Después del Covid y los que solo quieren ver arder el mundo

*Por Rodrigo Vergara

No sabemos aún si lo que estamos viviendo como país en relaciones a la cantidad de gente infectada con el coronavirus es el famoso peak que muchos esperamos a que suceda y no sea tan maldito como en España (28 mil muertos) o Italia (34 mil fallecidos). Pero como sea, ese famoso pico en algún momento llegará (si es que ya no llegó) y luego vendrá un declive que nos permitirá ver algo de luz en esta crisis tan compleja y profunda que nos toca vivir como país y humanidad. 

Entonces, el tema es qué vamos a hacer cuando esto pase. Eso, porque la crisis encontró a Chile en un momento complejo con entendibles demandas sociales que, lamentablemente, confluyeron en una pequeña revolución violenta liderada por una sector político radicalizado que pareciera que (parafraseando a Michael Caine en Batman) solo quiere ver arder al mundo. 

Si el camino que viene será el del fuego, el saqueo y la violencia será mejor que nos despidamos de nuestras ansias de un mejor país. Ese país no vendrá. Por el contrario, y tal como ha pasado siempre que nos enfrentamos a tragedia, la ruta será la del trabajo duro y la seriedad; es probable que podamos salir de ésta. Y, mejor aún, salir fortalecidos como país y comunidad.

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Además, Chile tiene trazada una hoja de ruta clara que incluye plebiscitos para decidir si queremos una nueva Constitución, el mecanismo y, si ésta se materializa; también podemos decidir si nos gusta o no. Además, viene un nutrido calendario eleccionario en el que podremos elegir alcaldes, concejales, parlamentarios, cores y —si el plebiscito lo determina— personas que redacten la nueva carta magna. Es decir, como están las cosas, no existe una vía validada para la violencia.

Entonces, los amantes del fuego, el saqueo y la destrucción tendrán que esperar (ojalá que cientos de años) para salir a su vorágine destructiva. Y el llamado para todos los actores locales y nacionales es a ser claros: repudiar y rechazar totalmente la violencia. Sin matices, sin peros. No darle sustento moral, ni justificación alguna. Los intereses políticos particulares que se beneficien de ella, tendrán que ser sometidos al bien común. Porque de eso se trata, que podamos tener las condiciones necesarias todos por igual para desarrollarnos de acuerdo a las capacidades e ideas de cada uno. El resto es música. El resto es demagogia.   

*Rodrigo Vergara es periodista y editor periodístico de La Voz de Pucón.