Editorial
Plan de Descontaminación
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Por fin el Plan de Descontaminación del lago Villarrica es una realidad. La publicación del decreto en el Diario Oficial marca el término de un proceso que se extendió por casi una década y que comenzó mucho antes, con la norma secundaria de calidad de las aguas de 2013 y la declaración de saturación del lago en 2017. Han pasado demasiados años desde que la degradación del principal patrimonio natural de la zona dejó de ser una advertencia para convertirse en una evidencia visible cada verano, con la proliferación de algas durante los días de mayor temperatura.
Sin embargo, el decreto no representa el punto de llegada, sino el verdadero punto de partida. Como señalaron las autoridades durante la ceremonia realizada en el Centro Cultural Liquen de Villarrica, el desafío recién comienza. La meta es ambiciosa: recuperar, en un plazo de 15 años, la calidad que el lago tenía a comienzos de este siglo. Alcanzarla exigirá voluntad política, recursos económicos y una coordinación que deberá mantenerse mucho más allá de los gobiernos de turno.
Las medidas contempladas en el plan son de gran envergadura: reforestar 2.000 hectáreas de la cuenca, construir infraestructura sanitaria, ampliar las conexiones a alcantarillado, fortalecer el monitoreo permanente de las aguas y reducir los aportes de nutrientes provenientes de distintas actividades productivas. El propio decreto estima un costo cercano a los US$56 millones, aunque diversos especialistas advierten que la cifra podría acercarse a los US$100 millones. Más del 60% de esa inversión recaerá en el sector privado, especialmente en aquellas actividades que deberán adecuar sus procesos para cumplir las nuevas exigencias ambientales.
El desafío, por tanto, ya no es aprobar un plan, sino hacerlo realidad. Las actuales y futuras autoridades deberán comprender que recuperar el lago Villarrica no puede seguir postergándose y que proyectos largamente esperados, como la planta de tratamiento de aguas servidas de Curarrehue, requieren prioridad y financiamiento. Del mismo modo, el sector privado debe asumir que generar riqueza también implica proteger el patrimonio natural que hace posible gran parte del desarrollo económico de la zona.
El éxito del Plan de Descontaminación no se medirá por la publicación de un decreto, sino por la capacidad de transformar compromisos en obras y resultados concretos. Si dentro de quince años el lago Villarrica recupera la calidad de sus aguas, no solo habremos protegido un ecosistema invaluable. También habremos demostrado que el desarrollo económico y la protección del medio ambiente no son objetivos opuestos, sino condiciones inseparables para construir un futuro sostenible.
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