de estabilizarlo para trasladarlo a Temuco. Sus heridas en la zona genital lo tenían con hemorragia, y las alarmas de Carabineros estaban disparadas. ¿Qué hacía un hombre argentino semidesnudo tirado en la ruta, a 20 kilómetros de la aduana con su pene y testículos cortados? Se abría una especie de puzle policial que con los días se fue acrecentando y que, por cierto, saltó a los medios de prensa regionales y nacionales. Y, aunque los detalles finos de la historia Fernández se los guardó hasta su muerte; no ha sido tan complejo rearmar las últimos días del hombre. Todo apunta, por cierto, a un profundo cuadro psicopático no tratado que lo llevó a ese duro final en el que no pudo superar los efectos de las heridas y falleció el 14 de junio en una cama del hospital regional de Temuco y en un país que no lo vio nacer.

Néstor Ariel Fernández llegó a Chile en noviembre de 2018. Al menos, en eso concuerdan todos los que lo conocieron y compartieron con él. Venía con una idea fija: establecerse en Pucón y montar su negocio artesanal e industrial en fierro. Como muchos otros que han llegado a esta tierra, vendió todo lo que tenía en Junín de los Andes, Argentina, y buscó el ideario de la mezcla entre tranquilidad y buenas expectativas económicas que entrega la zona. Y para eso decidió comprar un terreno pequeño en Quelhue. A pocos metros de la Feria Kui Kui. Ahí comenzó su proyecto de levantar un taller. Y para ello compró una moderna camioneta Toyota Hilux y comenzó a edificar.

“Yo le construí el taller. Trajo sus máquinas de la Argentina. El hombre era espectacular. Acá en la Feria Kui Kui lo adoraban”, recuerda Manuel Pozo, artesano de la zona, vecino de Fernández y, a la larga, parte de un grupo cercano de tres o cuatro personas con los que, el ahora fallecido, compartía labores y también veladas donde los asados y el karaoke era parte de la escena (“Le gustaba cantar como Arjona”, recuerda otro de los amigos). A este grupo, Fernández denominó como “la banda del argentino”.

Todos los consultados por La Voz…, concuerdan que Fernández era un tipo abierto a la buena conversación, atento y preocupado de insertarse en la comunidad. Así las cosas, no pasó mucho tiempo para que comenzara a relacionarse con los propios dirigentes mapuches del sector. Y eso es algo no siempre tan fácil. Una persona que solicitó anonimato para este reportaje recuerda que a Fernández le causaba admiración lo empoderado que estaban en Chile las comunidades indígenas. Y de hecho, en alguna oportunidad planteó ser una especie de nexo entre los mapuches de Quelhue y las comunidades de Junín de los Andes, las que según él, estaban debilitadas en comparación a las chilenas. También planeaba poder enseñar su oficio a los jóvenes de Quelhue. Es decir, y según los testimonios que pudo recoger este medio, en los pocos meses que Néstor Fernández estuvo en Chile, pudo ganarse la confianza —y hasta el aprecio— de sus vecinos. Y también le dio trabajo a dos personas del lugar.

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“Se acabaron los whashington”

La última vez que la “banda del argentino” se reunió para degustar un asado, fue el domingo 26 de mayo. Ese día, los hombres compartieron unos vasos de vino, la carne, contaron anécdotas y finalizaron la jornada sin ninguna complicación. Pero las horas de agonía estarían cerca de comenzar. “El lunes llegó raro. Él tenía antecedentes psiquiátricos. Y esto lo supe después por la hija. Él fue testigo de un homicidio (en 2007 en Junín de los Andes). Y la hija me dice que todo eso le afectó. Y que de ahí tuvo crisis en argentina, pero nunca al extremo de lo que sucedió ahora”, cuenta Manuel Pozo.

Parte del grupo de amigos que compartía con Fernández (el segundo de izquierda a derecha) y que se hacían llamar “la banda del argentino”.

