Crisis de confianza en Chile

*Por Emilio Ulloa B.

En el último tiempo hemos sido testigos de varios hechos que han causado un verdadero revuelo y que, sin duda, han ido quebrando la confianza de las personas en la denominada clase política nacional. Actos que fácilmente se podrían denominar como hechos deshonestos, vergonzosos e incomprensibles por parte de algunos representantes populares electos. 

Desde el concejal de San Pedro de la Paz quien en estado de ebriedad provocó un accidente automovilístico que pudo tener consecuencias fatales, hasta la incomprensible y repudiable mentira del constituyente que utilizó un falso diagnóstico de cáncer para lucrar social, económica y políticamente bajo la bandera de una realidad que año a año pacientes y familias sufren y luchan por ganarle la batalla a esta terrible enfermedad. Es en este contexto que muchos nos hacemos la legítima pregunta ¿es esta clase de gente que queremos para la nueva política que Chile necesita? 

Estos acontecimientos solo provocan una crisis de confianza y a la vez de deslegitiman un sistema político, el cual desde antes del denominado estallido social, viene evidenciando un quiebre en la confianza entre los ciudadanos y los actores de la política y esto, a su vez, termina provocando un intento fallido en reconstruir y fortalecer las instituciones públicas. Nuestro país atraviesa un delicado proceso de cambios políticos, los cuales piden mesura, sentido común y transparencia por parte de los representantes de la voluntad popular. Las demandas de la ciudadanía en cada una de las materias solo se podrán llevar adelante en la medida que los protagonistas sean conscientes de su rol y el grado de responsabilidad que trae aparejado sus respectivos cargos públicos ante la sociedad y que sus actos no pongan en riesgo la credibilidad institucional y, lo más importante, resguardar la tan preciada democracia. 

La política tiene muchas formas de interpretarse y definiciones. Algunos la describen como el arte de gobernar, otros la asemejan a una partida de ajedrez, lo que en cierta manera describe muy bien su esencia; sin embargo una definición simple y sencilla sería definirla como el arte de conducir los asuntos públicos y comunes. Es por esto que aquellos que aspiran a cargos públicos y logran ser elegidos deben asumir su liderazgo y estar a la altura de su rol, el cual sus resultados para bien o mal nos trae directas consecuencias. 

Tomar conciencia de esta crisis es fundamental, ya que por el proceso constitucional que estamos viviendo, hemos podido ver constantes confrontaciones y una evidente falta de claridad y liderazgo interno que provoca inevitablemente entorpecimiento en un proceso constituyente el cual recordemos que el 80% de los chilenos eligieron en el pasado plebiscito y en donde muchos ponen sus esperanzas para el chile del mañana. Lo cierto y evidente es que la ciudadanía demanda cambios urgentes para volver a creer en la política, pero para esto debe primar la responsabilidad y sobre todo la honestidad de hacer bien las cosas por el bien común. Es por esta razón que se debe comprender que tanto la política tradicional y la nueva convergen y se relacionan bajo un mismo fin, el cual se puede resumir en llegar a acuerdos que sobre todo tengan una conexión con las demandas de los chilenos de hoy y de los que vendrán. 

Por esta razón es tan importante que las personas que llevan adelante estos procesos sean líderes que comprendan su rol y sean prenda de garantía en materias de honestidad, probidad, responsabilidad y honestidad, ya que de lo contrario el remedio podría ser peor que la enfermedad y esto sin duda desataría una verdadera crisis institucional para nuestro país.

*Emilio Ulloa B. es consejero general de RN