Nuestra precariedad ante las emergencias climáticas

Sin dudas que este ha sido uno de los inviernos más crudos de los últimos años. Y eso es bueno, ya que ayuda a paliar el déficit de agua caída que nos golpea desde hace una década y que tiene como principal víctima nuestro amado lago Caburgua. Pero las inclemencias del tiempo tienen una cara un poco menos benigna.

Se trata de las complicaciones que año tras año vivimos con las lluvias, el viento, la nieve y, en verano, con las altas temperaturas. Caminos cortados, inundaciones, árboles caídos, largos cortes de luz y pérdida de conectividad en celulares son los principales efectos. Y la constante es temporada tras temporada sin cambios ni mejoras de ningún tipo. Y este año profundizada por el mal trabajo realizado por Vialidad. En realidad, no es un “mal trabajo”, sino que un “trabajo inexistente” que sufren cientos de familias que tienen que lidiar con caminos intransitables.

Si a lo anterior le sumamos la precariedad del servicio eléctrico en las zonas rurales, donde la más simple inclemencia produce largos cortes de energía que caen como cuchillada en las vidas de las familias de los sectores rurales de la comuna.

Con todo, creemos que es necesario buscar soluciones de fondo y prepararnos con anterioridad. Es necesario generar proyectos que posibiliten la inversión en caminos, podas e infraestructura eléctrica entre tantas otras necesidades. El invierno ya se va pronto llegará el verano. Con él, las altas temperaturas, la congestión por la temporada y tantas otras variables que es necesario observar y trabajar con anterioridad. Esperamos que en enero o febrero no debamos escribir una editorial similar, o peor, tengamos que lamentar una tragedia generada por elementos que eran posibles de mejorar y no se hizo.