Los amigos atribuyen el inicio de esta última crisis porque la plata que Fernández tenía para invertir se estaba terminando. El hombre compró un terreno, una camioneta, herramientas, arrendó una casa en Los Jardines del Claro, tenía a dos empleados; pero había un problema. No podía darle curso a su emprendimiento porque sus papeles de ciudadanía estaban retrasados y sin ellos no podía cerrar el trámite de la instalación de la energía trifásica en el local, clave para arrancar la maquinaria que trajo desde su país para trabajar. Así las cosas, sólo pudo realizar algunas labores menores. “Se acabaron los whashington (dólares)”, le confidenció a sus cercanos. A eso, hay que sumarle el robo de algunas de sus herramientas más pequeñas que sufrió semanas antes. O sea, el panorama en ese ámbito se volvió más que difícil.

Su última semana de vida fue compleja, según los que lo vieron; pero la crisis más dura comenzó el viernes. Y hay registros formales de ello. Los dueños de la casa que arrendaba en Los Jardines del Claro, llamaron a Carabineros por el comportamiento extraño de Néstor. El informe de los policías que llegaron ese día dice que el hombre presentaba signos de alteración y que tenía un corte en su muñeca derecha. Pese a que los carabineros se ofrecieron llevarlo al hospital, Fernández se negó a eso; aunque luego llegó al centro asistencial por sus propios medios. La atención está registrada a las 22:41 del viernes 31 de mayo y pese a la herida lineal en la muñeca, el hombre no quiso que lo intervinieran o lo suturaran. El documento de atención hospitalaria concluye que Néstor Ariel Fernández estaba bajo los efectos del alcohol.

El sábado, sus amigos se percataron que la camioneta Hilux estaba en el terreno de Quelhue, las llaves estaban puestas, el celular en el taller y la reja que cerraba el acceso por el suelo. Esas señales llevaron a que sus cercanos se preocuparan y fueran hasta la casa: “Entré y lo vi sentado en la cama. Estaba mal. Estaba fumando y tiritaba. Ya no nos reconocía a nosotros. Lo abracé le dije ‘hermano qué pasa’ y me dijo ‘quiero estar solo, quiero estar solo’”. Pero su amigo Manuel Pozo no lo dejó solo y se lo llevó a su casa (a la de Pozo). Ahí, recuerda que le dio de comer y lo acomodó en un sillón al lado de la estufa para que durmiera y se relajara. Se alimentó y tomó bebidas de fantasía. El tema es que la tranquilidad duró hasta la madrugada del domingo. A eso de las 2:30 de la mañana, Néstor Fernández quiso irse. Nadie lo pudo contener y, pese a que las incoherencias de sus palabras evidenciaban que su estado seguía siendo complejo; no quedó otra que llevarlo hasta la vivienda de Los Jardines: “Teníamos la esperanza que al otro día llegara bien”.

El domingo la cosa se puso peor. Pozo, junto a su esposa, decidieron ir a darle unos mates y que tomara desayuno. Pero cuando llegaron, Néstor Fernández los recibió mal. “Quise abrir la puerta y me tira un palo de leña desde adentro. Sentí un golpe fuerte. Y empieza a gritar ‘váyanse de aquí milicos de mierda’. Gritaba y tiraba cosas. Yo cerré la puerta y le dije a mi señora que Néstor estaba muy agresivo para que nos fuéramos”, recuerda el amigo.

Los dueños de la casa también se alertaron y llamaron nuevamente a Carabineros. Pero la policía no pudo hacer mucho. Fernández no estaba cometiendo delito alguno. Solo quería que lo dejaran solo. Y así se quedó.

 

Las horas finales

Los amigos dicen que lo fueron a ver el domingo en la noche. Y los tranquilizó verlo desde fuera de la casa, ya que estaba comiendo. Y esa fue la última vez que sus cercanos lo divisaron. Porque el lunes, ya se le perdió la pista. La Sección de Investigaciones Especiales (SIP) de Carabineros por ahora maneja algunos datos sobre lo que habría pasado el lunes. Según las fuentes consultadas, hay un testimonio de una persona que dice que lo vio subir a un bus con destino a Curarrehue la tarde de ese día. Si bien, ese testimonio aún no está confirmado, es probable que de esa forma haya llegado el pueblo fronterizo. Sobre el cómo llegó desde ese lugar hasta la zona donde lo encontraron (a 20 kilómetros de la aduana chilena) hasta ahora es un misterio.

