El Villarrica, su amenaza, y algunas ideas de como concientizar

* Por Cristian Farías
La imagen es una de las más elocuentes de la erupción de 1971. (Gentileza W. Keller).

Cuando hablamos de volcanes en Chile, hay ciertas cosas que sabemos de memoria. Y así como Gary Linecker dijo que el fútbol es un deporte muy sencillo, donde 22 personas corren detrás de un balón, y al final los alemanes ganan,  nosotros podemos decir que en el volcanismo chileno una de las pocas certezas que podemos tener es que el Villarrica es, fue, y será un volcán tremendamente activo, y que vamos a seguir viendo erupciones de él. Este volcán es bastante único en el país, ya que posee un conducto abierto, que tiene un lago de lava no muy lejos de la superficie, conteniendo diversos gases, que hacen que el volcán esté constantemente fumando. Pero esta misma característica lo hace bastante transparente antes de que vaya a hacer erupción, ya que entrega señales claras: el lago de lava queda más superficial, los fluidos se mueven más, y se ve un aumento en general de la cantidad y tamaño de los sismos que se generan en ese volcán.

En definitiva, el Villarrica es uno de los volcanes que más conocemos. De hecho, hasta entendemos bastante bien cuáles son sus peligros a nivel científico. Si es así, ¿por qué entonces no vemos eso reflejado en la forma en la cual se ha ido desarrollando la zona, casi como olvidándose de que existe un volcán?

Y es que resulta paradójico: en Pucón se  ofrece el servicio de ascenso al cráter del volcán como una atracción turística, donde los guías se preocupan de hablar del volcán durante todo el camino. Pero seguimos construyendo en el paso de lahares que lo son tan antiguos. Y resulta que hace poco menos de un mes salió a la luz (por decirlo de una forma) un estudio bastante caro que se realizó en Pucón y alrededores, para establecer el nivel de riesgo al que se enfrenta toda la población, tanto estable como flotante. ¿Sus conclusiones? Las obvias: que tenemos problemas serios, de los que hay que hacerse cargo hoy.

El Villarrica es un volcán que no suele ser muy explosivo, aunque sí suele mostrar lo que llamamos “fuentes de lava”, donde las explosiones levantan lava a varios cientos de metros. Ha habido varias erupciones bastante espectaculares en ese sentido, como las de 1964, 1971, y el 2015. Naturalmente, cuando esa cantidad de material incandescente cae encima de la nieve y el hielo que suelen cubrir al Villarrica, se generan flujos de agua, que empiezan a bajar por los cursos naturales del volcán, y empiezan a arrastrar todo lo que encuentren a su paso. Estos son los lahares, y en el Villarrica han incluso transportado rocas de más de 3 metros de diámetro en los últimos 100 años. Hablamos de una fuerza tremenda. Y estos lahares son los que arman la fuente de peligro principal del volcán. Así que en el estudio de riesgo se simuló un escenario como el de la erupción de 1971, cuyos resultados ya fueron largamente discutidos (ver serie de reportajes sobre el estudio). Esta erupción fue la última fuerte del volcán, y tuvo potentes aluviones volcánicos que terminaron con más de 10 muertos.

¿Qué pasaría si hoy ocurriera una erupción así? Simple: se destruirían muchas construcciones, y muy posiblemente moriría gente. El problema no es el volcán, si no que el aumento en la exposición de la zona alrededor de él (sobre todo Pucón). Nos hemos olvidado de lo que hace el volcán, y eso nos va a traer problemas serios.

¿Qué hacemos, entonces? ¡Comunicar! Es tremendamente importante que toda persona que esté en Pucón sepa lo que es un lahar, qué hace, y por qué puede ser dañino.Esto genera muchos anticuerpos, porque en general todavía existe la idea de que hablar de los peligros del volcán va a asustar a los turistas, que son cruciales en el desarrollo económico de la zona. Peron en toda crisis  hay oportunidades de desarrollo.

Lo primero es entender que la historia del volcán es fascinante, y digna de ser contada. Al ir contándola podemos también ayudar a concientizar sobre su “personalidad”, y entenderemos como se comporta. Esto se puede hacer a través del desarrollo del geoturismo, donde el conocimiento de la geología local puede dar un valor agregado a la experiencia turística. ¿Qué tal un tour de riesgo volcánico, donde en un trekking vayamos pasando desde zonas de menor riesgo a zonas de mayor riesgo? Entenderíamos, y sentiríamos, perfectamente lo que hace un lahar. Nos daríamos cuenta de su tamaño. ¿Y si hubiera rutas establecidas  para conocer la zona en función de lo que ha hecho el volcán, con hitos marcando su historia eruptiva? Puede haber muchas más ideas, claro, pero en todas ellas le damos una vuelta de tuerca a la situación: ya no le tenemos miedo al volcán, sino que comenzamos a aprender a vivir con él. Lo mismo se aplica con el mapa de peligro volcánico, ¡debería estar grande y visible en todos lados! Pero contando y honrando el patrimonio geológico que es el volcán Villarrica. Así iríamos disminuyendo la incertidumbre, lo que nos ayudaría a ir concientizando, ayudándonos a tomar buenas decisiones. Además, al concientizar efectivamente, de a poco vamos a ir dejando de dejar pasar el crecimiento descontrolado de la zona. Es una gran oportunidad, que aún no ha sido explotada a gran escala.

Hoy, Pucón se encuentra en un momento crucial de su historia: o corrige lo mal que ha hecho las cosas en términos de riesgo volcánico y comienza a plantearse en una ciudad modelo a nivel mundial,o terminará lamentando la muerte de varios de sus ciudadanos en el futuro. ¿Qué decisión tomará? Depende de todos.

* Cristian Farías es doctor en Geofísica de la Universidad de Bonn en Alemania, y además director del Departamento de Obras Civiles y Geología de la Universidad Católica de Temuco.