Violencia política

Luego de las últimas votaciones presidenciales en las que pasaron a segunda vuelta los candidatos de la izquierda, Gabriel Boric y el de la derecha, José Antonio Kast; hemos visto día a día cómo se ha polarizado más el ambiente político nacional. Y eso se replica en las redes sociales en extremo, pero también en el mundo real. Y es natural que sea así tomando en cuenta el contexto en el que hemos estado desde el 18-O en que las posiciones ideológicas han avanzado hacia los extremos. Es decir, pareciera ser que Chile es un país más polarizado y menos tolerante.

Y ha llamado la atención algunos eventos ampliamente difundido por la prensa y la virtualidad de las redes. El primero, vimos al diputado electo Johannes Kaiser emitir una serie de comentarios de corte machista y, derechamente, misóginos; inaceptables en una sociedad moderna donde los derechos ganados por las mujeres con el correr de las décadas son incuestionables. El altercado, potenciado luego por una serie de comentarios en twitter del mismo personaje terminaron con él fuera del Partido Republicano y en extremo cuestionado en la previa de su asunción como diputado electo.

Otro evento que conocimos en la semana fue la funa al candidato José Antonio Kast en una barrio santiaguino y la agresión a una mujer embarazada, asesora del candidato de la derecha. Obviamente, en un contexto de democracia moderna, este tipo de hechos también son inaceptables para el desarrollo de ambientes de convivencia donde todos podamos interactuar en pos de lo que creemos correcto y de los ideales que nos mueven. Y, en ese sentido, la denominada “cultura de la funa” es algo que debe terminar en Chile. Y ni hablar de las agresiones físicas. Mucho menos a mujeres.

Esperamos que con el correr de los días las pasiones de la campaña tiendan a bajar y hacemos un llamado, desde esta pequeña redacción, a llevar el debate y el diálogo por las vías constituidas y diseñadas para eso. Da la impresión de que en ambos lados del espectro —en los extremos principalmente— hay personas con poco tino y promotoras de violencia verbal e, incluso, física. Es preponderante que los candidatos controlen a este tipo de personas y, más allá de eso, las puedan excluir de sus propuestas programáticas. Chile no soporta más violencia y, al parecer, tampoco la desea.