¿Refundar Chile?

Septiembre se nos va y nos deja el sabor reciente de las empanadas, los terremotos, asados y todas esas cosas ricas que preparamos y consumimos para las Fiestas Patrias. Y en buena hora que así sea. Pero cuando entramos a la última semana del mes, es menester que nos tomemos el tiempo y reflexionemos unos párrafos sobre la significancia de ser chileno y el sentir de arraigo que tenemos con nuestra tierra.

Y lo anterior es natural. Los países y las naciones se construyen, más allá de nuestras diferencias, sobre cosas unitarias que nos congregan y en donde confluimos todos más allá de razas, etnias, dialectos, costumbres, clases sociales e, incluso, nuestras creencias religiosas. 

El punto es que en el último tiempo ha irrumpido fuertemente un sentir que pareciera ser contrario a todo esto que llamamos idiosincrasia. Se plantean, entre otras cosas, cambios tan profundos en elementos tan nuestros como la bandera, el himno o, incluso, el nombre del país. Y gran parte de estas corrientes han aparecido en algunos colectivos que participan de la Convención Constitucional. El aire refundacional pareciera ser la moda actual engendrada en el denominado “estallido social” de octubre de 2019; que irrumpió como un reclamo en contra de las desigualdades y que, más allá de la violencia, tuvo un efecto introspectivo en un país que parecía ser que caminaba estable sobre las bases de las libertades individuales.

Ahora desde esta redacción hacemos un llamado a no caer en “cantos de sirena” de quienes se creen representantes de la ciudadanía a la que denominan “pueblo”. Esto, porque ese “pueblo” es más diverso de lo que pareciera creen y, posiblemente, se sienta muy representado por emblemas que para algunos son obsoletos como la bandera o el himno. Si es cosa de ver el efecto que provocan los partidos de la selección o —en un ejemplo más cercano— el ráting (más de 30 puntos) que tuvo la última parada militar. Chile es un país hermoso en el que conviven diferentes culturas, etnias y pensamientos. No es necesario refundar o tirar por la borda todo lo hecho hasta acá. A la luz de los datos, los últimos 30 años fueron buenos.