Los responsables del papelón

En los últimos días y horas hemos sido testigos de un lamentable espectáculo y una lección de “cómo no hacer política con la gente”. Se trata de la planificación (si es que se le puede llamar así) del eclipse del próximo 14 de diciembre. Y eso, porque pese a tener a lo menos seis meses en los que ya se vislumbraba un escenario como el que vivimos, se lanzan medidas improvisadas, señales equívocas y todo a contramano de lo que el sentido común y la misma comunidad local plantea formalmente: evitar que se desfonde el acceso a la zona y despotenciar, en la medida del máximo posible, la posibilidad de generar brotes de Covid-19 que nos podrían llevar a una fatídica cuarentena de verano.

Pero para emitir una editorial con algo de seriedad, habría que mirar el contexto de lo sucedido y cómo se ha venido generando en el tiempo. Esto, porque si hilamos fino, la poca prolijidad del gobierno para tratar el tema se ha visto potenciada con una serie de actitudes de actores relevantes. Y la verdad, es que de alguna forma u otra, hay más responsables de lo que está sucediendo. Primero, la autoridad local que pareciera ser que siempre esperó que las soluciones vinieran del Ejecutivo y que cayeran en Pucón como por arte de magia. Lo planteamos en espacios como estos y en los programas que nuestro medio realiza periódicamente en Facebook Live, pero nunca se tomó en serio la posibilidad de proponer soluciones en agosto, septiembre u octubre; cuando estábamos a tiempo. 

Otro actor relevante con responsabilidad son los gremios locales; quienes si bien fueron los que generaron los protocolos de destino que estaban mirados también para el eclipse, se dieron cuenta algo tarde que el secreto de la fuerza estaba en la unidad y la participación. Luego de pasar una vida rascándose con las uñas propias y compitiendo entre ellos mismos, entendieron que la potencia de las acciones solo cobrará sentido cuando están juntos, tienen una comunidad de respaldo y saben usar las herramientas que dan los medios de comunicación.

La comunidad organizada también ha estado ausente. Las juntas de vecinos, las uniones comunales y una serie de organismos con poder y voz; esta vez parecieron ausentarse. Y esto no habla bien de ellos. La fuerza de la comunidad organizada mueve a los políticos.

Y también, los medios de comunicación, no obstante que hicimos grandes esfuerzos con editoriales, notas, entrevistas y preguntas, claramente no fue lo suficiente para visibilizar un problema evidente ya en en nuestro crudo y confinado invierno puconino. También tuvimos algo de responsabilidad en este papelón organizativo del eclipse.

Ahora solo resta esperar en la gracia divina que la desorganización e improvisación no nos pase la cuenta luego del evento y los contagios muevan a la autoridad sanitaria a decretar una cuarentena. O sea, si no se cumplieron en invierno o primavera, imaginemos a la gente encerrada un verano en Pucón. Que Dios nos encuentre confesados o que salga la vacuna luego y se acabe esta pesadilla llamada coronavirus.