La democracia debe actualizarse

Todos hablan de representación y en tiempos de elecciones, de políticos nuevos (y no tan nuevos), todos presumen y se arrogan la representación de la gente.  Y esto es un axioma de la democracia indirecta: elegimos personas según nuestras visiones generales y ellos de alguna forma interpretan las voluntades populares a la hora de votar y representarnos. Esta es la lógica, en teoría, de la democracia en que vivimos, pero todos sabemos que nada funciona así. Hoy en día los políticos se presentan como representantes de todas las visiones a la vez, principalmente a la hora de las elecciones,  algo que sabemos es imposible de sostener en el tiempo pero que es muy funcional para  capturar volúmenes de votos en todos los sectores y visiones de la sociedad. 

Pero a la hora de ejercer la representación terminan decidiendo conforme a sus propias voluntades, intereses y compromisos. Eso es, en parte, uno de los pilares de la frustración popular y del desprestigio de la clase política. Pero esto no necesariamente debe ser así.

Desde esta sala de redacción creemos que es posible comenzar a hablar de nuevas instancias de ejercicio de gobierno representativo. La tecnología nos permite poder generar instancias de participación reales, no sólo con ese vago discurso de voluntarismo tradicional. Hablamos de acciones concretas que permitan cuantificar la opinión de los electores a la hora de tomar decisiones públicas. Herramientas tecnológicas hay en abundancia e, incluso, podríamos soñar con que cada voto cuente con el respaldo de sus electores. Eso, al menos, en materias relevantes y  de trascendencia para la comuna, región o el país.  

Creemos que es posible avanzar en esa dirección porque el mundo cambió y la democracia debe actualizarse.