Violencia y poder

*Por Daniela García

¿Qué denunciamos cuando decimos violencia? Y ¿por qué debemos asumir la “NO VIOLENCIA” cómo una responsabilidad propia de una buena gestión?

En una sociedad cada vez más diversa, las formas de violencia han ido tomando nombre que, si bien su principal objetivo es visibilizar y darle un marco legal de denuncias, para la mayoría de nosotros el ejercicio de “etiquetar”  la palabra violencia no soluciona  de manera automática el problema de cómo distinguir una situación violenta.

Una definición de violencia es el uso, o amenaza de uso, de la fuerza con la finalidad de obtener de uno o varios individuos algo que no consienten.  Lo que se relaciona directamente con la definición de poder y el riesgo inminente de que el poder institucionalice y normalice la violencia. La estrecha y silente relación entre poder y violencia  nos permite ver la existencia de las violencias en plural, es decir, el fenómeno de la violencia cultural, estructural y directa. 

En Pucón no estamos exentos de dicha “violencia sistémica”. Como han sido las estructuras de clases, el colonialismo y el patriarcado, y más recientemente la explotación desmedida del territorio, el turismo de masas, y el descuido de las condiciones de vivienda de los más vulnerables. Pero también hemos visto una cultura de violencia manifiesta en acusaciones públicas en las más importantes instituciones locales, como son el municipio y los establecimientos educacionales. En ambos casos, las acusaciones son multidireccionales.

Esta violencia es una herida que tenemos como sociedad, donde la cultura del conflicto mal tratado ha cimentado valores y prácticas como la competitividad en detrimento de la colaboración; la acumulación de riqueza material por sobre la riqueza psicoemocional; el individuo sobre el colectivo y la fuerza en lugar del diálogo.

Entonces, ¿qué hacemos como gobierno local? A mi parecer debemos trabajar con férreo compromiso con la no-violencia. Por ejemplo, sabemos  que ha  habido un alza importante en las patologías mentales  y es sabido que su gran mayoría son de origen laboral, lo interesante es que uno de los factores de riesgo asociado a las patologías mentales es lo que se denomina liderazgo disfuncional. Esto nos da indicios claros de dónde debemos empezar a trabajar: todas las personas en cargos de liderazgo debieran tener un mínimo de herramientas para manejar su poder, y demostrar con el ejemplo, altos estándares de respeto y empatía al prójimo. Así también como total compromiso con los procesos descritos para prevenir, denunciar y reparar la violencia.

Otro dato estudiado es que quienes tienen más vulnerabilidad laboral están más expuestos a vivir violencia en su trabajo, por lo que debemos poner más atención en ese segmento y en especial a las mujeres de dicho segmento. Las organizaciones no son neutrales al género, la violencia hacia las mujeres es un problema de gran magnitud, donde el factor de riesgo es el puro hecho de ser mujer. 

Otra acción fundamental es, y cómo he solicitado en mi cargo de concejala, que se establezcan y perfeccionen reglamentos y protocolos  internos con enfoque multicultural y de género  para que todas las acusaciones sean debidamente procesadas. El cambio de foco hacia un trabajo sistémico sobre la cultura de violencia, es un paso necesario para poder avanzar seriamente hacia una comuna con buen vivir para todos.

*Daniela García es concejala independiente en Pucón.