El alma de Chile está muriendo

Estas semanas hemos visto en vivo y en directo lo que sucede en un país cuando se quiebra el tramado social y polarizan los sectores a partir de posiciones dogmáticas y te enfocas permanentemente en mantener tu parcela intacta en vez del  beneficio de vincularte con la otra para beneficio común.  

Lo lamentable es que mientras esto sucede cientos de miles de personas quedan sin trabajo, millones de dólares perdidos en infraestructura público y privada. Y lo más terrible, vidas perdidas en medio del vandalismo, del saqueo y de la violencia policial implementada para el control y resguardo del orden público. Más allá de perderse en las culpabilidades necesitamos ponernos de acuerdo estableciendo consensos útiles para salir de esta crisis social que nos asfixia como país.  

Hay que decirlo, nuestra clase política, la mejor pagada de la región y quizás del planeta, no ha dado el ancho y se han enfrascado en una polarización en directa proporción a la que sucede en las calles o en las ágoras de las redes sociales de la cual todos hemos sido parte. Resulta vergonzoso que  no podamos ver ya, con la urgente necesidad que hay, un acuerdo que atienda el fondo del malestar.   

Eso resulta incomprensible y hasta cruel para con aquellos que lo arriesgan todo frente a los vándalos que se aprovechan del movimiento social para delinquir.  Es una sociedad rehén de autoridades enfrascadas en una lucha fratricida con sus pares en vez de establecer puntos de encuentro para lograr matices que sean aceptables para la ciudadanía. 

Desde esta pequeña tribuna les exigimos a los políticos que cumplan la función por los cuales la legítima democracia —la que se ejerce con votos no con palos y piedras— los eligió. Los dotó de atribuciones y funciones que deben ser cumplidas con responsabilidad y con un sentido de urgencia porque, mientras el café se enfría en las tibias oficinas del congreso, en la calle el frío de la rebelión está comenzando a matar el alma de Chile y de los chilenos.