Por esto y mucho más…

Por Ricardo Cortés O.

El plebiscito de este 4 de Septiembre nos pone frente a un contexto sin precedentes en la historia de nuestro país, la aprobación de la nueva Constitución significaría sin lugar a dudas el inicio de las grandes transformaciones exigidas por nuestro pueblo en las últimas decadas, que se catalizaron a partir del 18 de 0ctubre del 2019. 

La victoria en este plebiscito abrirá paso al fin de la transición política, iniciando de este modo un proceso de profunda democratización en los diversos espacios políticos, culturales, económicos y sociales, que nos permitan dejar atrás los abusos, las falencias de los mecanismos de participación ciudadana, enterrando de manera definitiva la constitución política de 1980 y la herencia de la dictadura cívico-militar.

La nueva Constitución indudablemente será un espacio de protección de los derechos humanos, en una sociedad que avanza hacia la construcción de un estado garante de derechos, un estado que proteja el bienestar social, reforzando su rol activo en el aseguramiento y protección de nuestros derechos fundamentales, que desplace de este modo al estado subsidiario y elimine la privatización y mercantilización de estos, que fomente la solidaridad y no la competencia.

Esta propuesta de nueva Constitución es con toda seguridad un reflejo de nuestra gran diversidad cultural y natural, una Constitución construida en un contexto único e histórico de participación democrática, con paridad de género y que por primera vez considera a los pueblos originarios y la naturaleza como protagonistas de la realidad social, en donde una de sus principales garantías de legitimidad del proceso y sus contenidos es el quórum de 2/3 que obligo a la articulación de acuerdos comunes y mayoritarios que garantizaron un texto para todas y todos los chilenos, en el cual se resguardan nuestros derechos humanos, en donde se consideran aspectos fundamentales como: el establecimiento de la salud como un derecho que incluye sus dimensiones físicas y mentales; que integra la accesibilidad universal, la inserción laboral y la participación política, económica, social y cultural de las personas en situación de discapacidad;  que integra el derecho a una vivienda digna y el fin de la especulación de suelos; el reconocimiento de la importancia del trabajo doméstico y los derechos de las y los cuidadores; que considera e incluye los derechos de la naturaleza, su protección y restauración; que establece el agua como un elemento indispensable para el desarrollo de la vida y su uso de manera racional, participativa y equitativa; el respeto por la diversidad cultural; que refuerza la participación, la fiscalización y la posibilidad de que los ciudadanos promuevan proyectos de ley; el establecimiento de un sistema político que avanza en el proceso de descentralización y autonomía territorial; una Constitución que impide el acceso a cargos públicos a personas condenadas por delitos sexuales, violencia intrafamiliar, corrupción o fraude al fisco y sobre todo que pone al centro la dignidad como un elemento trascendental e inalienable.

La nueva Constitución es el marco general para el desarrollo de un nuevo pacto social, estableciendo las obligaciones del estado con y para las personas, por lo mismo, se traduce en la esperanza de un nuevo Chile en donde todas y todos cabemos, un nuevo Chile en donde se reconocen y se respeten nuestros derechos, un nuevo Chile en donde el desarrollo económico alcance a la sociedad en su conjunto y no solo a un pequeño grupo de privilegiados.

Entonces, es fundamental que como chilenos nos otorguemos esta histórica oportunidad de avanzar en más y mejor democracia, en asegurar la protección de nuestros derechos y con la convicción de que vivir mejor es posible.

Por todo esto y mucho más, yo apruebo y lo haré feliz.