Sobre el cómo lo hallaron, el parte policial señala que el hombre fue ubicado por un funcionario de Vialidad que recorría la ruta. Éste, al darse cuenta que el bulto encontrado a un costado del camino era una persona, llamó a Carabineros. La policía relata así el momento en que ellos dieron con Fernández. “Recorriendo la ruta CH-199 y a la altura del kilómetro 130 en el sector Puesco, personal de Carabineros antes mencionado a las 07:25 horas, sorprendió en la vía pública en el costado sur del centro de la calzada, una persona de sexo masculina, viva y consciente, identificada como Néstor Ariel Fernández, Argentino, se ignoran más antecedentes ya que esta persona producto del dolor no podía mencionarlos”, se lee en el parte policial, el que agrega: “Presentaba evidentes lesiones de castración y lesión en su antebrazo derecho y por motivo de no tener señal radial ni telefónica con ningún servicio de emergencia, se trasladó en el vehículo policial al lesionado al consultorio local de Curarrehue”.

El parte agrega que una vez que llegaron al vecino pueblo fronterizo y cuando le consultaron a Fernández por el origen de sus lesiones, el argentino solo respondió que vería su caso sin la participación de carabineros y que solo lo dejaran en la asistencia pública.

Una vez informado el fiscal jefe de Pucón, Jorge Calderara, éste emitió una orden de investigar a la SIP. Con ella, un equipo de esa unidad de carabineros subió a la cordillera para fijar el sitio del suceso y buscar evidencia. Y no tardaron en encontrarla. A un kilómetro hacia la aduana desde donde fue encontrado, los efectivos hallaron la evidencia de la castración. Los restos orgánicos estaban sobre un sombrero, que horas después se confirmaría que pertenecía a Fernández. Del cuchillo o de lo que lo pudo lesionar, hasta el cierre de esta edición, no se sabía.

De acuerdo a los datos recopilados por La Voz…, hasta ahora la policía no tiene ninguna evidencia que indique la participación de terceros en el hecho. Las pistas —más lo indicado por los doctores— apuntan a que Fernández pudo ser víctima de un brote psicótico que lo empujó a la extrema decisión de autoinfringirse la lesión. Las cosas encontradas en la casa de Los Jardines del Claro refuerzan la posición. La mesa del argentino estaba llena de restos de cigarros, una botella de licor de marca “8 hermanos”, medicamentos y varias latas de Red Bull. Sobre las teorías que poblaron las redes sociales luego del fallecimiento, las que hablaban de posibles venganzas, abusos y un sin fin de hipótesis sangrientas; hasta ahora no hay nada que pueda, al menos, abrir una línea investigativa en esa dirección.

Mientras, los amigos y cercanos a Fernández, lo recuerdan con evidentes muestras de aprecio y, según ellos mismos contaron, transmitieron las vivencias del hombre a las dos hijas que vinieron a hacer los trámites para retirar el cuerpo, cremarlo y cruzar la cordillera. Ellas también aportaron datos. Como por ejemplo, que en el país vecino, el hombre sufrió algunos problemas psiquiátricos, sobre todo luego de ser testigo de un crimen en 2007. Incluso que se medicaba, aunque nadie puede asegurar en Chile que Néstor Fernández siguió con el eventual tratamiento.

De su paso por el país quedan los recuerdos, una investigación aún abierta y los detalles íntimos de los minutos previos a la mutilación aún sin clarificarse. Sobre lo que pasó por su cabeza en ese momento clave es un secreto que el hombre se llevó a la otra vida. Por ahora, la “banda del argentino” ya no será la misma. El fundador no está más.